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El aula, un templo sagrado e irremplazable

Mientras las autoridades bonaerenses anuncian que el 1º de septiembre todos los chicos volverán todos los días a la escuela, el debate en torno al deterioro que ha sufrido la educación desde la irrupción de la pandemia de coronavirus aún transita la primera parte de un largo camino. Los padres,...

28 de agosto de 2021 a las 12:00 a. m.
El aula, un templo sagrado e irremplazable

Mientras las autoridades bonaerenses anuncian que el 1º de septiembre todos los chicos volverán todos los días a la escuela, el debate en torno al deterioro que ha sufrido la educación desde la irrupción de la pandemia de coronavirus aún transita la primera parte de un largo camino. 

Los padres, los teóricos de la educación y los funcionarios a cargo de los ministerios coinciden en que el daño es severo pero todavía no se puede conocer en toda su dimensión. En los próximos años continuarán apareciendo investigaciones con conclusiones cuantitativas y cualitativas respecto del retroceso que se ha dado en el sistema educativo.

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El encierro obligatorio dispuesto por las autoridades en el primer año del Covid no ha tenido la misma intensidad en todo el mundo. Países europeos optaron por un mecanismo de apertura de escuelas cuando los contagios descendían, a la vez que disponían el cierre de los establecimientos cuando los casos iban en aumento. En la Argentina, por caso, hubo una especie de clausura definitiva y generalizada de las escuelas a lo largo de 2020 por impericia de los gobernantes, que de una u otra manera, algún día deberán hacerse cargo de esas decisiones. Los días perdidos de clases presenciales no pudieron recuperarse más allá del esfuerzo de docentes y alumnos por avanzar virtualidad mediante, con tantas adversidades por falta de conectividad o equipos. La sensación entonces es que los chicos no lograron incorporar saberes, que en muchos casos se desconectaron de las escuelas y que no solo sufren por lo que dejaron de aprender sino en la falta de vinculación social con sus pares, clave en el desarrollo de la personalidad. 

En este marco, el cierre total de escuelas por el coronavirus, por primera vez en la historia, provocó en 2020 que aproximadamente 1.500 millones de estudiantes de 167 países quedaran sin escuela, según la directora del Instituto de Investigaciones en Ciencias de la Educación de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, Myriam Feldfeber. La especialista consideró que para la etapa que se viene en el sistema será muy importante en la transmisión de conocimientos el acceso amplio a Internet para todos los alumnos y que por tanto en ese punto hay que poner el acento.

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El acceso o no a Internet se presenta hoy como un factor esencial para determinar el destino de las personas y de los pueblos. En tiempos de la revolución digital, estar en ese nuevo mundo o quedarse relegado marcará inevitablemente un escenario con incluidos y excluidos. Argentina, con todos sus desequilibrios, no se encuentra en el lote de los países mejor preparados para garantizar el bienestar de toda su gente. Al contrario, la mitad de sus habitantes se encuentra por debajo de la línea de la pobreza sin que la clase gobernante, hoy sonriente en busca lograr la adhesión de los votantes, se muestre decidida a modificar la situación de crisis. La grieta de los funcionarios y políticos muy bien rentados con los fondos de los contribuyentes, muchos de ellos empobrecidos, parece que divide a la clase dirigente. Pero puede que esa grieta sea más grande entre una casta política con privilegios para vacunarse, regresar del exterior y no aislarse o hacer fiestas clandestinas con total impunidad mientras el resto debía confinarse a riesgo de ser multado, condenado, encarcelado. Y, lo peor de todos, nuestros chicos sin acceso fluido a su continuidad educativa. 

Mientras vivimos los últimos días de clases por burbujas, en las que el virus requiere 1.50 de distancia, y que mágicamente se convertirá el 1º de septiembre en tolerable a los 0.50, la experta enfatiza que no se puede decir que ahora tenemos educación virtual sino que tenemos educación a través de medios virtuales. En este contexto, consideró que en la actualidad el derecho a la educación se juega también con el derecho a la conectividad.

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Por eso los desafíos son sustanciales: la cobertura deficiente y desigual, junto con los altos costos de los datos y dispositivos, continúan obstaculizando el acceso digital. En la actualidad, menos del 50 por ciento de la población de América Latina y el Caribe tiene conectividad de banda ancha fija y solo el 9,9 por cieno cuenta con fibra de alta calidad en el hogar. Si bien el 87 por ciento de la población vive dentro del alcance de una señal de 4G, el uso y la penetración reales siguen siendo bajos (37 por ciento). Y solo cuatro de cada 10 argentinos de zonas rurales tienen opciones de conectividad en comparación con el 71 por ciento de la población de zonas urbanas.

En la pospandemia se va a necesitar mucha paciencia de todos los actores para manejar las tensiones que la vuelta a la presencialidad va a volver a poner sobre la mesa, sobre todo por el modo de trabajo que se utilizó en este tiempo. Y si bien es un hecho el retorno a las clases presenciales, a esta altura nadie puede garantizar que se opte, ante un rebrote, por un nuevo cierre de escuela, que en momentos de desigualdad en el acceso a la conectividad se convierte en un ámbito irremplazable de cara al progreso equitativo de nuestros chicos.

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