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El efecto nocivo de la desigualdad

18 de mayo de 2023 a las 12:00 a. m.

La desigualdad social y económica conspira contra cualquier intento de vivir en armonía en una sociedad.

Y lo que es peor, la enorme disparidad de recursos y oportunidades entre distintos grupos tiende a generar un círculo vicioso que se perpetúa, provocando fracturas donde debería haber entendimiento, acuerdos, puentes y cooperación.

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Se suele decir que el mal de muchos es consuelo de tontos. Es cierto. Las penurias y los infortunios no son menos dolorosos para quien los padece por el simple hecho de saber que hay otros tantos que sufren lo mismo. Hecha esta aclaración, se puede señalar, por ejemplo, que las diferencias entre los niveles de renta, capitales o patrimonio entre unas y otras personas no es un problema exclusivo de nuestro país, sino del mundo entero. Pero eso no es todo. En las últimas décadas ese problema se ha acelerado tanto a nivel global que organismos como el Banco Mundial y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (Ocde) encendieron luces de alerta con informes en los que recomiendan prestar más atención al fenómeno. No son las únicas voces, por cierto, que se manifestaron para expresar la preocupación por la magnitud que cobró el asunto. La lista es larga, pero se podría mencionar entre otras voces las de publicaciones insospechadas de ser anticapitalistas, como The Economist o el Financial Times, además del economista y politólogo británico, James A. Robinson -coautor del libro "Por qué fracasan los países"- que avisa a quien quiera escuchar que demasiada desigualdad se transforma en un factor que es muy corrosivo para la sociedad. Según Robinson, es la actividad política la que debe comprometerse a revertir esa grave situación ya que, en su opinión, el proceso político es el que crea la estructura económica de las sociedades. Y hablar de política nos lleva a preguntarnos cuáles son las razones por las que los sistemas democráticos parecen no tener respuestas para reducir la desigualdad social. Podemos pedir ayuda al politólogo polaco Adam Przeworski, autor de "Qué esperar de la democracia. Límites y posibilidades del autogobierno", donde plantea, entre otras cosas, que la desigualdad económica tiene mil maneras de influir e inclinar balanzas en el terreno político: "el dinero -observa Przeworski- tiene incontables maneras de infiltrarse en la política". "Conceptualizada como 'corrupción', la influencia del dinero se convierte en algo anómalo, fuera de lo normal", sostiene. Y agrega: "la corrupción de la política por el dinero es un rasgo estructural de la democracia en las sociedades económicamente desiguales".

En la Argentina, en el año 1974, el porcentaje de la población que vivía por debajo de la línea de la pobreza no superaba el 8 por ciento. En esa época, el desempleo estaba por debajo del 3 por ciento. En opinión de algunos economistas, el declive comenzó con el modelo de fuerte reducción de la capacidad industrial del país que impuso la dictadura en 1976 y que inauguró un período de enorme retroceso para amplios sectores de la población a los que empujó a una zona de subsistencia. Se suponía que la democracia iba a resolver esos problemas o, al menos, no los empeoraría. Sin embargo, eso no ocurrió. América Latina no es la región más pobre del planeta sino la más desigual y dentro de ese fenómeno en las últimas décadas la Argentina, salvo unos breves períodos, ha profundizado cambios en su estructura social y económica que la asemejan más a otros países del vecindario. ¿Qué puede suceder con una democracia que no da las respuestas que la ciudadanía espera, especialmente en lo relacionado a las condiciones materiales de vida de buena parte de la población? ¿Es casual que se instalen ideas extremas como la eliminación de la escuela pública y que sus predicadores ganen simpatía en un electorado hastiado de padecer recurrentemente los mismos problemas?

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Según la Ocde un niño que nace en un hogar vulnerable de la Argentina necesitaría al menos seis generaciones para salir de la pobreza. El dato, además de ser sumamente preocupante, obliga a plantear debates serios sobre el problema de la desigualdad y del impacto que la falta de equidad tiene sobre el conjunto de la sociedad.

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