Dos versiones de irracionalidad "prometen" hacer viable al país
El desabastecimiento de combustible de estos días en el país es el telón de fondo más expresivo que podría tener la confrontación entre Sergio Massa y Javier Milei. El congelamiento de los precios y el desdoblamiento cambiario sirven para simular calma durante un tiempo y disfrazar el malestar. El lunes...

El desabastecimiento de combustible de estos días en el país es el telón de fondo más expresivo que podría tener la confrontación entre Sergio Massa y Javier Milei.
El congelamiento de los precios y el desdoblamiento cambiario sirven para simular calma durante un tiempo y disfrazar el malestar. El lunes el ministro y candidato Massa resolvió suspender las exportaciones si no se normalizaba el suministro de combustibles.
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Considera que las empresas prefieren exportar porque el precio internacional es muy superior y por eso "castigan a los argentinos". Y añadió que, si se aplicara la fórmula del candidato libertario Javier Milei, la nafta súper se vendería a 800 pesos. Actualmente en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires esa categoría está cotizada en 270 pesos, mientras que en Pergamino y al menos 17 de provincias se está vendiendo por encima de 330 pesos.
Históricamente la nafta súper se vendió a un dólar por litro. De ahí el cálculo de Massa: la paridad más realista es de 800/850 por dólar (y, por ende, por litro). ¿Cuál será su fórmula?
En lo que va del año las naftas subieron el 50 por ciento, con una inflación cercana a 120 por ciento. Insostenible. Por el congelamiento de precios dispuesto en agosto, casi dos tercios del costo real lo absorben las petroleras o el Estado.Y dicho sea de paso, ya en ese mes concretamente horas después de las Paso- se dispuso cupo a las estaciones de servicio. Es decir, que la escasez no es cosa de esta semana.
Cabe recordar que desde tiempos del menemismo, cuando prácticamente se "regaló" YPF, se estableció por decreto un tope al precio interno del barril de petróleo. La modalidad continúa hasta nuestros días, en que rige el Decreto N° 488 del año 2020, que fija el precio para la compraventa local del petróleo en 45 dólares el barril mientras que el valor real a nivel mundial es de 90 dólares, aproximadamente. Hagan sus cuentas: el Estado entrega (cierta cantidad, lo que tiene) a las refinerías locales un insumo que compra a 90 dólares en la módica suma de 45 dólares.
Teniendo en cuenta ello, más los costos de extracción y producción locales, que también son en dólares (bue), la amenaza de frenar las exportaciones de hidrocarburos parece inaplicable, porque el país lleva cuatro años mendigando dólares, yuanes u otras divisas, y las exportaciones generan dólares genuinos, que necesita entre otras cosas- para importar petróleo.
La Argentina, sin reservas y con una deuda total impagable que orilla los 550 mil millones de dólares, no está para esos lujos. La fórmula intervencionista fracasa siempre. Nuestra crisis energética nació cuando, en 2006, Néstor Kirchner resolvió ponerte techo a los hidrocarburos para "proteger el bolsillo de los argentinos".
Ni la estrategia kirchnerista ni la liberalización sin ton ni son resultan viables. Con el 50 por ciento de pobreza y un porcentaje altísimo de personas que dependen del Estado para sus ingresos, no hay margen para locuras.
La locura, como se la entiende habitualmente, es la pérdida de la razón. Sería irracional seguir como hasta ahora, con los mismos criterios que nos hicieron caer como por un tobogán; tanto como pretender cambiar la realidad a machetazos.
En la semana previa a las elecciones, el Ministerio de Transporte y los gremios ferroviarios dieron un "golpe maestro" a favor de Massa. Oficialmente se propuso a los votantes de Milei que renunciaran ya a los subsidios al transporte, dando por supuesto que el proyecto libertario los eliminaría. Y precisaba que, en la actualidad, en el Amba el valor del pasaje con subsidio de los colectivos es 52,96 pesos de mínima y 72,61 de máxima y para los trenes, entre 11,57 y 52,95 peso. Los que renunciaran al subsidio tendrían que pagar el boleto urbano desde 700 pesos y el ferroviario, hasta 1.100 pesos.
Ambos candidatos coinciden: nada es gratis; lo que no paga el usuario sale de los impuestos.
Pero la racionalidad que se opone a la locura no es dejar a los pasajeros de a pie ni a los automovilistas y el campo sin surtidores, sino que todos puedan pagar lo que realmente cuesta. Porque los precios reales, es decir sin subsidios del Estado (que salen de nuestros bolsillos) no son decisiones arbitrarias sino de loque cuestan los bienes y servicios.
No hay racionalidad posible sin un plan de Gobierno que logre que la producción, la inversión y los salarios se ubiquen a la altura de las exigencias de los costos reales de la generación de bienes y servicios.
El 10 de diciembre Milei o Massa, uno de los dos, va a ser presidente. Ninguno mostró aún su proyecto. Ni dijo cuánto costarán la nafta y el boleto. La situación es insostenible. Con continuismo o con anarquismo libertario, no habrá racionalidad sino una de las dos formas de locura.














