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El campo como generador de empleo directo e indirecto

18 de junio de 2015 a las 12:00 a. m.

Una de las creencias generales del ciudadano es que el campo produce divisas pero no es generador de empleo, que la tecnificación agropecuaria expulsó en su momento mucha mano de obra del sector. Eso creó la idea de que no es un rubro con el cual se pueda reactivar el empleo.

Sin embargo, la conclusión de un trabajo elaborado por economistas de la Fundación Argentina para el Desarrollo Agropecuario que se presentó esta semana en la Cámara de Diputados desmiente la idea y plantea, por el contario, que en cuatro años podrían generar no menos de 500.000 puestos de trabajo directos e indirectos en granos, carne, lácteos y economías regionales. Pero sostienen que para llegar a esa cifra, deberían dejar al sector hacer lo que mejor sabe, que es producir más y con valor agregado.

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Según el informe, esa cantidad de nuevos puestos de trabajo podría abrirse si se eliminaran o redujeran los derechos de exportación a los cultivos, se terminara con el control de las exportaciones que se ejerce con el ROE y se reintegrara el IVA, entre otras medidas.

Los cálculos sobre el empleo en el sector están tomados, obviamente, entre directos e indirectos, como por ejemplo se incluye desde los que cosechan frutas hasta los que fabrican sembradoras, los camioneros que las transportan, el que envasa productos naturales conservados, de manera que afirman que hay 2,7 millones de trabajadores que pertenecen a la agroindustria. No es poco.

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Esta cifra hace unos años empataba con los empleos públicos que representaban hasta 2006 unos 2,5 millones de salarios. Hoy hablamos de 3,7 millones de trabajadores. Y cuando el Estado crece tanto y el privado no crece o, peor aun, decrece, es porque hay un serio problema de inversión que solucionar. O más bien, un ahogamiento a las empresas que no les permite crecer en igual proporción.

Este es uno de los desafíos del gobierno que suceda a Cristina Kirchner: que se generen más empleos privados. Para ello es indispensable también atacar la inflación para dar un marco de previsibilidad que atraiga capitales nacionales o extranjeros. La cuestión del dólar, cepo incluido, es otro punto en el que hay que encontrar el rumbo que nos reinserte competitivamente en el mundo; no se puede seguir mucho tiempo más con este enjambre en el que conviven el dólar oficial, el blue, el dólar ahorro, el tarjeta, el contado con liquidación y tantas cotizaciones como rubros hay en la economía. Son todas deformaciones propias de un mercado muy controlado. 

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En síntesis, se impone la necesidad de hacer retoques al modelo, con menos trabas y más expansión para que la situación mejore.

La problemática sobre de dónde sacar los recursos que le falten al Estado si se bajan las retenciones, asunto no menor cuando se ha incorporado ese ingreso de divisas al funcionamiento general del país, tiene una respuesta: hay que compensarlo con el incremento de la producción, lo que además redundaría en más aportes por Ganancias. Es cuestión de hacer números y ver la conveniencia de fomentar el crecimiento privado que, naturalmente, redundará en un crecimiento de las arcas del Estado, pero no con retenciones compulsivas sino más naturalmente, por crecimiento y mayor producción. Además, si de obtener recursos se trata, hay aun sectores de la economía que no tributan y no son precisamente productivos, como el juego o la renta financiera.

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Obviamente ante estas propuestas los diputados se comprometieron a legislar para fomentar políticas públicas que alienten la producción agropecuaria, pero le pidieron menos informalidad al sector que tiene elevada tasa de empleos en negro. Y pusieron como ejemplo que de 25.000, trabajadores de la yerba mate, solo están en blanco 5.000. Esta es sin dudas una histórica asignatura pendiente de campo para con su gente, como un estigma cultural que debe erradicarse definitivamente.

En detalle, el trabajo de esta consultora estima que el aumento de los puestos de trabajo en el agro podría darse un tercio en granos, un tercio en carnes y otro tercio en las economías regionales. Y advierte que por la caída de la producción, se habrían perdido 300.000 puestos de trabajo en los últimos cuatro años. Con la eliminación de las trabas, creen que podría aumentar 40 por ciento la producción de leche y crecer 12 el stock ganadero.

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A nuestra zona y a Pergamino en particular nos convienen todas las políticas que apoyen la producción de granos y carnes, porque somos un foco de ambos aspectos de la producción del campo.

Sin dudas que tanto los hombres del agro como los de la industria, el comercio y el ciudadano de a pie, están muy atentos más que a las elecciones en sí mismas, a los cambios que se pueden venir en la economía. Esta es la realidad, porque de esos cambios y su impacto depende su nivel de vida y sus posibilidades de compra o ahorro.

Sin embargo, para que haya modificaciones en las condiciones económicas, de las exportaciones, o en el fomento de la agroindustria y de la producción primaria misma o en el dólar, habrá que esperar al próximo gobierno.

 

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Hasta diciembre que no asuman las nuevas autoridades electas en octubre no se verán cambios de timón en este sentido, por el contrario, todos los esfuerzos (inclusive un feroz endeudamiento público) estarán puestos en sostener el status quo.

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