Edith cabalga otra vez
“Ensayan Piaf en Pergamino. Oí decir hace meses. ‘Por favor…’ Comentario sin maldad, a resultas de haber aplaudido en el 84 a Virginia Lago en calle Corrientes; a Elena Roger en el Liceo, en 2010. De haber visto ‘La Mome’ hace un par de años, en cine. Escepticismo nacido, en fin, de ser un militante antiguo de la Edith desde mi juventud, años 60. En el 64, recuerdo, lloramos su muerte sin conocer poco más que su voz. Desde aquellos años, acopié discos, que se perdieron luego. Sí, lo digo: mi fanatismo por Piaf iguala al de tantos por Maradona, por Messi, por Sandro de parte de sus ‘nenas’. Ella, la única.
“¿Y ahora, mis vecinos? Por favor.
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“Noche del 23 de marzo. Diez y cuarto en el reloj, salimos de ver la Piaf nativa. Vibran todavía las notas finales de ‘je ne regrette rien’ entre la niebla escénica. Tan creíble esa niebla como la Edith Piaf que hemos vuelto a encontrar. Y sí, ¡Made in Pergamino!
“Ahí, saludando a la diminuta Verónica, me piden un comentario para poner ‘en las redes’. Esa dimensión desconocida para mí. Un comentario, me dicen, porque soy objetivo, distante. Es cierto, no tengo amistad con nadie del equipo, ni tuve el honor de aportar nada a esta aventura musical.
“Objetividad. A mí, un apasionado, un desequilibrado fan que ha llorado con la voz del gorrión. Intentaré, brevemente.
“A ver. Se enciende la luz de escena, desnudo y neutro, y el pianito casi blanco pone su clima de Café Concert, con la presencia de Charras, presencia que acompañará cada aparición de la actriz, la sostendrá. Luego, apenas aparece Verónica González cantando el ‘Padam Padam’, me digo que sí, que acerté pagando mis queridos y valiosos 80 pesos. Buena inversión. Estoy de nuevo ante la Piaf. ¡Carajo, que sí!
“Edith ‘yetem’. Frágil, insegura, llena de cicatrices y de heridas abiertas, viviste al límite y cantaste como nadie. Y no has muerto.
“Sí, Verónica es la Piaf, antes que nada eso.
“No me importa cómo lo hace, de música no sé una nota. Soy apenas un actor, que advierte una entrega total, en esa cantante, en esa actriz que descubrí, hace un año apenas. Y gozo viendo como otra enana se agiganta en el tablado, como sabemos hacer los enanos. Me atrapan sus versiones, no sólo de los clásicos ‘Himno al amor’ y ‘La vie en rose’ por ejemplo. Me atrapa cantando ‘en la ciudad desconocida’, esa letanía tristísima, y ‘Bravo pour le clown’ eléctrica y demencial.
“Y alrededor de ella, claro, un elenco que casi se apaga, pero que está, la sostiene, la abraza, la conduce en el peregrinaje frenético del personaje. La vemos amar, temblar, vibrar, caer, derivar sin remedio ni pausa hacia la muerte física. ¿Cómo contar la historia sin una puesta inteligente, equilibrada, imaginativa, sin el clima visual, el sonido?
“¿Cómo sin el aporte cálido, humilde, del elenco que se sabe girando a su alrededor?
“Por hacer algún nombre: me gustó Meme Santoro como Simone, la sombra de Edith, la callejera burguesa que pone el toque de humor. Tal vez muy joven la Meme, pero le creí. Estefanía es una presencia sobria, contenida en ambos roles. Todos, todos salen airosos del intento desbocado de darnos esta Piaf.
“Hay que citar, sí, a Adrián Charras, a Facundo Cruz, a Nelson Celis en la coreografía. A María José Sharry en la asistencia actoral de Verónica. El texto, inobjetable, logra darnos en síntesis un panorama de la vida abigarrada de Piaf, en sus 47 años. Eso sí: para mí, las letritas con la traducción de las letras, aportan poco. Digo y sostengo: si no careces de oído ni de corazón para una canción, para qué querés el texto.
“En suma. Salgo de ver otra Piaf, la nuestra. Y pienso que, desde el cielo que Dios concede, reserva a los genios (un cielo lleno de pecadores, claro) desde ese cielo Edith Gassion sonríe otra vez. Chau gente.
“Merde siempre”.













