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Educación: la colosal tarea de hacer regresar a los que no volvieron

Hace unos días las declaraciones de la ministra de Salud de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en las que señaló que los chicos que abandonaron la escuela durante la pandemia seguramente ya están perdidos en los pasillos de una villa o cayeron en actividades del narcotráfico generó un enorme...

29 de enero de 2022 a las 12:00 a. m.
Educación: la colosal tarea de hacer regresar a los que no volvieron

Hace unos días las declaraciones de la ministra de Salud de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en las que señaló que los chicos que abandonaron la escuela durante la pandemia seguramente ya están perdidos en los pasillos de una villa o cayeron en actividades del narcotráfico generó un enorme debate y causó no pocas controversias que fueron repudiadas por distintos actores sociales. También abrieron un debate sobre quizás, la principal tarea que tiene la educación: revertir índices de deserción escolar que se profundizaron durante la pandemia y cuyas cifras fueron reconocidas por el propio ministro de Educación de la Nación.

Según el titular de la cartera educativa nacional de acuerdo a datos relevados son 500 mil chicos los que no pudieron revincularse con la escuela tras las restricciones impuestas por la emergencia sanitaria. Una cifra que muestra apenas un aspecto de la tragedia educativa que afecta al país y que es necesario resolver.

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El mensaje que afirma que en el sistema educativo nunca es tarde para que en cualquier nivel los estudiantes vuelvan a la escuela, además de abrir un horizonte de esperanza, expresa una decisión de propiciar la presencialidad, aún en el escenario incierto que plantea la evolución de la pandemia. Esto resulta alentador porque no puede seguir desconociéndose el enorme daño que hacen las escuelas cerradas ni las consecuencias que van más allá de lo educativo.

En los últimos meses el Ministerio de Educación de la Nación ha impulsado una serie de programas orientados a fortalecer la presencialidad mediante el aporte de fondos dirigidos a realizar adecuaciones edilicias y adaptaciones a los efectos de que las instituciones educativas cuenten con espacios apropiados para el cumplimiento de los protocolos sanitarios y asegurar de esta manera que la actividad presencial pueda sostenerse en el ciclo lectivo 2022. Seguramente estos aportes no serán suficientes si se tiene en cuenta no solo el severo deterioro que tienen muchos edificios escolares sino los condicionantes que impone la pandemia en términos de distanciamiento social. Pero lo cierto es que estas medidas, junto a otras como la campaña de vacunación, aparecen como signos de la voluntad de corregir un rumbo.

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Tanto como revisar contenidos y volver a pensar la escuela, ir a buscar a los que quedaron fuera del sistema producto de las dificultades que supuso la pandemia, se transforma en la principal tarea. Porque lejos de cualquier estereotipo que resulta repudiable, es cierto que el abandono escolar genera en cualquier estrato social un drama que hay que atender. Funcionarios del propio Gobierno aunque cuestionaron los dichos de Soledad Acuña, reconocieron que quienes se van de la escuela "son siempre los mismos" y pertenecen "a los estratos sociales más vulnerables". Este es un dato que hay que sincerar y que atender. Y para ello, fuera de las viejas discusiones repetidas, lo que hay que hacer es tomar esta cuestión como una verdadera política de Estado que involucre a todos.

Para eso resulta necesario colocar a la educación en el centro del debate y transformar esta tarea colosal en epopeya. Así como el Gobierno utilizó la épica para plantear y poner en agenda otras cuestiones del manejo de la pandemia, debe ahora hacerlo con la educación que está llamada a transformarse en el gran tema del país. Pero no solo con discursos sino con tarea. Y para que ello ocurra, hay no pocos obstáculos que sortear. El primero; la resistencia de varios actores del sistema sindical a retomar la presencialidad plena. Las discusiones que se dieron durante los últimos días respecto de la posible implementación de pases sanitarios para asistir a clases en el fondo no es más que una muestra de ello, de una pretensión de poner reparos a una presencialidad necesaria que está llamada a sortear cualquier tipo de obstáculo.

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A días del inicio de un nuevo ciclo lectivo y mientras se definen protocolos y se acuerdan criterios para hacer de la escolaridad una actividad segura, ya son varias las voces que se pronunciaron para expresar los riesgos de volver a las aulas en medio de una fuerte ola de contagios. También condicionaron el sostenimiento de la actividad bajo el argumento del impacto que eventuales casos van a generar puertas adentro de las instituciones educativas. Del mismo modo alertaron sobre el bajo índice de docentes y auxiliares que cuentan con su dosis de refuerzo y advirtieron sobre el peligro que supone en términos objetivos la reticencia de muchas familias a vacunar a sus hijos. 

Por delante la escuela tiene un escenario complejo. Igual que el que tiene la sociedad en muchas de sus dimensiones. Darles la oportunidad a los 500 mil estudiantes que aún no se han revinculado, debe ser la principal tarea. No la única, pero sí la urgente. En este aspecto, el programa "Volvé a la escuela" anunciado por el Ministerio de Educación de la Nación es una invitación, a esos que no regresaron y a todos los argentinos para hacer de la agenda educativa el centro del debate y el núcleo de una discusión de la que surjan acuerdos y estrategias posibles. Un diálogo que de manera constructiva promueva la posibilidad de exigir, preservar la presencialidad y garantizar el derecho a acceder a una educación de calidad cualquiera sea el contexto en el que se da esa experiencia de enseñanza- aprendizaje. Solo desde esa madurez colectiva, y tomando los instrumentos adoptados en la pandemia como insumos para crear un contrato educativo nuevo, será factible poner en marcha la tarea titánica de transformar lo que ha sido una profunda crisis, en oportunidad. No hacerlo es seguir enredados en discusiones estériles que no hacen más que alimentar la grieta de la política, sin entender todo lo que se juega en términos de futuro cada vez que la escuela no brinda las respuestas necesarias y cada vez que un chico deja de concebir ese lugar como su espacio para construir su proyecto de vida.

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