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El Niño, una vez más

26 de diciembre de 2015 a las 12:00 a. m.

Mientras en todo el mundo cumplíamos la tradición de esperar de manera opulenta el nacimiento del Niño Dios, los habitantes de localidades ribereñas de los ríos Paraná, Paraguay y Uruguay  a lo largo de tres provincias, sufrían los efectos de la llegada de otro niño. 

En la región noreste ya se presagiaba hace cinco días que esta Navidad sería triste y mojada por las fuertes lluvias y  las crecientes. En el resto del país, en cambio, hubo una subestimación sobre la magnitud de lo que allí estaba ocurriendo y como país nos volvió a sorprender la ferocidad  con que este fenómeno climático El Niño azota, cada vez con más frecuencia por cierto.

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No se podría haber evitado el fenómeno pero sí se podría haber accionado preventivamente en las zonas costeras, de manera de minimizar el riesgo de vida, ante todo, y morigerar las pérdidas materiales en segundo lugar. Dicho de otro modo, no se pensó que llegaría a mayores el asunto, arrasando el agua amplias zonas, y se perdió un tiempo dorado en que el desalojo podría haber sido más organizado. Cierto es, caber reconocer, que siempre hay resistencia de la gente a dejar el hogar hasta el último momento, pero al menos en este caso hubo un tiempo de gracia que en otros casos no existe y las casas se llenan de agua en cuestión de horas.

Chaco, Corrientes y Entre Ríos son las provincias más afectadas, y de estas, Entre Ríos está en una situación más complicada por su condición. Al día de ayer había más de 20 mil evacuados de los cuales la mayoría es de Entre Ríos y puntualmente de Concordia, donde se declaró la emergencia hídrica. Se trata de la mayor crecida de los últimos 50 años. Un  cuarto de la población está bajo las aguas. El Comité de Defensa Civil cree que se puede llegar a 15.50 metros. Por lo cual, la situación es cada vez más crítica. Los pergaminenses sabemos bien lo que es que el agua llegue al techo de la casa, perdiéndolo todo, porque lo hemos vivido en carne propia, en el dolor de los vecinos que hace años quedaron con lo puesto, tras un meteoro que inundó media ciudad.

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El panorama se complica más por la necesidad de la represa hidroeléctrica de Salto Grande de desagotar agua. La central opera con 35,50 metros y puede soportar hasta 38-39, aunque debe abrir compuertas antes para liberar presión. Cuando llegue a 37, comenzará a desagotar. Y la inundación será mucho mayor en campos y ciudad, como es obvio apuntar.

En Chaco, la emergencia hídrica se aliviaba suavemente, con un leve descenso del río Paraná. Pero los pronósticos oficiales hablan de una bajante que será lenta y que podría interrumpirse en las próximas semanas si se confirman las previsiones de grandes lluvias.

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Y superada la terrible instancia del agua al cuello, llega la no menos angustiante etapa del regreso al hogar. Y entre una y otra, la delincuencia más vil que ataca los hogares de los evacuados. Una vergüenza que llevamos en la conciencia de los argentinos, aprovecharse de los inundados para saquear sus pocas pertenencias mojadas. Por eso es muy difícil evacuar con premura en las zonas donde se anticipa la llegada de la inundación; nadie quiere dejar lo suyo hasta el punto de poner en riesgo la vida. Así vemos cómo  con cada fenómeno se lamentan muertos; en este caso son al menos dos  mientras que otro niño permanece de-saparecido.

Ante semejante crisis viajó a la zona afectada la vicepresidenta Gabriela Michetti junto con los ministros del Interior, Rogelio Frigerio, y de Desarrollo Social, Carolina Stanley, quienes recorrieron el área declarada en emergencia. Y el pedido de apoyo ha sido desesperado porque se calcula que con la continuidad de la crecida la cantidad de personas que van a tener que abandonar sus hogares puede ascender a entre 16 mil y 20 mil. De modo que deberán colaborar y mucho con estas provincias. La primera medida fue apostar dotaciones del Ejército en todas las ciudades afectadas, una fuerza viva preparada para atender los efectos colaterales de una inundación, a la par de los dispositivos locales de Defensa Civil.

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De sólo imaginar la situación que están pasando nuestros hermanos de otras provincias la piel se pone de gallina, vuelven nuestros recuerdos de nuestra gran inundación y de las dos menos agresivas pero más recientes que hemos padecido. Y aunque suene superficial, todo se percibe más triste y doloroso al coincidir con una fecha tan señalada, que hace evidente que hay una parte del país que ayer celebró jolgoriosamente  y otra que no. Siempre pasa, no para todos cada Navidad es una ocasión feliz pero cuando el motivo del pesar es tan masivo, es inevitable pensar en el momento que está pasando el otro. 

Cuando se logre controlar el agua, lo que aún está lejos de suceder, vendrá el día después, la ayuda, la solidaridad para reconstruir lo que el agua destruyó. Como se pueda y como dé lugar.

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Aparecerá también el balance que los protagonistas harán de la actuación de los nuevos funcionarios ante la contingencia. Como primer signo positivo, los gobernadores e intendentes están trabajando mancomunadamente y con gran comunicación con el Gobierno nacional, aunque, como es sabido, no comparten el espacio político. Veremos si pasada la urgencia, esta madurez democrática continúa, si todo vuelve a ser como antes o, lo que sería despreciable, algún actor se propone sacar tajada del asunto.

Una Navidad triste para gran parte de la Argentina, cada vez más azotada por estos fenómenos climáticos, que son inevitables, pero que tenemos que tratar con más respeto desde que se avizoran en el servicio meteorológico, aunque después terminen siendo una falsa alarma. Subestimarlos es el peor error.

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