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El problema no es el Fondo sino de fondo

Si en un gesto de compasión, generosidad o impotencia, el FMI hubiera decidido perdonarnos las deudas, el actual Gobierno en seis meses volvería a estar empantanado en el mismo fango, porque no han sabido hacer otra cosa que endeudarse, emitir o cobrar impuestos como intentos de poner Argentina de pie...

29 de enero de 2022 a las 12:00 a. m.
El problema no es el Fondo sino de fondo

Si en un gesto de compasión, generosidad o impotencia, el FMI hubiera decidido perdonarnos las deudas, el actual Gobierno en seis meses volvería a estar empantanado en el mismo fango, porque no han sabido hacer otra cosa que endeudarse, emitir o cobrar impuestos como intentos de poner Argentina de pie

La deuda efectivamente es un problema serio, pero a nadie se le escapa que la deuda es una consecuencia de una economía que gasta más de lo que produce. La respuesta de fondo es esa: interna y relacionada con el funcionamiento del capitalismo en sociedades democráticas con estado de derecho. El Gobierno debe dar respuestas a estos desafíos. Transformar al FMI en "el cuco" de la película puede llegar a ser una buena excusa o un opinable negocio publicitario, pero no es una respuesta seria en el mundo real. Los problemas de los argentinos son responsabilidad de los argentinos. Basta de echarle la culpa de nuestras desgracias al imperialismo, a la sinarquía o al lobo feroz.

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Respecto de nuestra relación con el FMI, importa recordar que lo integramos desde 1956 y que hasta la fecha hemos firmado en sus diferentes modalidades alrededor de 27 acuerdos. El populismo debe de haber sido el que más adjetivos descalificativos empleó contra el FMI. Una verdadera y típica paradoja, porque casualmente el peronismo es la fuerza política que más acuerdos hizo con el detestable FMI. Muchos más que los radicales o los militares. Algunas otras aclaraciones son pertinentes: el FMI no es una sociedad de beneficencia; es una institución representativa del capitalismo globalizado creada después de la Segunda Guerra Mundial bajo los auspicios de las ideas keynesianas y con objetivos sociales que hoy nos animaríamos a calificar de progresistas. Los préstamos los otorga a sus socios y Argentina exhibe esa condición por decisión propia. Y no hay registro periodístico de que alguna vez un gobierno argentino haya planteado retirarse. Y no lo han hecho porque los gobiernos podrán ser nacionalistas, anti imperialistas, de derecha o de izquierda, liberales o conservadores, pero por lo general no son estúpidos. Retirarse de ese "club" más que un acto de soberanía nacional sería una estupidez o algo peor. Y ese algo peor ya lo conocemos: financiación externa a tasas usurarias, como la acordada por la gestión de Néstor Kirchmer con la Venezuela de Chávez en 2006, a una tasa que duplicaba la del FMI. O, peor aun: la refinanciación de deudas impagas con fondos buitre. O sea que el FMI no es una sociedad de beneficencia, pero tampoco un ávido y siniestro vampiro de Transilvania dedicado al ejercicio lujurioso de chuparle la sangre a los pobres pueblos del patio trasero que suelen darse gobernantes tan buenos y tan justos. Sus préstamos, que las naciones socias les solicitan sin que nadie les ponga un revólver en el pecho, hay que devolverlos, una pretensión legítima de cualquier prestamista.

Consideraciones históricas al margen, siempre es procedente arreglar con el FMI. Y si miramos el vaso medio lleno, las condiciones que implica ese arreglo no son otras que las que, aquí y en la Cochinchina, hacen a sanear una economía y hacerla sustentable. Son medidas archi sabidas por nuestros funcionarios, solo que parece que nunca es políticamente oportuno aplicarlas en nuestro país. Al menos así, cada tanto y forzadamente, viene "el doctor" y los gobernantes hunden el escalpelo y hacen la dolorosa cirugía mayor que necesita el enfermo.

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Acerca de la necesidad de ese arreglo ha habido un acuerdo entre el oficialismo y la oposición. Por lo menos de la boca para afuera todos dicen que es necesario arreglar. El debate en cuestión es en qué condiciones se arregla. Lo ideal es que el acuerdo esté respaldado por el oficialismo y la oposición. Es lo ideal y lo necesario, entre otras cosas porque cualquier acuerdo que se firme, sus consecuencias se extenderán más allá del período constitucional de un gobierno. El problema es que los argentinos siempre nos damos maña para no hacer lo ideal y necesario. 

Ahora otro recordatorio, estimado lector: la deuda del FMI no es toda la deuda argentina. Es más, apenas representa el 12 por ciento del total. Es una verdad por todos sabida que la Argentina hace rato que se viene endeudando. Sin ir más lejos, el actual gobierno, el presidido por Alberto Fernández y Cristina Kirchner es el que porcentualmente más deuda externa ha adquirido. La deuda pública creció en 40 mil millones de dólares desde diciembre 2019. Es decir que en apenas dos años los Fernández se han endeudado más que Macri en cuatro, e incluso han superado la capacidad de endeudamiento de ese otro endeudador serial que fue Axel Kicillof. Endeudador y pagador serial.

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El problema real es un país que gasta más de lo que produce. Así de sencillo y así de complicado. Los funcionarios del Fondo ya saben que tienen que lidiar con "defaulteadores" históricos, pero por razones institucionales se han mostrado dispuestos a atender nuestros problemas a cambio de algunas garantías. Lógico y previsible. Por lo pronto, un plan económico o algo parecido a un plan económico que dé respuestas a algunos de nuestros problemas crónicos y estructurales, empezando por el déficit fiscal. Al respecto hay que decir que por más juego de palabras que haya hecho el ministro de Economía Martín Guzmán durante el anuncio del acuerdo, la palabra "ajuste" es inevitable. En términos generales, sabemos que un ajuste nunca es agradable, pero no debería ser una mala palabra. Al fin, es lo que hacemos todos en casa cuando no se llega a fin de mes: ajustamos el cinturón. El problema es que en la Argentina los economistas de todos los partidos comparten dos certezas: el ajuste es necesario, pero al ajuste lo debe hacer el otro. Que el ajuste es necesario, está fuera de discusión. Y lo que en todo caso se discute es si se hace por las buenas o por las malas. O si lo hacen los "otros" o "nosotros".

Es necesario hacerse cargo de que la crisis actual está destruyendo a la Argentina. Nada más y nada menos. La opción de evitar el ajuste e ir por el default nos hubiese puesto en situación de parias en el concierto mundial, teniendo que pedir ayuda usuraria o a cambio de concesiones impronunciables de las cuales ni siquiera seríamos informados. Porque no podemos subsistir sin ayuda financiera, porque gastamos más de lo que producimos –tal el problema estructural-, por lo que igual íbamos a tener que seguir pidiendo prestado. El Gobierno lo sabe, aunque está algo confundido porque por primera vez en su historia debe hacerse cargo de la escasez y no dispone por razones temporales del recurso de dejarle una bomba de tiempo al gobierno que venga.

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