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El bullying no es cosa de chicos

El foco de la noticia una vez más puso luz sobre la tragedia. Las fotos que recorrieron el mundo de los padres besando el cadáver del niño que se suicidó en Estados Unidos agobiado por el acoso de sus pares en el ámbito escolar, sacudió por su crudeza y mostró...

25 de febrero de 2022 a las 12:00 a. m.
El bullying no es cosa de chicos

El foco de la noticia una vez más puso luz sobre la tragedia. Las fotos que recorrieron el mundo de los padres besando el cadáver del niño que se suicidó en Estados Unidos agobiado por el acoso de sus pares en el ámbito escolar, sacudió por su crudeza y mostró el drama que debería ocupar la atención de todos. La frase de que una imagen dice más de mil palabras, volvió a cobrar fuerza para instalar a escala global una reflexión sobre el bullying que jamás debería abandonarse porque si bien no todos los casos desencadenan finales fatídicos, sí causan heridas profundas muy difíciles de reparar.

A pesar del estupor que causó el suicidio del niño de apenas 12 años, y el hecho de que su nombre se haya transformado en una de las palabras más empleadas en las redes sociales para promover acciones contra el bullying, no se termina de tomar real dimensión de un problema que alcanza todas las geografías y que involucra a todos los actores de una sociedad.

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En Argentina, la problemática crece. Los últimos datos refieren que los casos se duplicaron durante la pandemia y pasaron de 6.200 a 12.300 denunciados entre noviembre de 2020 y 2021. El estudio llevado adelante por la ONG Internacional Bullying Sin Fronteras, pone énfasis también en los indicadores del hostigamiento en las redes sociales, un flagelo que se intensifica y tiene a las niñas como principales víctimas. Pero la información estadística con la que se cuenta es parcial, quizás porque los datos disponibles son los que surgen de las entidades que trabajan en este tema, más que del seno del propio Estado que lo que suele hacer es pronunciar discursos grandilocuentes sin terminar de asumir el liderazgo que posibilite torcer el rumbo de una realidad que abruma.

Por espasmo se lanzan campañas de prevención, pero no hay de manera sistemática actividades de capacitación docente ni propuestas para que las familias puedan abordar con mejores herramientas esta problemática. Tal como lo ha señalado estos días de manera pública la titular de Comunidad Antibullying Argentina, cuando no se cuenta con información confiable, no es posible siquiera desarrollar un diagnóstico correcto ni políticas públicas orientadas a combatir este flagelo. Lamentablemente, aunque bien planteadas, las iniciativas legislativas en esta materia, no consiguen plasmarse en la realidad con contundencia.

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Solo por citar un ejemplo de lo que sucede con la ley nacional, existe un artículo que establece que la capacitación de los recursos humanos en salud y educación para la detección de las personas en situación de riesgo es clave y debe ser sistemática y permanente. Sin embargo, los actores tanto sanitarios como escolares refieren que las iniciativas de formación son aisladas y esporádicas, sujetas más a la buena predisposición personal que a decisiones institucionales. Asumir el problema puertas adentro de la escuela se sigue confundiendo con una mala gestión educativa, cuando en realidad la naturaleza del bullying no tiene que ver con eso. Al seno de las familias, tampoco es un tema fácil de afrontar.

El caso del niño estadounidense mostró también otro drama, el del suicidio. Los especialistas advierten que desafortunadamente es una cuestión que va de la mano del bullying y aunque aclaran que en el suicidio siempre hay multicausales, el acoso permanente puede operar como precipitador de una decisión irreversible. 

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El suicidio sigue siendo la segunda causa de muerte en la infancia y la adolescencia, sin que existan tampoco para esta cuestión acciones consistentes que posibiliten una reflexión y una intervención adecuada. Incluso a nivel comunicacional, cada vez que un hecho ocurre y se transforma en noticia, vuelven a generarse los debates que muestran qué poco se sabe aún de cómo abordar esta temática sin agravar el problema. En este aspecto, trabajar en la prevención y atender la salud mental durante la infancia es una prioridad que no soporta más dilaciones.

Una vez más un caso resonante dio visibilidad a problemas profundos e irresueltos. Afortunadamente también mostró que hay mayor conciencia y cierta lucidez que antes no existía. También expuso que hay algunos mitos que van quedando de lado: a contracorriente de lo que se suponía hace unos años, el bullying bajo ningún concepto es cosa de chicos. Y las infancias no pueden resolver solas este presente. Es responsabilidad de los adultos asumir el problema y encauzar las políticas públicas y las acciones cotidianas en pos de las soluciones. Formar en valores, predicar con los ejemplos, deben dejar de ser solo un rosario de buenas intenciones. Sin una adecuada intervención de los adultos, difícilmente se detenga la escalada de violencia que parece naturalizarse. Frenarla exige madurez y compromiso para hacer de la prevención, la herramienta vital.

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El desgarrador relato del padre de Drayke al despedir a su hijo, aún resuena en el oído de todos. El habló de un mundo que está roto y comprometió a los adultos a hacerles entender a los chicos que son ellos la generación encargada de arreglarlo. Más allá de la verdad de esta frase, lo cierto es que los chicos no podrán hacerlo solos, necesitarán de adultos que garanticen que puedan crecer en un universo en el que les sea posible hablar de lo que sienten, respetar al otro en las diferencias, pedir ayuda y ponerse a salvo.

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