El fantasma de fin de año y los dineros que se ponen sobre la mesa
Se acerca diciembre, un mes que desde aquel fatídico 2001 -y algunos episodios posteriores para la misma fecha- es como un cuco para la clase política. Como si el fin de año trajese por sí solo la explosión de los malos humores sociales acumulados durante los meses anteriores.
No hay una lógica explicable en esto, sencillamente se teme que algo suceda, que fuerzas del Conurbano francamente opositoras agiten a la gente, que haya saqueos o incidentes. Es un complejo que, por otra parte, lo vemos en gobiernos no peronistas, como el actual, porque el fantasma PJ fuera del poder también incide. Lo padeció Alfonsín, De la Rúa hay historia que abona estas teorías conspirativas.
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Si bien no hay una teoría científica que avale el cambio de clima social y político que se da en diciembre, es perceptible que hay un impulso que tracciona todas las acciones a esta altura del año, que viene dado por los gremios y movimientos sociales. Sin decirlo, está implícito que es el momento en que tienen la sartén por el mango porque, a los ojos de la dirigencia política y con la historia a cuestas, tienen el as en la manga, valga el juego de palabras.
Lo cierto es que en plena crisis y mientras la clase media se siente jaqueada por el aumento a los servicios y la lucha por el pago de Ganancias donde hay debate pero aún no se resuelve, las organizaciones sociales hacen su agosto. Se transforman en la vedette de la temporada, no porque no haya sectores de bajos recursos que no estén padeciendo, es claro, pero a veces la representatividad de estos agrupamientos son cuestionables, pero ante el temor del Gobierno obtienen hasta lo que, en realidad, no están en condiciones de darles. O aquello a lo que se han negado sistemáticamente todo el año, tal el caso de la declaración de emergencia económica.
En este clima enrarecido de cada fin de año, Macri no fue la excepción y al fin cedió a los reclamos; además de los bonos, alcanzó un acuerdo con las organizaciones sociales y con la oposición para sancionar antes de fin de año una ley de emergencia social y una reforma de Ganancias. Los dos temas fueron incluidos en sesiones extraordinarias, a las que el presidente convocó por decreto, como marca la norma. Esto además de muchas previsiones materiales que -se sabe- se tienen en la gatera para atender reclamos puntuales que puedan darse, en el Conurbano especialmente.
El acuerdo por la emergencia está más avanzado y quedó plasmado en un acta compromiso firmada en el Ministerio de Trabajo con los referentes de las organizaciones que convocaron a la movilización del viernes: Barrios de Pie, la Corriente Clasista y Combativa y la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular.
Sobre la base de lo obtenido se acuerda declarar la emergencia social por tres años, se crea un registro y un consejo de trabajadores de la economía popular, y se comprometen aumentos millonarios en partidas sociales, de más de 30.000 millones de pesos hasta 2019. En cuanto a la reforma de Ganancias, se llegó a un acuerdo sobre el cronograma de tratamiento, pero no sobre el contenido, donde la oferta del Gobierno es bien magra. Porque la realidad es que como siempre decimos, la frazada es corta, y hay sectores que terminan pagando los platos rotos de esta situación, como la clase media.
La oposición negocia una propuesta común, con cambios más profundos que los del proyecto oficial, pero veremos de dónde salen los fondos para tanto.
El tratamiento de Ganancias y de emergencia empezará la semana que viene. El martes, en una reunión informativa, un plenario de comisiones tratará la reforma del impuesto. La idea es que haya dictamen el jueves 1° de diciembre y que las dos iniciativas se debatan en el recinto el martes 6.
Además de extender la emergencia social hasta diciembre de 2019, se acordó una serie de puntos. Unificar y elevar a 4.000 pesos por mes los programas Argentina Trabaja, Ellas Hacen y Trabajo Autogestionado, hoy con beneficios de 3.450 pesos por mes. Los titulares de esos planes van a cobrar un bono de fin de año de 2.030 pesos, antes del 29 de diciembre. Se dispuso un aumento del 40 por ciento en las partidas correspondientes a comedores comunitarios y del 63 por ciento en las destinadas a merenderos comunitarios. El Ministerio de Desarrollo Social distribuirá además un millón de canastas navideñas. Respecto del bono de fin de año para beneficiarios del pago por hijo, el Gobierno mantuvo la oferta de 1.000 pesos por familia y 250 pesos extras a partir del segundo hijo.
El desembolso comprometido es de 30.000 millones en tres años, que se suman a los 17.000 millones ya presupuestados para 2017. Si se usaran para crear puestos de trabajos en cooperativas, podría pasarse de los 300.000 actuales a más de 500.000.
Cuesta creer que si el Gobierno estuviera en condiciones de hacer estas erogaciones no las hubiese hecho antes; suena más bien a pánico escénico y a un óptimo uso, cuasi extorsivo, de algunos sectores que agitan fantasmas de un 2001 del que, a Dios gracias, lejos estamos. Vivimos una crisis muy profunda, sin dudas, pero no tiene nada que ver con aquella; entre otras cosas porque el camino de saneamiento, aunque doloroso, ya empezó, hay buen pronóstico, en muchos aspectos esta crisis encontró a un país entero y, más allá de las diferencias, hay acuerdo entre los sectores políticos de apuntalar constructivamente el camino iniciado por Cambiemos.
Es curioso que los mismos que azuzan al Gobierno con lo que podría suceder en diciembre si no se da tal o cual cosa, abiertamente se pronuncian en pro de acompañar, dialogar y no entorpecer la gestión, léase gremios y organizaciones sociales. Es decir, ni ánimos destituyentes ni clamor de que se vayan todos. Sin embargo, como un acto reflejo, llega diciembre y los políticos se crispan y atemorizan. Hasta podríamos decir que la histórica frase de Alvaro Alsogaray que es parte de la jerga político económica, hay que pasar el invierno ha mutado a hay que pasar diciembre. Y esto sucede en todos los estamentos; incluso en Pergamino sabemos que el intendente Martínez tiene hechas algunas previsiones por eventuales focos conflictivos.
Fíjese el lector cómo es de palpable este temor, a un punto ya patológico, que para la tapa de la revista Gente, con los personajes del año habían sido citados desde Mauricio Macri hasta Rodríguez Larreta pasando por María Eugenia Vidal. A último momento todos se bajaron de la tapa, precisamente porque temieron, según trascendió, que si se desataba algún incidente de fin de año, estuvieran en los kioscos las tapas de las revistas con todos ellos sonrientes.
Otra curiosidad es que el Gobierno también se arrogaba un triunfo tras el acuerdo por la emergencia alcanzado con las tres organizaciones sociales. El proyecto de las organizaciones era provocador, solo buscaba complicar el fin de año, dijeron. El tufillo a extorsión, mezclado con el complejo y temor del oficialismo está más que claro.
















