El no al aborto, un comienzo y una oportunidad
La legalización del aborto tuvo su histórico debate en el Congreso, pero este 2018 no será el año de su sanción. El Senado rechazó la propuesta que vino de la Cámara de Diputados; con 38 votos en contra y 31 a favor, la norma se cayó y podrá ser debatida nuevamente cuando comience un nuevo período legislativo, es decir a partir de abril de 2019.
No podemos decir que es una sorpresa; en nuestro anterior editorial sobre el tema alertábamos sobre las diferencias entre ambas cámaras. Hay diferencias profundas que existen entre la mirada política de los diputados y la de los senadores. Los primeros vienen representando a la ciudadanía y surgen por regiones en un número proporcional a la cantidad de habitantes. Por esa razón la zona central del país, sobre todo provincia de Buenos Aires, se lleva la mayor cantidad de diputados. De este modo, hay una mentalidad más abierta y cosmopolita en esta Cámara Baja. Por el contrario, los senadores se eligen en representación de las provincias, dos por la mayoría y uno por la minoría; siendo así todas iguales en su representación de tres senadores. El peso de zonas profundamente conservadoras se siente, entonces, en forma muy marcada en este plenario. Y eso fue lo que pasó con el tratamiento del proyecto de legalización del aborto que terminó naufragando, sin dejar de reconocer que la Iglesia jugó fuerte sus cartas en el Senado y no en Diputados, precisamente por el tipo de composición que de ambas cámaras. También es dable plantear que el texto que se debatía presentaba serias fallas, cuestiones no contempladas, omisiones en cuanto a la operatividad y muchas aristas por limar, por lo que, aun no objetando la cuestión de fondo, hubo legisladores que no estuvieron dispuestos a aprobar una norma incompleta y con escasas posibilidades de llevarse a la práctica.
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¿El tema terminó? De ningún modo, si algo de positivo tiene el tratamiento de esta ley es que abrió un debate que permitió un análisis profundo de la cuestión, lográndose una votación, por primera vez, absolutamente transversal, pesando más la conciencia de cada uno que la obediencia partidaria. Y cierto es que una vez abierta la puerta al debate habrá otras oportunidades para tratar una ley que por un lado despenalice el aborto para la mujer y el médico tratante pero que también contemple cuestiones delicadas como la objeción de conciencia del profesional y de las instituciones, o los meses de embarazo que se admiten para esta práctica, asuntos que en el apuro por lograr consensos se emparcharon desprolijamente en Diputados. Al fin, del mismo modo que legalizar no implica obligar a abortar, no es admisible que un profesional o institución privada sean obligados a realizar la práctica. La objeción de conciencia va en los dos sentidos, tanto para decidir a abortar como a no ser parte de esa intervención.
El miércoles el tema movilizó a miles de personas bajo la lluvia frente al Congreso y en todo el país, mayoritariamente verdes favorables a la ley, aunque los celestes del rechazo también ganaron masivamente las calles.
Perlitas que hay siempre, en este caso abundaron. Desde un Carlos Menem que hizo un gran esfuerzo físico para ir a la sesión, pero se levantó antes de la votación. El viraje de Cristina Kirchner desde la negativa cerrada a votar a favor. Senadoras que confesaron que no tuvieron tiempo de leer la norma pero votaron igual. La misma presidenta de la Cámara Gabriela Michetti que no sabe todavía manejar el micrófono, sin darse cuenta que estaba abierto, insultó con grueso epíteto al presidente del bloque Cambiemos, Luis Naidenoff. En fin, fue una noche singular pero sobre todo histórica. Porque nadie, pensando retrospectivamente y a conciencia, podía imaginar un año atrás que en Argentina se debatiría la despenalización del aborto.
Ahora surge el interrogante de qué vamos a hacer mientras tanto se vuelva a tratar la ley el año que viene o el otro, porque el debate ya está lanzado y seguirá avanzando hasta que se logre algún tipo de resolución que acerque las partes.
Por un lado, corresponde que en este tiempo el proyecto sea revisado para subsanar todo aquello que no está claro o ni siquiera contemplado, porque si el texto es el mismo el año que viene, el tratamiento correrá la misma suerte. Porque mal que les pese a quienes están a favor de la legalización de una manera fundamentalista, radicalizada y casi obsesiva, muchos legisladores que votaron en contra no todos- estuvieron a la altura y no prestaron conformidad a un paquete cerrado, a una idea conceptual que incluso pueden compartir, sino que vieron la viabilidad del texto que particularmente se analizaba. A favor o en contra, hay una realidad que trasciende: no era una buena ley.
Pero hay otra labor por delante, que hace tiempo que está en espera y tal vez, este interludio hasta que se vuelva a debatir el aborto sea el momento más propicio; pueda ser que la inminencia de esta ley ponga a trabajar a los legisladores pro vida con más ímpetu en normas que incluso debieran salir antes que la del aborto legal.
Se necesita con urgencia una nueva norma para la adopción, que termine con la pesadilla que implica hoy dar en adopción y adoptar en la Argentina. Más aun, si a nuestros legisladores no se les cayera una idea en este espinoso tema, pueden mirar la legislación comparada, de países donde la adopción sí funciona.
Debe ser la adopción una opción real, viable y no traumática para el embarazo no deseado. Porque también hay mujeres embarazadas que no quieren criar a sus hijos pero tampoco quieren matarlo. Y porque hay miles de niños en guardas provisorias del Estado mientras que otras tantas familias llevan años sino décadas- esperando adoptar. Posiblemente, si se cruzaran las cifras de ambos registros, el resultado sería una cuenta saldada
Y lo otro que es imperioso es evitar el embarazo no deseado. Hemos empezado a buscar solución al problema del embarazo no deseado de atrás para adelante. Pues bien, ahora hay una nueva oportunidad para hacerlo bien y comenzar por el principio: lograr que se cumpla en las escuelas la Ley de Educación Sexual Integral, que es de 2006 (y ya debiera estar actualizándose), y no se aplica. Algunas de gestión privada se escudan en extrañas convicciones y no hay que permitírselo porque la norma es para todos. Pero en las escuelas de gestión pública, en las laicas, en las progre, tampoco está resuelta esta deuda, lo que habla en este caso de desidia y no de tabúes.
La sociedad, que las más de las veces va un paso delante que los dirigentes, entre los pañuelos verdes y los celestes -manifestación de visiones profundamente distintas- fue unánime en el reclamo por Educación Sexual Integral. Todos quieren que se aplique y la verdad es que se debe comenzar por cumplir las normas como ésta, que ya la tenemos y no la cumplimos.
Si es ley, debe cumplirse.
También en plan de no llegar al embarazo no deseado, hay que echar luz sobre la esterilización, una práctica que como el aborto, aunque en este caso se realice en hospitales y clínicas, también permanece en la clandestinidad, debiendo los médicos, cuando la mujer la solicita, enmascarar su realización con otro tipo de cirugía.
Educación Sexual Integral, nueva ley de adopción (sin hipocresías ni demoras) y esterilización voluntaria legal son parte también de la respuesta al embarazo no deseado. Si nadie quisiera estar en situación de solicitar el aborto es porque debiera ser la última de las soluciones. Pero para que ello suceda, primero deben salir a la luz estas normativas olvidadas. Ahora es el momento.
















