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El Patio Empanadas: una historia familiar que encontró su lugar y sigue creciendo

A punto de cumplir dos años, el emprendimiento consolidó una propuesta que combina experiencia familiar, elaboración diaria y una amplia variedad de sabores.

29 de septiembre de 2026 a las 03:11 p. m.
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Hay emprendimientos que nacen a partir de una oportunidad comercial y otros que tienen detrás una historia que viene de mucho antes. El Patio Empanadas pertenece claramente al segundo grupo. Aunque el negocio está próximo a cumplir dos años, la relación de la familia Martínez con las empanadas y la gastronomía comenzó varias décadas atrás.

Martino Martínez visitó el streaming de LA OPINION, y repasó el recorrido de un emprendimiento que encontró su lugar en Illia 2125, entre Solís y Magallanes, y que fue construyendo una clientela que excede ampliamente al propio barrio.

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El próximo 13 de noviembre El Patio cumplirá dos años. Para Martino, el balance hasta aquí es “muy positivo”. Destaca especialmente la respuesta de los clientes que llegaron por conocimiento previo de su padre, pero también de aquellos que fueron descubriendo el negocio a través del boca en boca y las redes sociales.

Y hay algo que, asegura, representa una satisfacción particular: escuchar a alguien regresar para decir que las empanadas estaban buenas. “Que la gente venga y te diga eso es muy positivo. A mí, en lo personal, me llena más que cualquier otra cosa”, expresó.

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 Una historia que empezó mucho antes

Para comprender El Patio hay que retroceder en el tiempo. El padre de Martino está vinculado con el rubro desde muy joven y fue propietario de Los Especialistas, otra recordada casa de empanadas de Pergamino. Después de alejarse de aquella actividad, la idea de regresar comenzó a aparecer nuevamente.

Martino reconoce que inicialmente fue su padre quien volvió a entusiasmarse con el proyecto. Poco a poco terminó contagiándolo. “Me dijo: ‘Vamos a meterle’. Yo le dije que lo apoyaba y fuimos”, recordó.

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La experiencia acumulada fue fundamental. Recetas, formas de elaboración y conocimiento del producto fueron transmitiéndose de una generación a otra. “En ese sentido, todo se lo debo a él”, reconoció Martino.

Hasta el nombre tiene una raíz familiar. Cuando buscaban cómo llamar al nuevo emprendimiento, su padre propuso “El Patio”. La explicación estaba en sus propios recuerdos: sus primeros pasos en el rubro habían estado vinculados con el patio de una casa familiar, entre harina y masa.

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Después apareció una coincidencia inesperada. Cuando eligieron el inmueble donde instalarían el negocio descubrieron que tenía un gran patio. Y hubo otra casualidad: al decidir la fecha de apertura eligieron el 13 de noviembre, una fecha que también tenía relación con aquella historia gastronómica anterior de la familia.

“Fueron muchas coincidencias que, para mí, se dan una vez en la vida”, resumió Martino.

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 Padre e hijo detrás del mostrador

Trabajar en familia también plantea desafíos. Martino reconoce que compartir diariamente decisiones con su padre no siempre resulta sencillo porque ambos tienen caracteres parecidos. La fórmula que encontraron es hablar, organizarse y tratar de evitar que las diferencias propias del trabajo se transformen en conflictos.

Pero la contracara pesa mucho más.

Para Martino, tener cerca a su padre representa una motivación diferente. Es quien aporta experiencia, empuje y conocimiento de una actividad a la que dedicó buena parte de su vida.

El Patio, además, dejó de ser solamente un proyecto entre padre e hijo. Actualmente son nueve las personas que forman parte del funcionamiento del negocio, con diferentes tareas y rotaciones.

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 Elaborar en el día

Uno de los conceptos sobre los que Martino hizo especial hincapié durante la entrevista fue la frescura del producto.

La jornada comienza por la mañana. El Patio abre de 10:00 a 14:00 y nuevamente de 19:00 a 23:00; los domingos trabaja únicamente en el horario nocturno. La actividad del primer turno permite atender una demanda que sorprendió inicialmente a Martino —empresas, talleres y otros establecimientos que realizan pedidos al mediodía— y, paralelamente, avanzar con la producción para la noche.

Las empanadas que se comercializan durante la jornada se elaboran ese mismo día. Cuando llega el pedido, las unidades ya armadas pasan al horno, lo que permite reducir considerablemente los tiempos de espera.

Para retirar en el mostrador, estiman generalmente entre 10 y 15 minutos. En el caso del delivery, se agrega naturalmente el tiempo necesario para llegar hasta el domicilio.

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 ¿Cuál es el secreto de una buena empanada?

Martino no encuentra una única respuesta. Para él es la suma de muchas pequeñas decisiones.

Una buena harina, una mozzarella de calidad, el relleno, la preparación, la temperatura y el tiempo exacto de cocción terminan definiendo el resultado.

“Creo que la clave son los productos de alta calidad”, sostuvo. Y explicó que incluso unos pocos grados de diferencia en el horno pueden cambiar completamente una empanada: dejarla cruda o cocinarla demasiado.

La preparación previa también permite que, cuando ingresa un pedido, el horno ya se encuentre en condiciones de cocinar rápidamente el producto.

 Los clásicos y los sabores propios

Jamón y queso sigue ocupando un lugar privilegiado entre las preferencias del público. Pero entre las variedades de carne aparece uno de los grandes éxitos de El Patio: la carne mechada.

Su preparación tiene bastante más trabajo del que puede imaginar quien recibe la empanada terminada. Utilizan carne sobre un colchón de verduras, condimentos y vino tinto, con una cocción de aproximadamente tres horas y media. Una vez frío el relleno se completa la preparación antes del armado.

La aceptación fue inmediata y actualmente se encuentra entre las variedades con mayor demanda.

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También aparecen carne a cuchillo, carne dulce —que en El Patio se prepara al horno—, pollo, verdura, cheeseburger y otras alternativas.

Entre ellas hay una que lleva particularmente la identidad de la casa: La Vasquita.

Su origen vuelve a conectar el presente con la historia del padre de Martino. La receta combina carne picante con jamón y queso. El queso permite equilibrar la intensidad de la salsa y llegar al punto que buscaban. Hubo pruebas y ajustes hasta encontrar la proporción indicada.

“Ahí se hizo la receta y no se toca más”, contó Martino.

La oferta se completa con canastitas elaboradas con masa de hojaldre y rellenos diferentes de los utilizados en las empanadas tradicionales. Hay opciones saladas, vegetarianas y agridulces.

Y la búsqueda continúa. Martino contó que vienen realizando pruebas con nuevos sabores —entre ellos alternativas con cerdo— aunque con una premisa: no incorporar una variedad simplemente para ampliar la carta, sino hacerlo cuando consideran que el producto está terminado y puede responder a lo que esperan sus clientes.

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 De dos empanadas a más de 400

La amplitud del público también puede medirse por los pedidos. Hay clientes que solicitan apenas unas pocas unidades para resolver una comida individual y otros que recurren a El Patio para reuniones y acontecimientos.

Martino recordó particularmente un casamiento para el que debieron preparar alrededor de 420 o 430 empanadas. La dificultad era mantener la misma metodología de trabajo: elaborar, armar y cocinar sin abandonar la idea del producto fresco, mientras el negocio debía continuar después con su actividad habitual.

El pedido salió adelante y terminó convirtiéndose en una de esas experiencias que muestran cuánto puede cambiar la escala de trabajo de una jornada a otra.

 

Un nuevo sistema para hacer más fácil el pedido

El crecimiento también obliga a revisar procesos. Actualmente El Patio recibe pedidos telefónicos y por WhatsApp, herramienta que permite mostrar el catálogo con variedades, fotografías y precios.

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Pero Martino adelantó que están trabajando para incorporar un nuevo sistema digital.

La intención es que el cliente pueda ingresar mediante un enlace, consultar directamente las variedades disponibles, seleccionar su pedido y cargar los datos necesarios. Del otro lado, el comercio recibiría automáticamente la comanda.

El objetivo es evitar demoras y, especialmente, situaciones que pueden producirse durante las noches de mayor movimiento cuando se agota alguna variedad que todavía figura en el catálogo. “Queremos agilizar la toma de pedidos”, explicó.

La herramienta permitirá actualizar el stock y evitar que una persona complete una compra para descubrir después que alguno de los sabores elegidos ya no está disponible.

A casi dos años de aquella apertura del 13 de noviembre, El Patio atraviesa así una nueva etapa. Detrás quedaron los primeros interrogantes sobre cómo respondería el barrio y cómo funcionaría aquel proyecto compartido entre padre e hijo.

Hoy hay un equipo de trabajo, clientes habituales, nuevos sabores, proyectos para mejorar la atención y una historia familiar que sigue atravesando cada decisión.

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El Patio nació, precisamente, de esa historia. De un padre que comenzó en el rubro cuando era adolescente, de un hijo que terminó contagiándose de aquella pasión y de la decisión de volver a apostar por un producto sencillo y profundamente arraigado en la mesa argentina.

Y quizás allí esté buena parte de la explicación de estos primeros dos años: hacer empanadas como un negocio, pero también como la continuidad de una historia familiar.

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