El alcohol en la adolescencia, una experiencia peligrosa
El Sedronar dio a conocer su sexto Estudio Nacional sobre Consumo de Sustancias Psicoactivas en Estudiantes de Enseñanza Media 2014.
Luego de relevar 1.009 escuelas de todo el país, la Secretaría de Programación de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico afirma que son los estudiantes secundarios quienes consumen más alcohol.
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Tras un amplio trabajo de campo, del que participaron 112.199 alumnos que fueron entrevistados el año pasado entre mayo y julio, surge esta conclusión preocupante porque aquí hablamos de los jóvenes de la primera etapa, adolescentes todos, que consumen bebidas alcohólicas como una dinámica habitual y natural de la interrelación con sus pares. Después lo más consumido son las bebidas energizantes, el cigarrillo y en un 13 por ciento, drogas ilícitas. En este porcentaje aparecen desde la marihuana (lo más consumido) hasta psicofármacos sin prescripción médica, éxtasis y Paco.
Según explica el prólogo del documento emanado de la Sedronar, los objetivos del estudio son estimar las prevalencias de vida, año y mes de consumo de sustancias psicoactivas en la población seleccionada; analizar las modalidades y formas de consumo de sustancias psicoactivas; caracterizar sociodemográficamente a los estudiantes de enseñanza media; analizar aspectos relativos a la vida cotidiana, la vida en familia, las relaciones sociales, los espacios de ocio y la vida escolar de los estudiantes de enseñanza media, y estimar tendencias temporales en el consumo tomando como insumo los resultados de estudios anteriores.
Se trata de chicos desde los 14 a los 16 años promedio y lo que preocupa en este diagnóstico de la Sedronar es el consumo de alcohol a tan temprana edad, por lo adictivo que resulta, pero además porque si bien no es novedad que para los adolescentes tomar estas bebidas puede parecer hasta una travesura, hoy la droga está al acecho, coqueteando con el alcohol en combinaciones que a la vez de estimulantes pueden ser inhibidoras de la voluntad.
Normalmente y en esto hay que sincerarse, la edad en que muchos conocen el alcohol es la primera etapa de la juventud. El cambio de los últimos años viene no sólo con un adelantamiento del debut sino -y lo que es peor- con crecimiento de aquellos casos de exceso de consumo que antes eran aislados. Es decir, no sólo hay chicos que toman antes de la edad permitida sino que la mayoría lo hace y de manera abusiva y recurrente.
La adolescencia es un período de inestabilidad, de búsqueda y de cambios. En esta etapa del desarrollo, prima una actitud cuestionadora por parte de los jóvenes que se opone a las normas. Sin embargo, no es el mismo carácter que reviste para con sus pares. Con ellos en cambio, son flexibles al cambio para así adaptarse más fácilmente a un grupo de amigos. Tienen la tendencia a hablar como ellos, actuar como ellos y vestirse como ellos, lo cual les dará un sentido de pertenencia muy importante en ese momento en el que todo el mundo anterior está en ruinas. En este plan es que muchas veces, sin placer alguno y sin parámetros sobre cantidades ni efectos, consumen alcohol.
En la labor de la Sedronar, cuando les consultaron a los adolescentes qué sustancia psicoactiva habían consumido al menos una vez en la vida, el alcohol volvió a encabezar el ranking de las respuestas con un 70,5 por ciento; las bebidas energizantes están en segundo lugar con el 67 por ciento, después se ubica el rubro alguna droga ilícita, 18 por ciento; marihuana, 15,9; psicofármacos sin prescripción médica, 5,9; tranquilizantes sin prescripción médica, 4,5; cocaína, 3,7, y éxtasis, 2,3.
Otra novedad de los últimos años que se replica en el reciente informe es que no hay diferenciación por sexos en esta franja etaria; tanto toman bebidas chicos como chicas, en las mismas proporciones. Sin embargo la proporción se invierte en psicofármacos no recetados y en cigarrillos y las chicas son más consumidoras que los varones.
Lo complicado en estos casos es que la familia puede funcionar como muro de contención o como elemento expulsor del joven que se inicia en cualquiera de estos vicios. Si tiene una relación de confianza con los adultos, padre, madre o hermanos, es más probable que esta cuestión quede en una anécdota de juventud. Si las relaciones intrafamiliares son complicadas, ese chico o chica puede deslizarse más fácilmente al consumo de alcohol u otras sustancias más peligrosas.
Sucede también que no hay una real convicción entre los adultos de cuánto el alcohol daña a los hijos. No es que haya algún padre que les diga que tomen, pero sí hay muchos que creen que hay que aceptar y adaptarse a esta realidad, entonces sostienen que es mejor que tomen en su casa por lo cual compran ellos el alcohol (ya que a los menores no se les vende) y los acompañan en la experiencia.
Del mismo modo es casi definitorio el grupo de pares en que se mueve el joven porque es allí donde se gestan las travesuras que pueden resultar con o sin consecuencias. Se trata de una edad de mucha vulnerabilidad en la cual los adolescentes buscan ser aceptados socialmente por sus pares. Por eso el entorno es tan importante a la hora de acercarse a un vicio que luego puede arrastrarse toda la vida.
De todas maneras, el alcohol en sí mismo, así no derive en episodios de drogadicción, es una sustancia altamente adictiva que genera innumerables problemas físicos y psíquicos a una persona. De modo que tampoco es un tema para tomar livianamente. Ningún vicio lo es.
Las estadísticas sobre bebidas y drogas en jóvenes de tan corta edad son muy preocupantes.













