El país que se divide entre el miedo y la esperanza
Los primeros estudios que se realizaron para indagar sobre el comportamiento de las personas llegaron a la conclusión de que existen diferentes clasificaciones de las emociones básicas del ser humano, pero en general se pueden identificar seis que son comunes a todas las culturas: el miedo, la tristeza, la ira,...

Los primeros estudios que se realizaron para indagar sobre el comportamiento de las personas llegaron a la conclusión de que existen diferentes clasificaciones de las emociones básicas del ser humano, pero en general se pueden identificar seis que son comunes a todas las culturas: el miedo, la tristeza, la ira, la alegría, el asco o desagrado y la sorpresa.
Un sondeo realizado por la consultora Isonomía, antes de las últimas elecciones primarias, preguntó a los argentinos cuáles consideraban que eran los sentimientos más prevalecientes en su vida personal. Si bien los resultados no deberían sorprender si se tiene en cuenta el difícil contexto económico y social que atraviesa el país, lo interesante de este estudio es que revela dónde está parada una parte importante de la sociedad y, al mismo tiempo, abre las puertas a otros interrogantes como por ejemplo cómo se canalizarán esos sentimientos que, como se verá seguidamente, son mayormente muy negativos.
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Según el estudio realizado por Isonomía el 16% de los encuestados dijo que siente miedo, un 15% que se siente abandonado y un 14% que está triste. Esto quiere decir que un 45% de la población que se tomó como muestra tiene sentimientos muy negativos, contra un 11% que dijo tener confianza en el futuro. Por otra parte, el 10% dijo que siente enojo, un 8% siente vergüenza, otro 8% asco, mientras que un 7% declara estar furioso.
Es decir, un 33% también sobrelleva sentimientos negativos. Sumados estos grupos, se tiene que el 78% reconoce que la emoción básica predominante en su vida es negativa. Como era de esperar, una minoría admite que, a pesar de todo, la vida le sonríe: un 2% dijo que siente alegría, un 1% siente orgullo y otro 1% está entusiasmado. El 6% restante no contestó la pregunta.
A la luz de los resultados que arrojaron las últimas elecciones primarias celebradas en todo el país queda claro que los sentimientos negativos que hoy predominan en buena parte de la ciudadanía buscaron en las urnas una forma de canalizar ese descontento. De las lecturas que cada fuerza política haga de este fenómeno y las respuestas que puedan brindar al electorado en medio de este clima de época dependerá la suerte de cada espacio. Pero, más allá de eso, viene bien traer, una vez más, una reflexión del doctor en Sociología del Derecho por la Universidad de Yale, el portugués Boaventura de Sousa Santos, quien observa que las dos emociones básicas de los seres humanos son el miedo y la esperanza. "La incertidumbre es la vivencia de las posibilidades que emergen de las múltiples relaciones que pueden existir entre el miedo y la esperanza. Siendo diferentes esas relaciones, diferentes son los tipos de incertidumbre. El miedo y la esperanza no están igualmente distribuidos entre todos los grupos sociales o épocas históricas. Existen grupos sociales en los que el miedo desplaza de tal modo a la esperanza que el mundo les sucede sin que ellos puedan hacer suceder al mundo. Viven en espera, pero sin esperanza. Están vivos hoy, pero viven en condiciones tales que pueden estar muertos mañana. Alimentan a sus hijos hoy pero no saben si los podrán alimentar mañana. Existen, por otro lado, grupos sociales en los que la esperanza desplaza de tal forma al miedo que el mundo se les ofrece como un campo de posibilidades que pueden administrar a su propio antojo". No hace falta ser científico social para ver en qué grupo están la mayoría de los argentinos y en qué grupo están quienes ocupan lugares de privilegio y viven el mundo como "un campo de posibilidades".
En este año electoral y con este escenario de fondo que nos muestra la encuesta citada más arriba, es necesario redoblar los esfuerzos y promover el diálogo respetuoso entre los distintos sectores para poder discernir cuál es el mejor camino que se debe seguir para que los beneficios lleguen al conjunto de la sociedad. Desde el regreso de la democracia se ensayaron distintas respuestas para recomponer el tejido social, pero las medidas aplicadas no lograron sentar las bases de una recuperación vigorosa del entramado social a largo plazo. La dirigencia política debe tomar nota de lo que está pasando y ofrecer propuestas que entusiasmen a la mayoría del electorado, teniendo siempre como objetivo la defensa del interés general.









