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Debatir las ideas, una deuda de nuestra sociedad

Cambiar de opinión no es una tarea sencilla, especialmente en aquellos asuntos que pueden resultar controvertidos. Es así porque la mayoría de nuestras creencias están vinculadas a emociones o recuerdos que contribuyen a fortalecer las representaciones que hacemos de la realidad que nos rodea. \"Todo el mundo sucumbe fácilmente a...

23 de febrero de 2023 a las 12:00 a. m.
Debatir las ideas, una deuda de nuestra sociedad

Cambiar de opinión no es una tarea sencilla, especialmente en aquellos asuntos que pueden resultar controvertidos.

Es así porque la mayoría de nuestras creencias están vinculadas a emociones o recuerdos que contribuyen a fortalecer las representaciones que hacemos de la realidad que nos rodea.

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"Todo el mundo sucumbe fácilmente a la tentación de rodearse solo de personas que piensan igual, pero no es inteligente hacerlo", dijo el primer canciller de Alemania Occidental y uno de los fundadores de la Unión Europea, Konrad Adenauer.

Más cercana a nuestro tiempo y a nuestra geografía, la bióloga argentina Guadalupe Nogués, autora del libro "Pensar con otros", plantea algo similar: "cuando la gente conversa solamente con los que piensan igual, sus opiniones se vuelven más extremas y homogéneas. Para tener una democracia saludable necesitamos que los que piensan distinto tengan conversaciones amplias, honestas y profundas", advierte.

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Los debates, la conversación pública, el intercambio de ideas y la capacidad para escuchar a quienes no piensan como nosotros contribuyen a la cohesión social y a mejorar el sistema democrático. El psicólogo británico Henri Tajfel dedicó buena parte de su trabajo a indagar sobre los aspectos cognitivos del prejuicio y comprobó que cuando a las personas se las divide y separa en grupos es relativamente fácil lograr que se odien entre sí.

El politólogo alemán Yascha Mounk se basó en las investigaciones de Tajfel para escribir el libro "El gran experimento. Por qué fallan las democracias diversas y cómo hacer para que funcionen".

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En esa obra plantea que, a pesar de los avances logrados por la humanidad en los últimos 200 años en distintos campos, el ser humano sigue siendo tribal. "Con los ajenos al grupo podemos ser increíblemente crueles", advierte al explicar las razones por las cuales las personas tienden a excluir de su círculo más cercano a quienes consideran -prejuicios mediante- diferentes. Nogués también aborda ese tema y observa que a la mayoría de las personas nos reconforta pensar que somos seres racionales pero, advierte, "lo que vemos es que solemos equivocarnos, y de muchas maneras distintas".

"El tribalismo siempre estuvo con nosotros, y seguirá estándolo. Es importante pertenecer a grupos, tiene valor social y emocional para nosotros. Posiblemente, haya sido algo seleccionado por la evolución en mayor o menor medida, porque estar en una tribu que es buena para nosotros puede ser muy importante para nuestra supervivencia.

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Entonces, ¿por qué intentar combatir el tribalismo o controlarlo? Porque a veces, aun sin mala intención, puede dificultar nuestro reconocimiento de cuáles son los hechos y, en muchas situaciones, esto representa una amenaza mayor que dejar de pertenecer a un grupo particular", reflexiona Nogués.

Es curioso porque nunca antes en la historia de la humanidad el ser humano ha tenido más acceso a información que en estos tiempos. Nunca antes el conocimiento sobre la naturaleza de muchas cosas ha estado tan al alcance de la mano. Sin embargo, la inmensa mayoría de las personas conserva esa tendencia a buscar, interpretar o recordar solo la información que confirma sus creencias más arraigadas. Siempre, o casi siempre, buscamos creer aquello que queremos creer. Existe lo que los investigadores denominan "sesgo de confirmación", que es la tendencia a buscar, interpretar o recordar información de manera que confirma algo sobre lo que ya hemos tomado una posición, o que favorece creencias muy arraigadas. Es el caso, por ejemplo, de personas que apoyan o se oponen a un tema determinado, y no solo buscan información para reforzar sus creencias, sino que además, las interpretan de forma que defienda sus ideas preconcebidas. Algunos investigadores atribuyen esta característica a un rasgo heredado de nuestros antepasados que luchaban por la supervivencia. En ese sentido, sostienen que cuando nuestras ideas son cuestionadas, el cerebro pone en marcha los mismos mecanismos que cuando percibe que está en peligro. Más allá de que este comportamiento puede ser considerado una ventaja evolutiva, en una sociedad como la nuestra que tiende a la polarización es necesario ser conscientes de que muchas veces somos víctimas de nuestros propios sesgos y que hay que hacer un esfuerzo para que eso no nos impida avanzar en la construcción de una sociedad más respetuosa y con mayor calidad en el debate de los asuntos públicos.

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