El peronismo, entre el poder y la derrota
El peronismo, como movimiento, da cabida a un amplio abanico ideológico desde derechas a izquierdas, con sesgo social a veces más marcado y a veces menos, de acuerdo con los matices del espacio predominante en cada época.
Y antes de ingresar en la materia, que es la situación actual del justicialismo como oposición y sus divisorias evidentes, es interesante tener presente que el movimiento tiene siempre como objetivo el poder. Y es por eso que se reordena y logra tener sus internas más democráticas en la derrota. En los triunfos, en general, intendentes, gobernadores y legisladores del peronismo se encolumnan con el que resulta presidente.
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Durante los períodos en que ha gobernado el Partido Justicialista, sea en la versión más liberal del menemismo o la más populista del kirchnerismo, no hubo internas partidarias y generalmente las listas legislativas fueron digitadas por el sector del movimiento que gobierna. Ni las internas abiertas lograban movilizar confrontaciones si no había permiso de los máximos referentes del Gobierno.
Es en la derrota donde se revitalizan las estructuras partidarias peronistas y movimentistas en general, porque es el momento en que hay espacios que quedarán vacíos y la pelea interna se decide sin autorizaciones.
En este momento, lo mismo que sucede en los máximos niveles nacionales pasa en Pergamino, los peronistas tradicionales y los kirchneristas están claramente enfrentados. La realidad es que la convivencia siempre fue difícil entre ambos espacios, la diferencia es que ahora ya no se simula la situación. Los pases de factura terminaron haciéndose públicos porque, como suele suceder, en la victoria todos quieren ser los padres pero la derrota es huérfana. Más en un movimiento que no suele perdonar a quienes considera responsables de alejarlos del poder. Pero ahora, pasada la euforia y buscando hacer fuerza desde el llano, los decibeles han bajado y se empiezan a atemperar las relaciones. Al menos puertas afuera, de cara a la sociedad y especialmente a los ojos del oficialismo. No dejar que las fisuras resquebrajen el poder es una característica del peronismo que nunca han sabido afianzar los radicales, por citar a la fuerza tradicionalmente antagónica. Y una vez más lo están demostrando al no poder dejar de lado las disidencias internas en pos de lograr una posición monolítica en nuestro Concejo Deliberante, donde ya se ha escindido el bloque de Cambiemos, como se detalla en la página 11 de la presente edición.
Puertas adentro, de todos modos, las heridas permanecen abiertas: claramente los peronistas consideran que el kirchnerismo hizo todo para perder y los K están seguros de que el peronismo más rancio los traicionó con el voto.
En este marco, sobrevuela una interna tanto partidaria como por los cargos legislativos muy intensa pero esta lucha no será tan lineal como ahora aparece porque hay K que hoy son intendentes o presidentes del PJ de sus distritos y hay peronistas tradicionales que piensan que Cristina Kirchner es la única que tiene convocatoria real.
Pero la rueda del peronismo sigue rodando y gobernadores como el salteño Juan Manuel Urtubey, ya lanzó su candidatura para ser presidente del PJ nacional enfrentando a los referentes kirchneristas. Daniel Scioli no quiere abandonar esa importante cantidad de votos que ha sacado y también intenta ser tenido en cuenta para el puesto. Hay que ver los próximos pasos que dé la expresidenta que puede elegir el camino de la pelea interna o la de patear el tablero y quedar como jefa del Frente para la Victoria, con lo cual el Partido Justicialista se desmarcaría y la ruptura sería inevitable.
Por ahora, el espíritu corporativo del peronismo, admirable en este punto, ha primado, a excepción del Senado bonaerense, donde el bloque se acaba de partir entre K y peronistas no K, lo que se podría replicar en otros niveles. En Pergamino la bancada del Frente para la Victoria-PJ pende de un hilo, puede romperse en dos o en tres partes en cuanto pase el verano y tengan que convivir diariamente.
Pero en el caso de nuestra ciudad, además, hay un tercer sector que está tirando líneas para acordar representar a Urtubey en las elecciones intestinas, con lo cual la interna puede tener tres sectores protagónicos: los K por un lado, y el peronismo tradicional en dos grupos distintos.
Los justicialistas locales están tranquilos porque afirman que los kirchneristas locales están afiliados al partido Kolina en su mayoría y no podrán participar de la interna partidaria. Este espacio lo creó en su momento Alicia Kirchner, actual gobernadora de Santa Cruz. Sin embargo, la mayoría de los no afiliados lo están haciendo, precisamente para competir por el control del partido.
Fuera del poder, el peronismo pone su energía en manejar el Partido Justicialista en todos sus niveles, porque es en estos momentos en que se convierte en una herramienta para llegar al poder.
La realidad es que las diferencias entre K y peronistas tradicionales parecen hoy irreconciliables y a la hora del enfrentamiento por el control partidario, como dijimos, habrá opciones mezcladas y otras más puras, para que el afiliado elija. No olvidemos que las internas partidarias no son abiertas sino sólo para empadronados, lo que se llama interna doméstica o cerrada. Cabe también la posibilidad que, como mencionamos más arriba, prime el espíritu de cuerpo y todos los trapos sucios se terminen lavando puertas adentro y hacia afuera se sostenga la unidad, de un modo estratégico, para conservar las mayorías parlamentarias en todos los niveles y constituirse como una única oposición, más si se tiene en cuenta que el Frente Renovador ha dado señales claras de plantearse como un compañero de ruta del oficialismo.
A nivel nacional a estas horas hay mucha presión para que 2016 sea un año de elecciones en el peronismo, antes de confeccionarse listas de candidatos para las legislativas. Todos quieren aprovechar la movilización y la lucha intestina que dejó la derrota para posicionarse.
Mientras el Partido Justicialista se reacomoda, el presidente Mauricio Macri tiene negociaciones con el sector disidente y con alguna otra fracción del peronismo más rancio. Buscando, claramente, consensos que le permitan que sus leyes sean aprobadas en el Parlamento, donde tiene minoría en las dos cámaras. Los K y el nuevo gobierno no tienen diálogo ahora como no lo tuvieron nunca en el pasado. Por lo que no forman parte de las opciones de consenso con la nueva administración.
2016 será difícil para el peronismo, la lucha interna es inevitable, pero una vez que se reordenen van a comenzar su tarea de intentar recuperar el poder.














