El Pentágono enviará cerca de 800 efectivos adicionales a la frontera con México

Esta decisión se conoce en momentos en que unos 7.000 migrantes hondureños continúan su avance hacia Estados Unidos. Estos refuerzos se sumarían a los 2.000 de la Guardia Nacional ya desplegados en operaciones de apoyo en la región fronteriza.
Washington, (AFP/NA) - El Pentágono va a desplegar cerca de 800 efectivos adicionales en la frontera con México, dijeron ayer a dos funcionarios estadounidenses, en un momento en que la caravana de miles de migrantes hondureños continúa su avance hacia Estados Unidos. Estos refuerzos se sumarían a los cerca de 2.000 efectivos de la Guardia Nacional ya desplegados en operaciones de apoyo en la frontera.
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El despliegue estará constituido por médicos e ingenieros y va a ser empleado principalmente para dar apoyo logístico. El presidente estadounidense Donald Trump reiteró ayer que utilizaría a los militares para enfrentar esta “emergencia nacional”. “Voy a sacar a los militares para esta emergencia nacional. ¡Serán detenidos!”, dijo Trump en Twitter, continuando con un discurso contra la inmigración, que fue uno de sus ejes de campaña, en un momento en que se acercan las elecciones legislativas del 6 de noviembre en Estados Unidos.
Desde que el 13 de este mes salió de San Pedro Sula, en Honduras, una caravana con miles de migrantes hacia Estados Unidos, Trump ha criticado el tema casi a diario, amenazando a los países centroamericanos de recortar la ayuda que les entrega por haber sido incapaces de frenar la marcha. La ONU estima que unas 7.000 personas viajan en la caravana.
Desempleo y violencia
Al borde del llanto, Glenda Lagos, de 45 años, lamenta que su hija de 17 haya partido para unirse a la caravana de migrantes hondureños en ruta a Estados Unidos, huyendo del desempleo y la precariedad en un barrio plagado de pandilleros. Belckys Lagos se fue de su casa el 16 de este mes con el objetivo de sumarse a los miles que por entonces atravesaban Guatemala, porque “aquí no hay trabajo y hay mucha violencia”, afirma Glenda en su maltrecha vivienda en la colonia Los Pinos, periferia este de Tegucigalpa.
La caravana de unas 2.000 personas salió al alba del 13 de este mes de la violenta ciudad de San Pedro Sula, 180 kilómetros al norte de la capital hondureña, con pretensiones de alcanzar el sueño americano. Muchos más se fueron sumando en el camino, como lo hizo Belckys Lagos.
Su salida desató una avalancha de amenazas del gobierno estadounidense, que los acusó de “criminales y terroristas”, mientras que el presidente hondureño, Juan Orlando Hernández, los señaló de recibir ayuda de políticos opositores para generar “ingobernabilidad”. Varios integrantes de la caravana dijeron que viajan a Estados Unidos en busca del empleo que se les niega en su país y para escapar de las violentas pandillas que les han matado parientes, en medio de la impunidad por el desbordamiento del crimen y el narcotráfico.
Son los mismos motivos que esgrime Glenda frente a la partida de su hija, según el testimonio que brindó en su covacha, construida con restos de fibra de cemento, madera y láminas, en la falda empinada de un cerro al que se llega sorteando unas gradas esculpidas en laja.
En los alrededores de su barrio, un grupo de jóvenes pandilleros huye del puesto de venta de drogas en una esquina al confundir un vehículo con uno de la policía de investigación. “Yo también me iba a ir con dos niños de seis y 12 años pero tuve un problema”, cuenta Glenda, aunque reconoce que si pudiera le pediría a su hija que regrese, porque está “viendo muy fea la cosa”, con las amenazas del presidente estadounidense Donald Trump de rechazarlos.













