El intento de Daniel Scioli por despegarse del kirchnerismo
El candidato presidencial del Frente para la Victoria da a cuentagotas los nombres de quienes compondrán su Gabinete si gana las elecciones. De los 15 dirigentes que ya tiene decidido, apenas cuatro fueron funcionarios de Cristina y ninguno pertenece a La Cámpora
Con los nombres que ha revelado, Daniel Scioli refuerza su autonomía ante el ultrakirchnerismo.
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La realidad supera en mucho a los analistas políticos que pronosticaban un Daniel Scioli condicionado por la presidenta y su séquito. En cambio, parece que se va a repetir lo sucedido cuando los politólogos creyeron que Néstor Kirchner iba a ser un Chirolita de Eduardo Duhalde y a los dos años, ya los K lo habían borrado de la provincia de Buenos Aires, que era su principal bastión.
El gobernador, tiempista si los hay, ya ha dado muestra que su estilo poco confrontativo no implica docilidad; recordemos si no la relación con su vice, Gabriel Mariotto, quien pasó de ser un jefe paralelo impuesto por la jefa de Estado a prácticamente desaparecer de la escena.
Si estas decisiones implican o no un conflicto en ciernes, jamás lo sabremos: si algo caracteriza al justicialismo es su espíritu corporativo que evita exhibir fisuras de cara a la sociedad. Mucho menos a días de un comicio. En caso de ganar, con el carro ya andando se irán acomodando los melones como reza el dicho. Entonces se conocerá la actitud a tomar por la militancia desplazada o desestimada. No obstante sus preferencias, Scioli tendría siempre en caso de ser gobierno- que digerir la presencia de los miles de funcionarios provenientes de La Cámpora que ya pertenecen a la planta permanente del Estado en todas las reparticiones del país, cuya estabilidad no está en juego.
Distinta será la suerte de los funcionarios políticos. Las tensiones ya se sienten en el ambiente oficialista, porque se preguntan si Scioli gana, ¿qué rol tendrá el kirchnerismo puro?
Porque las señales son claras: no hay dirigentes de La Cámpora, ni del cristinismo paladar negro entre los elegidos. En el gabinete que prometió armar si llega a la Casa Rosada, la gran mayoría es del sciolismo puro, gente que ya lo acompañó en la provincia o gobernadores del Partido Justicialista histórico. Este es el sector del peronismo que sin dudas aplaude los anuncios y espera ansiosamente una presidencia de Daniel Scioli más PJ y menos K.
Públicamente nadie se ha animado a la crítica, pero hay camporistas que cuestionan por lo bajo a algunos de los eventuales ministros: como decíamos respecto del espíritu movimentista, la orden es evitar complicar la elección del domingo. Pero seguramente, si hay triunfo, habrá planteos, que Scioli deberá prever como sortear si es que sigue como designaciones de este tenor. Cuando restan horas para los comicios presidenciales, la relación entre el sciolismo y La Cámpora, o entre el gobernador y Cristina Kirchner, no se modificó durante las últimas semanas, sino que se mantuvo tensa y ambivalente, como lo fue siempre, y como seguramente lo será en el futuro. No es difícil advertir que Scioli no era el sueño de Cristina como sucesor, pero todos los nombres que se hicieron circular a modo de globo de ensayo, arrojaron pésimos números. Entonces, el gobernador se erigió como el único candidato posible del sector. A su vez Scioli nunca ocultó sus aspiraciones presidenciales y entendió que en la actual coyuntura sólo le sería posible llegar con el kirchnerismo, no por fuera. En síntesis, fue para ambos una elección por conveniencia más que por convicción.
Toda discusión interna que pueda darse por los anuncios del gobernador se pospuso para la semana que viene. Para todos, primero está el partido y lograr el triunfo; después se discutirán los cargos. Si es que fuera posible un cuestionamiento ya con Scioli como máxima figura. El ya anunció prácticamente a todo su gabinete y uno de los pocos K que aparece es Diego Bossio, un dirigente que tiene buena imagen y que ha trabajado en proyectos importantes como el Procrear. El otro es Ricardo Echegaray pero en un puesto técnico, al quedar al frente de la Afip. El resto es bonaerense, como el jefe de Gabinete Alberto Pérez que irá al mismo cargo en Nación, Silvina Batakis a Economía igual que en la provincia y con el agregado, como decimos de algunos gobernadores. Evidentemente si gana Scioli el peronismo va a volverse más tradicional y más volcado al Partido Justicialista, herramienta que durante el kirchnerismo ni se utilizó prácticamente.
El compañero de fórmula de Scioli, Carlos Zannini, ¿correrá la misma suerte que Mariotto? El es ultracristinista y por ahora todo es amor y paz. Pero de triunfar la fórmula y continuar Scioli en esta tesitura, no pasará mucho tiempo antes de que el vice se encuentre solo y rodeado de figuras que no son de su estrecha confianza y que, huelga decir, atenderán directas órdenes del jefe. La realidad es que en el peronismo, si hacemos una revisación histórica, cuando gana un presidente la mayoría de los legisladores y dirigentes se encolumnan con el que triunfó, el doble comando que algunos pretendían tendría Cristina Kirchner sobre Scioli parece que la realidad lo desmiente.
En el entorno de Scioli también le escapan al conflicto. Rechazan la lectura de que el cristinismo esté excluido del gabinete y mencionan a Sergio Berni (Seguridad), Diego Bossio (Planificación) y Sergio Urribarri (Interior y Transporte) como representantes del ultrakirchnerismo en el elenco tentativo. Pero ninguno de ellos le pidió permiso a Cristina antes de aceptar el ofrecimiento. Diferente es el escenario en un eventual gobierno de Aníbal Fernández en la provincia de Buenos Aires. El actual jefe de Gabinete adelantó que quiere contar con dirigentes de La Cámpora en su estructura de gobierno. Y lo más probable es que si hay triunfo provincial se terminen refugiando ahí.
Las diferencias internas que suelen ventilarse, y que ubican en el sector más lejano al sciolismo al Cuervo Andrés Larroque y a Juan Cabandié, no significan, de todos modos, un quiebre interno en La Cámpora. Todos los jefes de la agrupación son orgánicos a la conducción de Máximo Kirchner y de Cristina. Aunque haya discusiones internas, ninguno de ellos amaga con romper y menos ahora, antes de una elección y de un posible reparto de cargos. Todos coinciden en que no tienen como objetivo formar parte de un gabinete sciolista, pero aclaran que tampoco hay una decisión de autoexcluirse. La definición depende de Scioli, afirman. La misión de la agrupación, agregan, es custodiar el rumbo de las políticas que se aplican desde 2003. Sin embargo es sabido que sin cargos, no se puede custodiar rumbo alguno, salvo que se paren en la Plaza de Mayo y hagan un piquete.
Si no es un piquete, alguna manera habrán de encontrar para hacer sentir su pez y sentir su peso sobre las espaldas de un eventual Scioli presidente. Están en el Congreso, pero desde allí, sin puestos con caja y poder de decisión, no les será fácil contener a las bases militantes que tanto han fagocitado en estos años en pos de la defensa del modelo si Scioli finalmente patea el tablero.















