El desarrollo de la IA como terreno para propiciar la igualdad de género
Las cuestiones de género atraviesan todas las dimensiones de la vida cotidiana y la tarea de educar para el mundo del trabajo y la inserción profesional no es la excepción. Para lograr que las mujeres participen activamente del mercado laboral en campos estratégicos es clave, por un lado, impulsar su inserción en carreras Stem (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas), y alimentar su vocación relacionada a estas áreas; y por el otro, sostener y amplificar programas de formación gratuitos que las aproximen al primer empleo o la vuelta al trabajo después de la maternidad.
Hay estudios que muestran que, internacionalmente, las mujeres obtienen menores remuneraciones, ocupan menos posiciones de liderazgo, y participan menos de los campos considerados estratégicos en los procesos de desarrollo.
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De acuerdo a la Unesco, en el mundo, las mujeres representan solo 35% de quienes cursan estudios de enseñanza superior en el campo Stem, y menos del 30% de ellas, forman parte del conjunto de investigadores científicos. Si se considera que las brechas de género reducen las posibilidades de innovación y de nuevas perspectivas para abordar los desafíos actuales y futuros, la cuestión resulta prioritaria al momento de planificar políticas públicas y educativas.
En un contexto atravesado por la transformación tecnológica y la irrupción de la Inteligencia Artificial (IA), esta cuestión amenaza con profundizar la desigualdad.
Acotando la reflexión a los aspectos concernientes a la IA, el sesgo de género puede afectar desde los datos utilizados para entrenar los sistemas, hasta los algoritmos utilizados para tomar decisiones. Este tema que suele pasar inadvertido, no resulta menor. Son diversas las voces que señalan con preocupación que las mujeres en la IA pueden enfrentarse a prejuicios en la contratación, la promoción y el reconocimiento. Los estereotipos sobre las capacidades e intereses de las mujeres pueden dificultar que se las tome en serio en el campo de la IA. Quienes plantean esta postura ponen el ejemplo de Alexa y Siri, asistentes digitales, para marcar que son mujeres y se las asocia solo a las tareas del cuidado y la ayuda. Lo que puede resultar un dato ilustrativo o de color, encierra una concepción con otras implicancias.
En el marco de la enorme diversidad de cuestiones que incluye la discusión social sobre la igualdad de género, es importante no eludir esta dimensión y abrir espacios de reflexión que contribuyan a pensar la educación y la tecnología desde una verdadera perspectiva de género.
Incluir a más mujeres en el campo de la IA puede ayudar a garantizar que los sistemas sean más precisos y justos. Ofrecer herramientas para desnaturalizar estos sesgos y reivindicar conocimientos técnicos y socio-emocionales son otra forma certera de disminuir la brecha existente.
Acercar a las mujeres al mundo de la Inteligencia Artificial es crucial por varias razones. En primer lugar, propicia la equidad de género, entendiendo la igualdad de oportunidades como un principio fundamental de cualquier sociedad.
En segundo término, brindar formación en IA a las mujeres puede contribuir a cerrar la brecha histórica que ha existido en el campo tecnológico. La participación equitativa de las mujeres en la IA es esencial para asegurar que la toma de decisiones y la innovación reflejen una variedad de perspectivas.
Del mismo modo, la mujer con protagonismo en el terreno de la IA puede favorecer la mejora en la calidad de los productos. Cuando los equipos de desarrollo de IA incluyen a mujeres, hay una mayor probabilidad de que la resultante sean diseños que tengan en cuenta las necesidades y experiencias específicas de todas las personas.
En otro orden, la inclusión de mujeres en la IA fomenta la innovación al abrir nuevas perspectivas y enfoques para resolver problemas.
Asimismo, la formación en IA proporciona a las mujeres habilidades valiosas y demandadas en el mercado laboral actual y futuro, algo que impacta directamente sobre las posibilidades de inserción en un terreno estratégico.
El campo tecnológico no es el único en el que las brechas están, aunque resulten prácticamente invisibles. Poner el foco en ellas, en tiempos en que la IA ocupa la centralidad de las miradas en el terreno de la conversación pública en términos educativos, resulta por lo menos necesario. Achicar esa brecha puede ayudar a cerrar otras, permitiendo que más personas participen en la economía digital y se beneficien de las oportunidades laborales asociadas.
Formar a las mujeres en Inteligencia Artificial es esencial no sólo para abordar cuestiones de equidad de género, sino también para aprovechar plenamente el potencial de la tecnología y promover una sociedad más inclusiva y justa. Es por ello, que el debate educativo no puede excluir esta cuestión. Por el contrario, debe promoverla para impulsar la vocación de las niñas y jóvenes en el mundo de manera temprana y generar espacios de aprendizaje desde los primeros años de la escolaridad primaria, hasta la Universidad.
Como sucede con otros conocimientos, cuanto más temprana sea la vinculación de las mujeres con la tecnología y su potencialidad, más fácil será el acompañamiento de sus diferentes intereses, y conocimientos a lo largo de su recorrido educativo y desarrollo profesional. Si estas competencias se imaginan solo privativas de los hombres, la consecuencia será siendo la exclusión o en el mejor de los casos "la excepción" que confirma una regla que como sociedad, en este y otros campos, estamos convocados a revertir para que el mundo tecnológico sea accesible a todos.














