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El Papa clamó en Nápoles contra la corrupción que “apesta” y la Camorra

22 de marzo de 2015 a las 12:00 a. m.
El Papa clamó en Nápoles contra la corrupción que “apesta” y la Camorra
'' El Papa lanzó uno de sus discursos más duros y directos contra los grandes males de Italia. (NA)

“Reaccionen con fuerza contra una organización que explota y corrompe a los jóvenes, a los pobres y frágiles con el cínico comercio de la droga”, instó Francisco. “A los criminales y a sus cómplices, como hermano, les repito: convertíos al amor y a la justicia”, agregó. El Pontífice almorzó con 120 detenidos, transexuales y emigrantes.

NAPOLES, Italia, (AFP-NA) - Por Kelly Velásquez y Alberto Pizzoli. El Papa Francisco clamó contra la corrupción que “apesta y roba la esperanza” a generaciones enteras durante su visita ayer a Nápoles, en el sur de Italia, e instó a sus habitantes a reaccionar contra la Camorra y el “cínico comercio de la droga”.

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Acogido triunfalmente por cientos de miles de napolitanos en todos los lugares que visitó, Francisco quiso detenerse en dos sitios emblemáticos: el barrio pobre y minado por la mafia de Scampia y la superpoblada cárcel de Poggioreale, donde almorzó con 120 detenidos, transexuales y emigrantes.

Desde Scampia, rodeado de miles de personas, entre ellas numerosos niños, el Papa argentino lanzó uno de sus discursos más duros y directos contra los grandes males de Italia: corrupción, desempleo y abandono de los migrantes.

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“Cuánta corrupción hay en el mundo”, dijo. “La corrupción es sucia y la sociedad corrupta apesta. Un ciudadano que deja que le invada la corrupción no es cristiano, ¡apesta!”, dijo usando palabras en napolitano e improvisando en varias ocasiones.

En un discurso apasionado, de los seis programados durante su permanencia de un día, el Papa invitó a los napolitanos “a no dejar que la corrupción y la delincuencia desfiguren el rostro de esta bella ciudad”.

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“La vida en Nápoles nunca ha sido fácil, pero tampoco ha sido nunca triste. Vuestro gran recurso es la alegría”, dijo desde el barrio que registra el récord de desempleo de Europa (61%), dominado por la temida mafia napolitana.

“Aquí se ha intentado crear una tierra de nadie, para arrancar todos los valores. Un territorio en manos de la llamada microviolencia. Siento vivamente este drama”, reconoció el Pontífice latinoamericano, muy sensible a estos a temas sociales.

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“Los que transitan la vía del mal, roban un pedazo de esperanza, a sí mismos, a la sociedad, a tanta gente honesta, a la buena reputación de la ciudad, a su economía”, explicó el Papa.

“La corrupción apesta, la sociedad corrupta apesta, como apesta un animal muerto”, insistió Francisco en la plaza Juan Pablo II del barrio de Scampia, bautizada así en homenaje al Papa polaco que la visitó en 1990.

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Francisco, que quiso animar a la gente a mantener la esperanza, que se tomó selfies con algunos, pidió a los jóvenes que elijan el camino de la educación e invitó a los napolitanos a acoger a los migrantes.

“Todos somos emigrantes. La palabra emigrante la llevamos escrita en la carne”, dijo emocionado.

“Queridos napolitanos, no se dejen robar la esperanza”, clamó en varias ocasiones, convirtiéndolo en el lema de su visita.

 

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Contra la droga

Con tono más solemne, durante la misa oficiada desde la céntrica e inmensa plaza del Plebiscito, rodeado de fotos de los santos napolitanos, el Papa clamó contra los mafiosos.

“Reaccionen con fuerza contra una organización que explota y corrompe a los jóvenes, a los pobres y frágiles con el cínico comercio de la droga”, instó ante miles de personas.

“A los criminales y a sus cómplices, como hermano, les repito: convertíos al amor y a la justicia”, lanzó.

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Recibido a la entrada de Po-ggioreale con la conocida canción local “Oi vita, oi vita mia”, el Papa almorzó y conversó con un grupo de 120 detenidos, entre ellos varios latinoamericanos y una decena de transexuales.

“En la cárcel descubrí a Dios a través de la catequesis, la misa y su libro Mente abierta, corazón creyente”, le confesó el argentino Claudio.

Antes de visitar Scampia, el Papa Francisco estuvo en el santuario de la Virgen del Rosario de Pompeya, muy venerada por los habitantes de la región.

La ciudad desplegó un imponente dispositivo de seguridad, que incluyó 3.000 hombres y francotiradores en los techos, para velar por la seguridad del papa que recorrió en papamóvil en total un trayecto de 25 kilómetros.

El programa incluyó también una visita a la catedral para venerar la sangre de San Genaro, un encuentro con enfermos y otro con jóvenes a orillas de la célebre bahía.

Ante unos 100.000 jóvenes el Papa lamentó que las parejas convivan y eviten comprometerse a través del matrimonio y aseguró que la “familia es víctima de una colonización ideológica”.

Francisco se despidió de Nápoles con un “Caa Maronna va-ccumpagne!” (“¡Que la Virgen los acompañe!” en napolitano).

 

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Milagro “a medias” 

El Papa Francisco reconoció ayer en Nápoles que realizó “a medias” el milagro de la licuefacción del sangre de San Genaro, un rito popular que se repite anualmente desde hace 400 años con ocasión de la fiesta del patrono de la capital del sur de Italia.

“El obispo asegura que la mitad del sangre se licuó. Se ve que el santo nos ama a medias. Tenemos que convertirnos más para que nos ame más”, comentó con humor el Papa argentino tras besar la reliquia ante numerosos religiosos y un grupo de monjas de clausura que obtuvieron permiso para asistir al evento en la catedral.

Los napolitanos se preguntaban desde hace varios días si el argentino Francisco podría hacer ese milagro que ha ocurrido solo una vez, en 1848, ante la presencia de un pontífice.

Cuando Juan Pablo II y Benedicto XVI visitaron Nápoles no se realizó el milagro.

Francisco puede ahora proclamarse amado a medias por el santo napolitano y ser comparado con otro argentino venerado, Diego Armando Maradona, que logró que el club de fútbol de la ciudad ganara el primer campeonato nacional de su historia.

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 “Se nota que San Genaro y Nápoles aman al Papa, la mitad del sangre de la cápsula se licuó”, aseguró visiblemente satisfecho el cardenal napolitano Crescenzio Sepe, al exhibir la ampolla que contiene la sangre del mártir italiano del siglo IV y que se conserva en la catedral.

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