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Dos años para demostrar las capacidades que dicen tener

Dos años le quedan a Alberto Fernández. Su mentora política suele duplicar apuestas ante las derrotas; Máximo Kirchner prometió en el cierre de campaña que pondría más plata en los bolsillos de la gente. Los movimientos sociales ganaron la calle en el cierre de campaña reclamando trabajo, no planes. No...

16 de septiembre de 2021 a las 12:00 a. m.
Dos años para demostrar las capacidades que dicen tener

Dos años le quedan a Alberto Fernández. Su mentora política suele duplicar apuestas ante las derrotas; Máximo Kirchner prometió en el cierre de campaña que pondría más plata en los bolsillos de la gente. Los movimientos sociales ganaron la calle en el cierre de campaña reclamando trabajo, no planes. 

No hay -excepto repartir plata sin respaldo y que pierde valor- una idea política consistente al nivel de la crisis; menos aun un plan para afrontar los desafíos de la Argentina inmediata. Hasta los industriales que se expresan cerca del Gobierno encuentran en las tasas subsidiadas un argumento: no les sirve para nada que el Estado gaste dinero para asistirlos con créditos subsidiados si no tienen mercados, si en la calle no hay salarios. 

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¿Qué dice el tablero del país? Las escuelas cerradas han sido un daño de dimensiones tremendas. Hay siete millones de trabajadores informales y 10,2% de desocupación, todos ciudadanos en edad de aportar al sistema de previsión social que no solo no lo están haciendo sino que además lo están disminuyendo a través del cobro de planes. La pobreza llega al 42 por ciento. El índice de producción industrial que venía recuperando -no creciendo-, bajó 2,6 por ciento mensual en su última medición. El dólar no existe (104 pesos el oficial inaccesible; 185 el que se puede comprar). La inflación apunta al 50 por ciento anual. Apenas el 40 por ciento de la población alcanzó las dos dosis de vacunas, mayormente de laboratorios erráticos en su producción y sin aceptación en los pasaportes sanitarios que imponen los países, sin olvidar que la política hizo su juego y privó por 10 meses a los menores con factores de riesgo de recibir la Pfizer, única apta para ese grupo. Hay 4 billones en Leliqs mientras las jubilaciones bajaron su poder de compra; hay 3,8 billones de pesos en depósitos a la vista que podrían saltar a la calle y acelerar aumentos de precios o dólar.

El Banco Central no tiene recursos suficientes; vencen 4.830 millones de dólares antes de fin de año y las cifras crecen en 2022. Martín Guzmán -a instancias de un ideologismo suicida- postergó acuerdos con el FMI mientras el Gobierno reaccionaba imprimiendo billetes y repartiendo sin consistencias ni sostenibilidad. Solo la agroindustria aporta dólares genuinos al país, e incluso tienen un plan. Pero ahora hay que esperar las próximas cosechas. Han sido pacientes en su propuesta, no lograron nada del Gobierno. Ni hablar del sector ganadero. 

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Acaso la idea de quemar las naves con más obra pública, más emisión y correr el riesgo de inflación sean las especulaciones de la hora, apenas esbozadas entre analistas que miran con atención lo que sucede. Ellos saben lo que hay que hacer pero las elecciones están a la vuelta de la esquina y el costo político de hacer lo necesario no es algo que quieran afrontar, menos con dos años de gestión por delante que, si no hay acuerdo de gobernabilidad explícito, será a golpe de decreto.

Los rumores de un recambio de gobierno en 2023 capaz de "balizar" el camino de salida (por ponerlo en los términos de Martín Redrado) dan cuenta -desde antes de los comicios- de que hay conciencia de la gravedad del momento. Pero los antecedentes demuestran que la naturaleza del escorpión habita en el oficialismo: la interna de Menem-Duhalde hundió el barco de quienes pretendían comandarlo. Fue la soja y el viento de cola lo que permitió encontrar una salida en 2001; los superávits gemelos de Néstor naufragaron en la corrupción y los subsidios inconsistentes a las tarifas. La demagogia es un camino inexorable al fracaso y los egoísmos estamentarios son ilusiones caras e inconducentes.

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¿Redoblará la apuesta Cristina? ¿Pondrá plata en los bolsillos como prometió Máximo en el cierre de campaña? Alberto Fernández es un presidente débil de una coalición que sirvió para desplazar los fracasos relativos de Mauricio Macri, pero que hoy tiene un horizonte inminente y decisivo. Sergio Massa perdió hasta en Tigre; los gobernadores -excepto Axel Kicillof- no tienen arte ni parte en las decisiones nacionales; por caso, Omar Perotti tuvo que padecer el cierre de exportación de carne, la barrera a los biocombustibles, la hidrovía en manos de un interventor kirchnerista; todo resta millones y empleos a Santa Fe.

Faltan dos meses para las elecciones generales. ¿Qué capacidad tiene el Gobierno para lo que viene? Cristóbal López y Lázaro Báez son exculpados contrarreloj por la Afip, en la antesala decisiva de sus juicios. Cristina Fernández podría perder la mayoría en el Senado y quedaría lejos del quórum en Diputados. Los expedientes judiciales la acechan con testimonios y pruebas. Quedan dos años de mandato de Alberto; la ansiada reforma judicial se desvanece. No hay dólares ni cajas que asaltar. Y Macri ya no es una excusa.

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