El principio de realidad
Para la toma de decisiones políticas en coyunturas muy complejas y difíciles como la que atraviesa hoy la sociedad argentina, resulta fundamental que los líderes no se alejen del principio de realidad que es el que, al fin y al cabo, aporta una buena dosis de racionalidad al ejercicio del...

Para la toma de decisiones políticas en coyunturas muy complejas y difíciles como la que atraviesa hoy la sociedad argentina, resulta fundamental que los líderes no se alejen del principio de realidad que es el que, al fin y al cabo, aporta una buena dosis de racionalidad al ejercicio del poder.
Los deseos, en cualquier caso, son útiles para mover a la acción, pero la realidad también impone sus condiciones. Eso no significa que no se pueda cambiar. La historia de las democracias está llena de ejemplos de personas que lograron transformar realidades que parecían inmutables. Se puede citar, entre otros, el caso de la abolición de la esclavitud en Estados Unidos y los debates que tuvieron lugar en 1863 en la Cámara de Representantes de ese país para aprobar la 13ra Enmienda. Es que lo que resulta una práctica aberrante en las sociedades modernas, en aquellos años para los políticos estadounidenses más conservadores rechazar de plano cualquier medida en favor de la igualdad racial no tenía nada de cuestionable. Sin embargo, el presidente Abraham Lincoln logra avanzar con su Proclama de Emancipación para cambiar el estatus legal de más de 3,5 millones de esclavos afroamericanos. Para ello, fue clave la intervención del senador republicano Thaddeus Stevens, un hombre extremadamente hábil para las negociaciones políticas, pero también, ante todo, consciente del principio de realidad que enseña que la democracia es un régimen basado en la construcción de consensos.
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En la Argentina de hoy vemos que muchas de las medidas que impulsa el gobierno nacional necesitan la intervención del Congreso, que es donde reside la representación ciudadana. Si lo que se pretende es lograr una profunda transformación del Estado, ése es el ámbito donde se debe debatir, negociar y lograr acuerdos. Quienes piensan lo contrario, tarde o temprano, se encontrarán con los límites que impone la realidad. Pero vale aquí una aclaración: no se plantea que un líder debe aceptar la realidad como algo imposible de cambiar. Lo que se advierte es que la tarea de gestionar encierra en sí misma la necesidad de diálogo y de acuerdos. Los hombres y las mujeres con experiencia política lo saben muy bien: el principio de realidad es lo que marca el camino del ejercicio racional del poder. El sociólogo Lucas Rubinich, autor del libro "Contra el Homo Resignatus. Siete ensayos para reinventar la rebeldía política en un mundo invadido por el desencanto", aporta una interesante reflexión. Señala que su obra intenta "decir algo sobre las profundas transformaciones regresivas que produjo y continúa produciendo la predominante cultura del capital financiero, y especialmente sobre el deterioro de la noción de bien común que implica distintas maneras de agujereamiento de lo público". Rubinich plantea preguntas para intentar entender cómo se construye lo que él llama "el sentimiento de inevitabilidad" que parece predominar hoy en la sociedad argentina, la misma que -según sus palabras- vivió durante casi cien años un proceso de movilidad social ascendente, llegando a la década del 70 con un amplio sector de la población alfabetizada, con un mercado de trabajo prácticamente sin desocupación y con un bajo nivel de pobreza. Cuarenta años después de aquella sociedad con un reparto más justo y equitativo de riquezas, en la Argentina de hoy se duda si es posible o no incluir a esa enorme porción de la población que vive en condiciones de pobreza. En ese sentido, Rubinich cita una reflexión de Rolando García, quien fuera decano de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires entre 1957 y 1966, expresada en una conferencia que brindó en 2006, para referirse a las relaciones de fuerza que existen en todas las sociedades: "Me han dicho que esto no es posible, que aquello no es posible. Desde mi perspectiva epistemológica, lo posible es una construcción. Si uno acepta la definición de lo posible que está dada en el presente es la definición de lo posible dada por los otros; uno tiene que construir su propia definición de lo posible. Las relaciones de fuerza no son inmutables. Las relaciones de fuerza son un estado y, por lo tanto, se construyen". Cabe preguntarse entonces qué se puede hacer, sin desconocer la difícil realidad, para que la sociedad encuentre los caminos que, en el marco de las reglas de juego de la democracia, le permitan modificar las relaciones de fuerza y avanzar en la construcción de una sociedad más justa.








