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El cierre del tema holdouts marca el inicio de la era económica de Macri

15 de abril de 2016 a las 12:00 a. m.

Las decisiones del Parlamento, en consonancia con un pedido del Poder Ejecutivo, para modificar normas que impedían el acuerdo con los holdouts, dieron sus frutos. Ayer la Justicia de Estados Unidos despejó el camino para que la Argentina regrese a los mercados financieros internacionales, coloque deuda para pagar los acuerdos pendientes y termine el default de fines de 2001. Dicho en términos coloquiales, ahora que acordamos con nuestros deudores, otros jugadores del mercado ven a nuestro país como un deudor fiable como para prestarnos dinero.

En definitiva la Corte reafirmó la orden del juez Thomas Griesa, que levanta las cautelares para que por fin puedan volver a cobrar los bonistas que habían regularizado su situación en los canjes de 2005 y 2010, a quienes se les dejó de abonar a menos que la Argentina les pagara también a los acreedores del país que obtuvieron sentencias a su favor (los “buitres”).

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Al cumplirse un objetivo en el cual el Gobierno ha puesto sus principales expectativas, un hecho en el cual ha cifrado toda posibilidad de salida de la crisis, el equipo económico liderado por el ministro Alfonso Prat Gay celebró en Nueva York. En simultáneo, se acabaron las prerrogativas para activar el modelo económico en que Macri basó su plataforma.

Inmediatamente después al anuncio, los operadores económicos del Gobierno empezaron a promover la colocación de deuda necesaria para obtener el dinero para pagarles a los acreedores, incluidos los fondos buitre liderados por NML.

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La idea es pagar a los holdouts el viernes 22, tras la colocación de deuda y ahí sí, dejar atrás casi 15 años de default, primero total y luego selectivo. Y sobre la base de esta premisa, el Gobierno planea volver al crédito y apelar a la inversión externa e interna. El fallo confirmó el claro respaldo de la Justicia de Estados Unidos al giro de política del gobierno de Mauricio Macri respecto de los acreedores. Lo que nos permite retornar a los mercados financieros internacionales y terminar de reparar el default declarado por el Congreso a fines de 2001.

Mauricio Macri se mostró entusiasmado por la posibilidad de cerrar con los fondos buitre y aseguró que “la Argentina ha vuelto a ser parte del mundo”. Esta es la principal apuesta del Gobierno, que considera que pagar a los holdouts es el inicio de un camino de crecimiento para el país.

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A partir de este momento, y de cumplirse con todo lo anunciado en relación a este paso, el Gobierno podría entonces desarrollar los planes que tiene en carpeta, siendo el más importante la baja de la inflación y lograr inversiones. Lamentablemente, la otra “pata” del plan tendiente a equilibrar las cuentas del Estado, se aplicó antes de cualquier mejoría para el consumo y el trabajo que podría haber supuesto implicar la llegada de inversiones. Hablamos del ajuste y el sinceramiento de tarifas. Este desfase temporal entre lo malo y lo bueno del plan, su orden de aparición en escena, está siendo demasiado duro. 

En principio, en lo que respecta a la inflación, principal preocupación de los argentinos, esperan que las medidas monetarias (menor emisión de moneda) y la recesión producto del sinceramiento de tarifas y las paritarias retrasadas, obliguen a un estancamiento de los precios, el que según el Gobierno se producirá  en el segundo semestre del año. Pasaríamos del 4- 6 por ciento de inflación, dicen, al 1,5. La verdad es que los especialistas en economía consideran la meta demasiado aventurada y hablan de que se puede lograr un 2 a  2,5 por ciento. De cualquier manera bajará la presión enorme que el alza de precios, sobre todo en los alimentos, que tanto preocupan a los sectores de salarios fijos y a quienes están sobre la línea o por debajo de la pobreza.

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La cuestión de las inversiones, el otro objetivo del Gobierno es un fenómeno más complejo, porque una cosa es colocar bonos, que en este momento rinden bien en los mercados, y otra cosa es que los capitales vengan en un plazo perentorio. La baja inflacionaria y la estabilidad jurídica y política serán claves para que la Argentina se vuelva atractiva, no sólo el pago a los buitres, aunque esta era condición inicial y necesaria.

Lo primero que se abre, de momento y no es poco, es la posibilidad de obtener créditos internacionales a tasa baja, para obras de infraestructura y otras necesidades para el desarrollo de las distintas regiones. Así, por ejemplo, la provincia de Buenos Aires que obtuvo permiso de la Legislatura para endeudarse, ha lanzado un plan de obras muy importante para comenzar a terminar con el flagelo de la inundación y lograr una gran conectividad con rutas en todo el territorio bonaerense. Y del mismo modo el resto de las provincias harán lo propio en la medida de sus posibilidades.

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Hay otra cuestión para advertir, porque durante las votaciones en el Parlamento para destrabar el pago a los fondos buitres se agitó claramente el fantasma de quienes no ingresarán a este último pago. Si se generarán nuevos juicios y la Argentina volviera a estar enredada en un default selectivo.

Precisamente, la decisión de los jueces norteamericanos también implica un duro golpe para los acreedores que aún no han cerrado acuerdos con el país, entre ellos algunos fondos “me too” (yo también) y bonistas minoristas que compraron sus bonos antes del default a precio pleno. Para estos, el fallo implica la pérdida de todo poder de negociación y los deja frente a la solitaria opción de aceptar la propuesta oficial presentada por el Gobierno el último 5 de febrero. De modo que no parece que haya un panorama de nuevos conflictos con fondos especulativos. Este sería el final.

La cuestión política ahora para Mauricio Macri es demostrar en los próximos meses que el camino que ha elegido para la marcha del país da los resultados esperados. Ya no se podrá recurrir a la “pesada herencia” –sobre la que ya se aplicaron los ajustes de rigor- ni al aislamiento crediticio. La sociedad ya está haciendo lo suyo soportando estoicamente los ajustes en un ámbito inflacionario y sin actualización de salarios; la oposición hizo su parte en el Congreso; la Justicia de Estados Unidos nos habilitó el crédito. Ahora es el turno del Gobierno propiamente dicho de comenzar a exhibir  las bondades de su plan modelo económico. 

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