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El Gobierno mira para adelante pero deja lastre en el presente

22 de abril de 2016 a las 12:00 a. m.

La ola de despidos no es una sensación, ni una exageración ni una chicana de un sector político a otro. Es una realidad. Negarlo o minimizarlo sería incurrir en la misma falacia del kirchnerismo con la inflación o la inseguridad. 

Para el oficialismo es un efecto indeseado pero natural, momentáneo, de las medidas que tuvieron que tomarse, según el Gobierno, para estar mejor a partir de unos meses. Para la oposición, es consecuencia directa de la política económica macrista, no es algo del momento y no pasará en breve.

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Lo cierto es que, primero en el Estado y luego en el sector privado mucha gente ha quedado sin trabajo. Y, por las perspectivas del mercado interno, pueden ser más en poco tiempo. 

Nadie puede ignorar que perder el trabajo para quienes son jefes de familia o aportantes al grupo familiar es una verdadera tragedia. Porque el puesto, el salario, es la diferencia entre la dignidad de vivir mejor o peor o pasar necesidades. Y no es solución para esta gente que se le diga que en la segunda mitad del año la economía se reactivará y habrá más posibilidades, sencillamente porque hoy, mañana y pasado debe darles de comer a los suyos, pagar servicios esenciales y alquiler en muchos casos. 

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El Gobierno ha sido lento a la hora de reaccionar frente al problema, porque aunque tenga la mira puesta en el segundo semestre del año, para quien perdió el trabajo no se trata de los meses por venir, necesita vivir hoy y sus hijos también. 

Este espacio de resolución de un problema tan serio fue ocupado por la oposición que, en su conjunto, volvió a viejos programas como reactivar la emergencia ocupacional, prohibir los despidos y poner en vigencia la opción de la doble indemnización. Podemos analizar la factibilidad de que esto dé resultados, sin embargo el tema urge y hay una mora en el oficialismo para encarar estos asuntos. Es como que han lanzado todas las medidas sin consideración del momento y sin contemplar acciones que amortigüen el efecto social, esto considerando que en sí mismas las decisiones son buenas y conducen a buen puerto. Aun siendo así, el mientras tanto debe ser atendido y esta es la pata que le está faltando a la mesa de Macri. Lo bueno es que la oposición, unida en este caso, sí se está haciendo eco del problema y atina una propuesta de solución, aunque tal vez no la más apropiada pero al menos levantando la voz, se mueve el avispero oficialista. 

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En la comisión de Trabajo del Senado la mayoría del Frente para la Victoria logró dictamen para su proyecto que prohíbe los despidos por 180 días y prorroga automáticamente por ese plazo los contratos que se venzan. Fue un debate paralelo al de Diputados, donde la comisión de Legislación del Trabajo, dio dictamen a un proyecto opositor de consenso, más extensivo: la prohibición de las cesantías llega al 31 de diciembre de 2017 y es, además, retroactivo al 1° de marzo. En este caso fue avalado por el Frente para la Victoria, el Frente Renovador, el bloque del Partido Justicialista, el socialismo y el delasotismo.

En ambas cámaras, Cambiemos, que está en minoría, intentó dilatar el debate, argumentando la necesidad de convocar antes al ministro de Trabajo, Jorge Triaca, y a representantes empresarios. Pero no logró el objetivo, porque el reclamo de medidas urgentes contra los despidos cobró fuerza en reuniones que unas tres semanas atrás mantuvieron con diputados y senadores los líderes de las cinco centrales sindicales. 

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Este avance implica un desafío para el gobierno macrista que, en caso de prosperar el proyecto, no lo convalidaría, es decir que pondrían a Mauricio Macri en la situación de vetar la normativa y enfrentarse al Congreso. Y a gran parte de la sociedad.

En los debates parlamentarios, el macrismo consideró inconstitucional la prohibición de despidos. Para Cambiemos, la doble indemnización (que rigió de 2002 a 2004) debería aplicarse recién si la desocupación sobrepasara el 10 por ciento.

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Antes de ingresar en la posición del oficialismo, que filosóficamente se opone a este tipo de medidas, debiéramos marcar algunas diferencias. Estas medidas pueden impedir que la avaricia de grandes empresas generen despidos porque no querer bajar precios ni rescindir ganancia, frente a la recesión quieren ganar lo mismo. Este desapego a participar del esfuerzo que está haciendo la sociedad argentina para iniciar un camino de desarrollo sustentable, no es nuevo, siempre han sido así. Y es hora que el presidente comprenda que frente a las mega empresas el Gobierno debe comenzar a hablar con otro lenguaje, como los economistas, politólogos y comunicadores le vienen reclamando.

En el caso de la pequeña y mediana empresa, que es la que sostiene buena parte del empleo y con enorme esfuerzo paga cargas sociales e impuestos, con ingresos cada vez menores porque operan en pequeños mercados de consumo, como sucede en Pergamino, quizá el procedimiento no sea adecuado. Si una Pyme llega a la instancia de tener que despedir a uno de sus tal vez 10 empleados, es porque ya no tiene de dónde achicar costos para poder estar en pie. Es eso o no pagar impuestos, es eso o reducir a todos la jornada, es eso o cerrar. Posiblemente incluso el propio titular de la Pyme se ponga a hacer el trabajo de su empleado con el fin de reducir al máximo los costos operativos. Es decir, el empresario Pyme o comerciante despide con dolor y después de haber intentado todos los otros caminos posibles. Despide porque cada vez vende menos y porque en su zona de acción no hay posibilidad de vender más que eso. Prescinde de un empleado al menos hasta que se cumpla la promesa oficial de estar mejor y poder tomarlo de nuevo. Tener que pagar, encima, una doble indemnización sería terminar de hundirlo. Para estos sectores no pueden correr las generales de la ley de emergencia ocupacional porque más que amortiguar el problema, lo ahondaría. Más que una ley para evitar despidos lo que necesitan todas las que no son grandes empresas es un paquete de medidas y exenciones provisorias que las ayuden a atraversar esta etapa dura sin necesidad de prescindir de sus empleados. 

Podemos discutir las herramientas a utilizar, lo que no se puede hacer es esperar a que el mercado solucione todos los problemas sin que el Estado participe, cuando vemos que el empleo se complica porque hay límites que ningún modelo económico debe traspasar. Y la falta de trabajo es uno de ellos, porque es un drama social y una invitación al conflicto permanente.

Siguiendo con su pensamiento liberal el presidente cuestionó las iniciativas que sectores de la oposición impulsan en el Parlamento, aunque prometió abrir la discusión para subir el seguro de desempleo, que está congelado hace varios años. Esta es una iniciativa importante sobre la que no habría que abrir la discusión sino tomar una decisión en forma urgente. En definitiva es el modo que todo el mundo capitalista tiene de atravesar los momentos difíciles en materia de desempleo. Acompañado por la gobernadora bonaerense María Eugenia Vidal, Macri dijo que su “compromiso es generar trabajo” porque “es el camino para salir de la pobreza”. “Pero no es la forma imponiendo leyes que ya utilizamos en el pasado”, dijo, en una clara alusión al reclamo de la oposición y de algunos sectores gremiales por la ley de emergencia ocupacional. El jefe de Estado insistió en que su Gobierno generará trabajo con más producción y no por la vía de la arbitrariedad e imposición de leyes que nos alejen de ese futuro.  “No hagamos cosas que no sirven”, enfatizó.

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Desde el punto de vista teórico lo que dice Macri es atendible, pero no logrará evitar que se aprueben normas en el Parlamento sobre la cuestión. Si no es esa la medida que considera adecuada, deberá tomar otras, pero debe hacer algo, no esperar a que el país empiece a producir para que los desempleados de hoy se vuelvan a emplear. El hambre, la familia, la vivienda es hoy, aquí y ahora. 

Si el oficialismo no toma decisiones como lograr que el seguro de desempleo se parezca a un salario, hasta que los despedidos obtengan un nuevo empleo, en el marco de la reactivación que el Gobierno propone, la situación social irá de mal en peor y, políticamente hablando, las mayorías harán los suyo en el Congreso, capitalizando el favor social.

Una vez más, nos encontramos con la mora del macrismo para encarar situaciones sociales nacidas de las políticas económicas aplicadas y respecto de las que hay esperar resultados en el tiempo, sin sostén para el mientras tanto. El desempleo urge ahora, esas familias que quedan sin el amparo de un salario, deben ser resguardadas por un seguro de desempleo, con otras normas como las que plantea el Congreso o con lo que pudiera surgir en el debate político. Que no debería ser muy extenso porque el problema existe, lo que se puede debatir es cómo resolverlo de la mejor manera.

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