El diálogo es el mejor camino y Macri lo eligió
Mauricio Macri ya es el nuevo presidente de los argentinos, algo impensado años atrás cuando su alta imagen pública se replicaba sólo en la Ciudad de Buenos Aires. Y cuando hizo la campaña planteando un cambio corrió un riesgo importante, porque había sectores que no quería que se produjera y porque muchos sectores le tienen miedo a la palabra cambio, porque van hacia algo nuevo y desconocido y a veces eso genera cierto resquemor.
Pero Macri mostró que sí se puede, como le cantaban en la Plaza de Mayo sus seguidores tras la asunción presidencial y cuando salió al balcón. Que las ganas de tener otro país fue mayoritaria y que sus primeros pasos fueron acertados, sobrio discurso, pidió la unidad varias veces, se mostró claramente dialoguista y con intención de ir cerrando la grieta generada durante el gobierno kirchnerista, situación que, como tantas otras, no se produce de un día para el otro.
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Supo eludir las intenciones de Cristina Kirchner que venía preparando todo para que la fiesta de asunción estuviese cubierta de su gente, para aguarle la asunción a Macri. Obligada por la Justicia a irse lo único que pudo hacer fue negarles la asistencia de los legisladores k pero fue la peor decisión, porque el peronismo tradicional estuvo presente y esas ausencias no se sintieron como hubiera sido su intención.
En sus primeros momentos vimos a un presidente que habló sobriamente que es de agradecer, que al mencionar los problemas concretos del país elude echarle la culpa a nadie. Un presidente que saludó como corresponde a las delegaciones extranjeras y no hizo excepción de trato con nadie, aun cuando se sabe que entre esos dignatarios había algunos más cercanos a él que otros con quienes tiene diferencias ideológicas.
Se puede definir que lo que más sorprendió del flamante presidente fue la normalidad con que todo se desarrolló.
Las prioridades que estableció fueron la pobreza, el narcotráfico y la unión nacional, también la política exterior y el concepto de tolerancia cero a la corrupción. Fue muy clara su postura respecto de una justicia independiente. Se trata de una notable modificación en el sistema de valores del Gobierno. No quiero una justicia macrista. Y fue justo el día en que se despedía de la Justicia el juez Carlos Fayt, uno de los pilares más sólidos que tuvo la resistencia judicial al mandato de Cristina de que tenía que retirarse cuando ella lo decida.
Y en su primer día de mandato tuvo un gesto fundamental, aunque también tenga necesidades de consenso en el Parlamento, realizó una serie de reuniones con los candidatos presidenciales de las últimas elecciones, en busca de apoyo legislativo para el paquete de medidas económicas que enviará al Congreso.
Precisamente fue un acierto para su gestión no convocar a una prórroga de las sesiones de ambas cámaras, porque si antes no inicia un diálogo fructífero, sus primeras iniciativas pueden ser resistidas por la mayoría que tiene la oposición y eso dará una muestra de falta de gobernabilidad que no hará bien en el inicio del mandato. El presidente ya les comentó a sus allegados que su primera ley es una batalla clave que no puede perder ante el escenario de fragmentación que le espera a nivel legislativo. Aunque no está definido aún el cronograma, en el Gobierno preparan una batería de medidas para la que necesitarán aval político y las primeras reuniones de Macri tienen como eje seducir desde la convocatoria al diálogo a los referentes de las fuerzas políticas opositoras.
Por eso se reunió con los excandidatos presidenciales comenzando por Daniel Scioli, luego Sergio Massa y todos menos Nicolás del Caño de la Izquierda que declinó la invitación. Hoy hará lo propio con los gobernadores que son, en definitiva, quienes acuerdan con sus legisladores qué votar y qué no. En ese marco buscará seducir a los mandatarios provinciales respecto de las medidas que debe enviar al Congreso. Comenzó recibiendo a la oposición y dialogando, algo que hace muchos años no se veía en la Casa Rosada.
El plato fuerte de las primeras reu-niones llegará hoy, como decimos, con un almuerzo con los gobernadores, a las 12:00. Según confiaron fuentes del Gobierno, el presidente prevé anunciarles que abrirá el debate por una nueva ley de coparticipación, aunque reconoce que será un anzuelo mientras diseña el modo de hacer efectivo el fallo de la Corte que ordenó devolverle el 15 por ciento que le retenía la Nación a San Luis, Córdoba y Santa Fe. El otro tema de debate será una amplia reforma electoral, para la que necesitará el aval de las provincias, no sólo por la mayoría calificada que requieren los cambios del Código Electoral, sino porque pretende incorporar, además de la boleta electrónica, la unificación del calendario.
Obviamente que las reformas económicas no van a estar ausentes, porque allí necesitará de la buena predisposición de muchos gobernadores peronistas, algunas modificaciones serán un poco resistidas quizá, pero mucho más una reforma electoral que compromete a un cambio de estilo a mandatarios que hace años hacen gala de todas las mañas. Pero el diálogo es el mejor camino y Macri lo ha elegido.











