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De una vez por todas

16 de diciembre de 2023 a las 12:00 a. m.

Italo Calvino nos ofrece, en su mágico libro "Las ciudades invisibles", una hermosa descripción de la ciudad de Eutropia: "Al entrar en el territorio que tiene por capital Eutropia, el viajero no ve una ciudad sino muchas, de igual importancia y no disímiles entre sí, desparramadas en una vasta y ondulada meseta. Eutropia no es una sino todas esas ciudades al mismo tiempo; una sola está habitada, las otras vacías; y esto ocurre por turno".

Argentina es como Eutropia: muchas ciudades distintas pero todas ellas a la vez. Mientras habitamos una las otras permanecen deshabitadas, esperando. Esperándonos. Y las viejas ciudades se quedan emponzoñando lo que vendrá. Como dijo la poeta rusa Anna Ajmátova: "Igual que en lo pasado lo venidero madura, así en lo venidero el pasado se pudre". El domingo 10 de diciembre de 2023 nos mudamos a una nueva ciudad.

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"Diré ahora cómo. El día en que los habitantes de Eutropia se sienten abrumados de cansancio y nadie soporta más su trabajo, sus padres, su casa y su calle, las deudas, la gente a la que hay que saludar o que te saluda, entonces toda la ciudadanía decide trasladarse a la ciudad vecina que está ahí esperándolos, vacía y como nueva, donde cada uno tendrá otro trabajo, otra mujer, verá otro paisaje al abrir las ventanas, pasará las noches en otros pasatiempos, amistades, maledicencias. Así sus vidas se renuevan de mudanza en mudanza entre ciudades que por su exposición o su declive o sus cursos de agua o sus vientos se presentan cada una con algunas diferencias de las otras".

Nosotros hacemos lo mismo que los habitantes de Eutropia. Cuando nos cansamos de nuestros dirigentes; de nuestros problemas estructurales y recurrentes como la inflación, la desinversión, la deseducación, la inseguridad; o ahora la estafa previsional y la cada vez más acuciante fractura del sistema sanitario; dejamos una ciudad y nos mudamos a otra.

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Cuando logramos recuperar la democracia, en 1983, nos mudamos a una ciudad radical de la mano del fervor democrático de Raúl Alfonsín. Nos prometió que con "la democracia se come, se cura y se educa"; algo falló. Nos cansamos de Alfonsín y nos mudamos a la ciudad que inauguraba Carlos Saúl Menem; ciudad en la que nació la corrupción institucionalizada y de la cual surgieron las primeras camadas de argentinos desclasados y sin futuro. Por supuesto que nos cansamos de Menem, a pesar de existir, después de tanto tiempo transcurrido y de todos los males que se originaron en esa ciudad, gente que extraña la fantasiosa e insostenible convertibilidad en la que un peso equivalía a un dólar.

Entonces, nos mudamos a una nueva ciudad que inauguraba Fernando de la Rúa. Mudanza efímera que derivó en el infructuoso primer "Que se vayan todos". Iniciamos entonces una serie de mudanzas intempestivas, desorganizadas y, sobre todo, breves, de una ciudad a otra sin que ninguna nos lograra contener; hasta recalar en la ciudad en la que Eduardo Duhalde, megáfono en mano, pregonaba que "el que depositó dólares, recibirá dólares". Duró poco. Su corto gobierno abrió las puertas a una mudanza algo más permanente que se materializó en cuatro gobiernos kirchneristas, con un breve y fallido interregno de una ciudad gobernada por Macri. Ahora, nos vamos a mudar a otra ciudad; una especie de segundo "Que se vayan todos"; por suerte dentro del esquema democrático.

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Nuestras mudanzas nunca fueron prolijas, pero esta se está llevando las palmas. Los vaivenes y la desprolijidad prueban, más allá de toda duda razonable, lo que todos intuíamos: que Javier Milei improvisó la mudanza sobre la marcha. Que no solo carecía de toda experiencia de todo tipo más allá de haber sido dos años diputado de la Nación y panelista intransigente y estrafalario en un medio televisivo, sino que, mucho más preocupante, carecía de plan y de equipo propio para llevarla adelante. Por suerte para todos nosotros, al fin logró armar a contrarreloj el rompecabezas que significa convocar un gabinete para gobernar una ciudad. Ojalá que ahora no muestre la misma desprolijidad para gobernar la ciudad.

Hay que reconocer un cierto grado de maquiavelismo en Milei. Primero se fondeó con plata y equipos del massismo para esmerilar a Juntos por el Cambio; y luego -sorprendiendo a todos- se alió con Macri y con Bullrich para destronar a Massa. Luego cooptaría a Bullrich, rompiendo la alianza con Macri.

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Juntos por el Cambio se desmoronó solo entre las salvajes internas radicales y del PRO, la brutal e innecesaria interna entre Rodríguez Larreta y Bullrich y, al final, ante la estocada que le propinaron Macri y Bullrich al aliarse de facto y a escondidas con Milei en el "Pacto de Acassuso". Juntos por el Cambio implosionó por el enanismo cívico de todos sus dirigentes. De todos ellos. Por la poca lectura de la angustia y del nivel de necesidades de la ciudadanía que necesitaba mudarse a alguna ciudad sin saber a cuál, pero sabiendo que no todas les daban lo mismo; tampoco les eran iguales.

También hay que reconocerle que hizo gala de un pragmatismo que no se le conocía al aliarse con mucha de la casta a la que había prometido descastar. Javier Milei decía que no se puede esperar resultados distintos haciendo más de lo mismo. Cuesta ahora aceptar que bajo la tutela de muchos de estos personajes repetidos que nos condujeron a este desastre bíblico en sus respectivos turnos en sus respectivas ciudades, ahora nos podrán conducir al éxito en esta nueva ciudad.

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Lo cierto es que el presidente electo llega con la mayor cantidad de votos de la historia argentina y, al mismo tiempo, obligado a convivir con la mayor fragmentación política y social de nuestra historia. Paradojas de esta Argentina rota en tantas Eutropias.

Volviendo a Italo Calvino. "De este modo la ciudad repite su vida siempre igual, desplazándose hacia arriba y hacia abajo en su tablero de ajedrez vacío. Los habitantes vuelven a recitar las mismas escenas con actores cambiados; repiten las mismas réplicas con acentos combinados de otra manera; abren alternadamente la boca en bostezos iguales. Sola entre todas las ciudades del imperio, Eutropia permanece idéntica a sí misma. Mercurio, dios de los volubles, a quien está consagrada la ciudad, cumplió este ambiguo milagro". La maldición de esta Argentina que se repite a sí misma, una y otra vez. Quizás, como dice Calvino, por el conjuro de Mercurio, el voluble. Bien podría ser Mercurio el dios de nuestra Nación.

¿Nos moveremos por un tablero de ajedrez vacío, cambiando de casilleros y de ciudad, sin que cambie nada? ¿Viviremos -con angustia- las mismas tragedias, las mismas escenas con actores apenas distintos? Quizás sea hora de dejar de mudarnos de ciudad en ciudad, cambiándolo todo sin que cambie nada. Quizás debamos aprender que no sirve de mucho cambiar de ciudades y de actores mientras no dejemos de ser fieles a nosotros mismos y a nuestra volubilidad. Quizás sea hora de integrar a todas las Eutropias en una única. Quizás sea hora de intentar armar una Nación.

Ojalá no recalemos, otra vez, en un tercer "Que se vayan todos" que nos peruanice y nos obligue a cambiar presidentes, uno tras otro, año tras año; mudándonos de una ciudad a otra en plazos breves y perentorios. Breguemos porque sepamos evitar la recaída y recalar, al final del camino, en otra Eutropia, que está ahí, vacía y expectante, esperando ser manejada por una nueva-vieja "deidad salvadora" del mismo signo que la que perdió la última elección. Breguemos y "mudemos" también nuestras formas de conducirnos en la vida(basta de viveza criolla) para que esta mudanza sea duradera. Que sea superadora. Que dejemos de movernos por el tablero vacío de ajedrez sin ton ni son. Que podamos sanar y crecer. Al fin y por fin.

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