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El Papa Francisco, un tsunami en el Capitolio

26 de septiembre de 2015 a las 12:00 a. m.

Fue realmente emocionante ver a Nueva York, donde la mayoría de la población es históricamente anglicana y de religiones cristianas alternativas, rendirse a los pies del Papa Francisco, el Santo Padre que vino del fin del mundo (como él llamó en su asunción a la Argentina) y que protagoniza a estas horas una gira histórica que entrelazó a Estados Unidos y Cuba.

Manhattan parecía el jueves una ciudad blindada, no sólo por su visita sino a raíz del encuentro anual de mandatarios en la Asamblea General de las Naciones Unidas, donde luego también concurrió Francisco.

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Ya en el aeropuerto lo esperaba un nutrido grupo de obispos y una banda de jazz tocando música en la pista. Allí estuvo apenas minutos, ya que enseguida se subió a un helicóptero militar que lo trasladó a un helipuerto de la “gran manzana”, cercano al punto de su primera actividad. 

Su primera labor fue una misa en la emblemática Catedral de San Patricio. La impresionante basílica está ubicada en la Quinta Avenida, a pasos del Rockefeller Center; la zona fue cubierta por un gigantesco operativo de seguridad para cuidar al Papa. Este templo es epicentro del catolicismo neoyorquino, concentrado en la inmigración irlandesa pero que se fue nutriendo en el Siglo XX con la llegada de la inmigración italiana y latina.

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En la homilía Francisco dejó frases contundentes y allí mismo, donde todo ocurrió, volvió a condenar los casos de pedofilia que salpicaron a la Iglesia en un mayúsculo escándalo antes de su pontificado.  También se solidarizó con las víctimas de la tragedia en la peregrinación a La Meca, en la que murieron más de 700 personas después de una estampida. Francisco habló en español en la Catedral y tuvo palabra de cariño con las mojas y misioneras que estaban en el lugar. A ellas les manifestó su “admiración y gratitud” y las calificó de “mujeres fuertes, luchadoras”.

El Papa fue recibido en la Catedral por el alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, y por el gobernador del Estado, Andrew Cuomo, con quien intercambió una broma en italiano. Ni siquiera el mediático candidato presidencial republicano Donald Trump se quiso perder la histórica jornada y salió a ver a la multitud que aguardaba al Sumo Pontífice, frente a una de sus torres de oficinas. 

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Como es costumbre, la presencia de Francisco generó un  revuelo inusitado para la impersonal y cosmopolita Nueva York, “la ciudad que nunca duerme” pero que tampoco se conmueve ante nada porque todo lo que puede suceder, allí ya ha sucedido. Hasta que llegó el “Papa del fin del mundo”. 

Lo más saliente de la jornada, además del encuentro con Barack Obama -que se mostró muy cercano al Santo Padre-, fue el discurso de Francisco en el Capitolio. Fue directo y sincero, como siempre y los demócratas lo aplaudían fervientemente, más reticentes los republicanos por las posturas del Papa frente a la guerra y el capitalismo salvaje, del que ellos son fieles representantes. Apenas entró ya hubo una ovación. Su discurso, de poco más de media hora, fue interrumpido por una veintena de aplausos, de las cuales diez fueron de pie y con aclamaciones. El paso del Papa Francisco por el Congreso era el examen más exigente de su viaje a este país y, por el entusiasmo que despertó entre los legisladores, parece haberlo pasado con éxito, pese a que tocó temas sumamente controvertidos aquí como la inmigración, el ambiente y la pena de muerte. En estas cuestiones exhortó a “no darles la espalda a los vecinos”, a asumir “acciones valientes” ante el cambio climático y a abolir el castigo máximo. Al tiempo que condenó el “silencio cómplice y vergonzoso” frente al comercio de armas y pidió “acabar” con él. Los conservadores no parecían tan entusiasmados como los demócratas pero sin dudas los dejó pensando. Incluso se habla del “efecto Francisco” a raíz de la inesperada renuncia del presidente de la Cámara de Representantes, el hombre que lloraba detrás del Papa durante su discurso.

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El republicano John Boehner dimitió ayer causando un verdadero shock político en  Estados Unidos. Es uno de sus hombres más influyentes del partido y quien invitó al Papa al Capitolio.

La noticia fue un verdadero balde de agua fría para sus allegados. “Es evidente que la maduró durante la noche y luego de haber estado con el Papa”, es el comentario del momento entre analistas políticos.

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La imagen de Boehner, con los ojos inyectados en lágrimas y visiblemente afectado por el mensaje del Papa en el Capitolio, dio la vuelta al mundo.

Pese al gran operativo de seguridad, miles de personas se acercaron a las inmediaciones para ver al Pontífice, al punto que éste decidió -tras su discurso en el Capitolio donde habló en inglés- salir a uno de los balcones a saludar. Una costumbre muy argentina, en tierras lejanas.

“Les pido que recen por mí, y, si entre ustedes hay algunos que no creen o no pueden rezar, pido que me deseen cosas buenas”, les dijo en castellano. 

Luego llegó el turno de hablar en las Naciones Unidas donde también fue calurosamente recibido por los mandatarios que componen el organismo internacional y hasta citó al Martín Fierro diciendo que era de un poeta de sus tierras, en aquel pasaje famoso que dice “los hermanos sean unidos, porque esa es la ley primera….”

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En todos los discursos, incluido y sobre todo en el de la ONU abogó por la paz, el desarme, la abolición de la pena de muerte y la búsqueda de consensos globales.

 

Francisco, el Papa del fin del mundo, se plantó en el corazón político del mundo y dijo lo que nadie se había atrevido a mencionar, al menos en ese ámbito. Y nada de lo que dice cae en saco roto, a la vista está: el hombre fuerte del Partido Republicano doblegó su ideología ante el mensaje de paz de este hombre de Dios. ¿Qué más debemos esperar de Francisco?

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