Emergencia por dengue: un sistema de salud que cruje
El brote de dengue es histórico en el país y se ha transformado en el tema central de la agenda sanitaria nacional. Aunque en ciudades como Pergamino se han multiplicado los casos, por su número no han llegado a tensionar sustantivamente el sistema de salud ni a condicionar la posibilidad...

El brote de dengue es histórico en el país y se ha transformado en el tema central de la agenda sanitaria nacional. Aunque en ciudades como Pergamino se han multiplicado los casos, por su número no han llegado a tensionar sustantivamente el sistema de salud ni a condicionar la posibilidad de respuesta. Pero a nivel país la situación es distinta y abruma por sus implicancias. El desborde de los sistemas de guardia muestra la cara preocupante por cuanto muchos dispositivos están trabajando al borde del colapso.
Si bien lo que ocurre en los grandes centros urbanos no siempre es extrapolable a otros distritos que por su dimensión organizan sus dispositivos de atención de otra manera, la lupa que ponen los medios de comunicación y lo que expresan los propios especialistas debe servir como termómetro para ir midiendo la temperatura de una situación de salud pública que debe seguirse con suma atención.
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También debe servir para reforzar las medidas de cuidado y entender que además de políticas públicas capaces de sostenerse en el tiempo, enfermedades como el dengue y otras arbovirosis son sumamente sensibles a otras variables y requieren de una enorme cuota de responsabilidad individual y cuidado colectivo.
Este brote sucede en el contexto de una profunda crisis social, en un momento del país en el que escasean las campañas públicas y en un presente en el que la mirada está puesta sobre otras urgencias.
Aunque para el diagnóstico del dengue existe una red nacional de laboratorios liderada por el Instituto Nacional de Enfermedades Virales Humanas "Doctor Julio Maiztegui" (Inevh), la crítica hoy no está dada por la falta de reactivos o cuestiones de esta naturaleza, atendiendo a que en cada lugar y de acuerdo a la dimensión de la emergencia sanitaria el diagnóstico ya no se hace por laboratorio sino por criterio clínico y nexo epidemiológico. El principal foco de atención está puesto en la atención de los pacientes. Y cuando se observa esta realidad quedan en evidencia falencias del sistema de salud que son estructurales: faltan médicos, falta personal de enfermería, crece la demanda y los laboratorios de los hospitales de los grandes centros urbanos no alcanzan a procesar muestras en los tiempos que requiere el seguimiento de pacientes que cursan la enfermedad con pautas de alarma indicativas de la progresión hacia formas más graves.
En este contexto, una vez más una situación sanitaria muestra el claroscuro de un sistema que cruje, que padece desde hace años las consecuencias de problemas estructurales que no termina de resolver. Ni la pandemia de Covid-19 sirvió para reforzar dispositivos de atención apropiados ni para reforzar equipos diezmados.
Hasta hace un tiempo el dengue era una enfermedad que afectaba solo a algunas geografías y ocasionaba brotes eventuales en otras zonas. Hoy ese mapa epidemiológico ha cambiado. Hay factores ambientales que condicionan, cuestiones demográficas que impactan y fenómenos migrantes que van estableciendo nuevas realidades que transforman a este tipo de enfermedades que no se irán por arte de magia, ni que estarán sujetas solo a variables climáticas. El escenario actual que impactó fuertemente por su virulencia, no es novedoso. Si es histórico por su dimensión, pero viene a señalar una realidad que ha llegado para quedarse y que por tal y como pasa con aquellas enfermedades que no son erradicables, porque el agente que las produce está presente en la naturaleza, se requerirá de más política pública, de más educación para la salud y de acciones que en el tiempo sostengan una lucha que hoy aparece bastante desigual.
Lamentablemente en el actual estado de cosas, hay condiciones de la propia vida de la población que no se condicen con las sugerencias de cuidado que imparten los referentes sanitarios. También existen condiciones del propio sistema de salud, que contradicen lo que resultaría esperable ante tamaña dimensión de emergencia.
Hay un contexto que por su precariedad real obtura la posibilidad de generar verdadera conciencia preventiva para evitar contagios; y en lo asistencial hay falencias que complican un correcto abordaje de los casos.
Sin adentrarse en análisis demasiado sofisticados ni definiciones epidemiológicas que quedan reservadas a los especialistas, alcanza con observar las colas interminables en las guardias de los hospitales de los principales conglomerados urbanos del país y mirar con atención el largo peregrinar de pacientes con síntomas compatibles con dengue a la espera de ser atendidos, para intuir que no se está transitando por la senda correcta, esa que resulta necesaria para convivir con situaciones epidemiológicas complejas sin el riesgo inminente de que el sistema de tanto crujir, por fin se quiebre y desborde con las implicancias que eso tiene en términos de salud colectiva.













