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El potencial argentino en biotecnología

Nuestro país tiene un enorme potencial en materia de biotecnología aplicada a los cultivos. Un ejecutivo del mayor fondo de inversión en biotecnología del mundo afirmó el año pasado que la Argentina posee las cualidades para transformarse en un líder en ese campo del conocimiento. En una conferencia que ofreció...

22 de diciembre de 2022 a las 12:00 a. m.
El potencial argentino en biotecnología

Nuestro país tiene un enorme potencial en materia de biotecnología aplicada a los cultivos. Un ejecutivo del mayor fondo de inversión en biotecnología del mundo afirmó el año pasado que la Argentina posee las cualidades para transformarse en un líder en ese campo del conocimiento. En una conferencia que ofreció para una entidad del sector, dijo que el país tiene grandes ventajas "para ser el Messi de la biotecnología".

"Argentina tiene científicos de primera categoría y muy trabajadores, acostumbrados a resolver cosas con pocos recursos, lo que les brinda una enorme capacidad para la innovación y la creatividad". La frase pertenece a Philip Bronson, director de Indie Bio, el mayor fondo de inversión en biotecnología del mundo. El ejecutivo se expresó en esos términos en una charla que brindó en octubre del año pasado a miembros de la Cámara Argentina de Biotecnología. En rigor, no exagera. Argentina es una de las veinte naciones con más cantidad de empresas biotecnológicas, lo que no es poco. En estos días de genuina alegría para el país, generado por el fútbol, no está de más rescatar aquellas palabras de Bronson para reflexionar sobre la necesidad de potenciar la innovación tecnológica en áreas que tienen enormes posibilidades para empujar a la producción y fortalecer la economía.

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En un informe sectorial elaborado por el Observatorio de la Economía del Conocimiento se explica que la biotecnología moderna surge en el mundo en los años 70 como respuesta a las restricciones que enfrenta la acumulación de capital con el agotamiento del paradigma tecno-económico basado en la energía barata a partir del petróleo. Aparece, dice el documento, como una posibilidad de recuperar productividad abriendo la oportunidad de reemplazar tecnologías e insumos existentes por nuevas tecnologías e insumos biotecnológicos.

Cuando en noviembre del año pasado, la Comisión Técnica Nacional de Bioseguridad de Brasil otorgó la aprobación oficial a un trigo tolerante a la sequía, único en su tipo, que fue desarrollado en nuestro país a partir de un trabajo coordinado a lo largo de dos décadas entre el Conicet y la empresa privada Bioceres, la doctora Raquel Chan, investigadora del Conicet y responsable junto con un equipo que lidera en el Instituto de Agrobiotecnología del Litoral del desarrollo de esa variedad de trigo, aseguró que Argentina es un país con capacidad para hacer ciencia y desarrollo tecnológico. "Y somos capaces, también, de generar asociaciones público-privadas exitosas", agregó. Eso es, justamente, lo que ocurrió con el instituto de investigación y tecnología creado en 2008 por el Conicet y la Universidad Nacional del Litoral, donde se puso en marcha un proceso con el objetivo de estudiar cómo las plantas se adaptan al medio ambiente, es decir, cómo hacen para sobrevivir a factores como la sequía, los fuertes vientos o las temperaturas extremas.

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Fruto de esas investigaciones se descubrió que, si en un laboratorio se lograba aislar el gen en el que se apoyaba la fortaleza de las plantas más resistentes a las sequías, los vientos y las temperaturas extremas y pasarlo luego a otras plantas, se ayudaría a estas últimas a ser menos vulnerables a los rigores del clima. En un trabajo conjunto con la empresa Bioceres, finalmente lograron aislar ese gen para incorporarlo luego a otra planta. Los resultados fueron sorprendentes: la tecnología aplicada logró conferir una mayor tolerancia a la sequía a la planta que recibió el tratamiento. Comprobaron, además, que podría pasar todo su ciclo de vida con una menor demanda de agua. Este hallazgo aplicado a cultivos que comercializa la Argentina, como el trigo, el maíz y la soja, representó un salto cualitativo ya que significó una mejora sustancial en los rendimientos.

"Lo que ustedes están haciendo en Argentina no se hizo en ninguno de los países o ciudades del mundo que se destacan actualmente en biotecnología. Haber reunido a un grupo de más de cincuenta startups y empezar a trabajar juntos en las etapas tempranas es una enorme oportunidad, es una ventaja que les permitirá ser disruptivos y ser los Messi de la biotecnología", aseguró Bronson en la conversación que mantuvo con integrantes de la Cámara Argentina de Biotecnología. Francia es, junto con España y Estados Unidos, uno de los tres países con mayor número de empresas biotecnológicas, según la Ocde. Es de esperar que, en un futuro no muy lejano, nuestro país también dispute un lugar en ese podio.

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