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Día de los Santos Inocentes: una alegoría de la infancia en los tiempos presentes

29 de diciembre de 2013 a las 12:00 a. m.

Es común que cada 28 de diciembre se gasten todo tipo de bromas para sorprender a algunos desprevenidos con un chiste que culmina con la frase ¡Que la inocencia te valga! Esta es una evocación que aleja lo genuino hacia la parodia popular y habilita omitir una fecha dolorosa y trágica para los cristianos, conforme el relato bíblico.

Sin poder remitir una fecha exacta de lo acontecido, gobernaba entonces a Israel el rey Herodes. Tres reyes magos venidos de Oriente se preguntaban dónde habría nacido el “Mesías”, el futuro rey de Israel. El Evangelio de Lucas anuncia: “Yo os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor. Esto os servirá de señal: hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre” (Lucas 2, 10-11). Era más que una amenaza para el poderoso rey Herodes, quien enceguecido por la posibilidad de perder su poder omnímodo mandó a los soldados romanos a Belén de Judea para que mataran a todos los niños menores de dos años. Buscando a Jesús mataron treinta niños inocentes.

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José entre sueños escuchó el mensaje angélico: “Levántate, toma al Niño y a Su madre y huye a Egipto, y quédate allí hasta que yo te diga; porque Herodes (el Grande) quiere buscar y matar al Niño.” (Mateo 2, 13-18).

Y Jesús se salvó mientras treinta madres lloraban a sus hijos sin consuelo en Ramá, a las afueras de Belén “En Ramá se está oyendo una voz, lamentación y llanto amargo; Raquel que llora a sus hijos. Ha rehusado ser consolada acerca de sus hijos, porque ya no son”…)  (Jeremías 31. 15) “Raquel, la esposa de Jacob, había deseado tanto tener hijos que sin ellos se consideraba muerta”. (Génesis 30, 1).

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Antes y ahora la historia de la humanidad da cuenta de los niños que mueren por causas inverosímiles que muchos pretenden explicar, cuando en realidad no hay ninguna causa moral, económica, social, política o religiosa que justifique la muerte de un pequeño. El seno materno ya no es un lugar seguro para un niño, pues aún allí corre riesgo de vida cada vez que un proyecto de ley amenaza con despenalizar el aborto. Ya fuera de la mamá, el mundo es cada vez más hostil para los chicos sin que nadie se escandalice demasiado. Así como un rey déspota para conservar el poder acumulado es capaz de matar a inocentes, así quienes se saben poderosos no tienen límites en sus ambiciones en cualquier tiempo y lugar. ¿Cuántos Herodes hay entre nosotros, capaces de permitir que un niño muera deshidratado por falta de agua potable, por deficiente atención médica en un hospital a oscuras por un corte “preventivo” de energía, por desnutrición ante el desmesurado e incesante aumento del costo de los alimentos básicos, por un insuficiente o inexistente subsidio, por consumir paco a los 6 ó 7 años para mitigar el hambre y el desamor… ¿Cuántos Herodes hay entre nosotros que no quieren perder el poder político o económico y son responsables de la muerte o la vida miserable de tantos niños argentinos? Estos niños menores de dos años que fallecen actualmente en la Argentina por causas evitables, son muchos más que aquellos treinta “santos inocentes” que murieron en Belén de Judea un 28 de diciembre. Y no es una broma.

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