De Nisman hoy sabemos lo mismo que hace un año
Se cumplió ayer el primer aniversario de la muerte de Alberto Nisman, el fiscal a cargo de la causa Amia, y sabemos tanto hoy como el mismo día hace un año. Con la impunidad que sentimos que existe en la Argentina, nada puede ser peor que no resolver este magnicidio. Si con toda la presión que se ejerce sobre esta investigación no se logran resultados, ¿qué queda para el resto de los millones de ignotos que habitamos este país? ¿ O será que es esta misma presión la que impide el avance dela causa?
Antes de entrar en los papelones judiciales que ya conocemos, el alto funcionario muere en extrañas circunstancias y luego de haber denunciado a la entonces presidenta Cristina Fernández por supuesto encubrimiento a Irán en el atentado de 1994. Nisman fue hallado muerto de un tiro en la cabeza dentro del baño de su departamento en el edificio Le Parc, de Puerto Madero, un día antes de ir al Parlamento a explicar la denuncia. En realidad aún no se sabe si falleció el domingo 18 de enero a la mañana, como afirma el Cuerpo Médico Forense, o el sábado 17, como sostiene la querella que impulsa, en nombre de sus hijas, la exesposa del fiscal, la jueza federal Sandra Arroyo Salgado.
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Apenas se supo de la muerte, hubo un gran impacto social y político que produjo la sensación de que aparte de los Servicios de Inteligencia de Argentina y otros países que colaboraban con la causa, había una pata política. Y esa percepción social se fue acrecentando a medida que el oficialismo de entonces hacía alguna participación pública. Es decir, cada vez que alguno hablaba, oscurecía más el cielo sobre el kirchnerismo acrecentando las sospechas de su vinculación con el hecho. Es que lejos de condolerse, todos salieron a defenderse como si hubieran sido imputados judiciales. Cristina habló recién 15 días después de la muerte y salió duramente contra los fiscales y opositores que programaban una marcha, bajo el lema Yo soy Nisman. Recordemos que antes, a través de las redes sociales, había publicado una carta donde se refiere al caso como un suicidio, a pocas horas de haberse encontrado el cuerpo, y al mismo tiempo elucubra en voz alta una serie de hipótesis de presuntos responsables o intervinientes en el desenlace.
Pero la entonces presidenta Cristina Fernández fue y vino con la caracterización del hecho, alternando entre hipótesis de suicidio y de asesinato. En contraposición con su primera carta virtual, por cadena nacional el 26 de enero de 2015 afirmó que a Nisman lo habían matado para perjudicar a su Gobierno, después de haber presentado una denuncia escrita por otros a los que supuestamente obedecía y en medio de una campaña de desprestigio en donde se veía al fiscal en fotos indecorosas. Luego se descubrieron cuentas en Suiza y Estados Unidos, con dinero propio y de otros inversores. Y aunque el Gobierno pretendió sacar ventaja de esta faceta oscura del fiscal, no lo pudo lograr como hubiese querido.
Todo contribuyó a que el colectivo social desarrollara la idea, fallida o no, de que la política tuvo su parte en este crimen suicidio. Eso marcó al kirchnerismo de cara a las elecciones que debía afrontar ya que, sobre todo el sector independiente, se sintió profundamente conmovido. Y el voto de ese grupo es clave en nuestro país. La militancia K apoyó siempre sin retaceos todo lo que dijo el oficialismo sobre el caso Nisman y los anti K siempre abonaron el homicidio por parte de allegados al Gobierno para evitar que Nisman hablara en el Congreso. Pero el sector ideológicamente independiente analizó y se inclinó por una u otra versión, y eso también afectó a las urnas. Que se hablara de la posibilidad de un Gobierno matando a un fiscal es algo que suena y deja pensando a la sociedad. Los gestos de la presidenta, de no recibir a la familia, de hablar más desde la defensiva que desde el dolor en sus apariciones públicas, también tuvo su efecto en la gente.
A medio año de las presidenciales, fue letal para el oficialismo esta sospecha.
Y ahora Mauricio Macri recibe a las hijas de Nisman, dando un mensaje a la sociedad de apoyo al esclarecimiento de la causa. Junto con haber dejado caer el memorándum con Irán, que fue el inicio de todo el conflicto, en épocas del kirchnnerismo.
Tema aparte es el escándalo judicial, con tal grado de contaminación en la escena del suceso que tampoco se puede confiar en las pericias que se llevaron adelante en la causa para intentar dilucidar el caso: cuando se descubrió el cuerpo más de 30 personas desfilaron por el departamento, tras la convocatoria a la madre del fiscal, Sara Garfunkel, para que ingresara con un cerrajero al departamento.
El arma, una pistola Bersa calibre 22 que curiosamente no dejó rastros de pólvora en las manos de Nisman, pese a que ese tipo de armamentos habitualmente lo deja. Tampoco había huellas en la casa o en el arma del técnico informático Diego Lagomarsino, quien le prestó la pistola a Nisman el sábado 17 y quien resultó un personaje sobre el cual apuntar. Evidentemente todo fue limpiado, según resulta.
Lagomarsino está imputado en la causa, aunque nunca fue llamado a indagatoria. En una causa plagada de irregularidades que tuvo la investigación realizada por la fiscal Viviana Fein, quien nunca firmó el prometido dictamen en donde se iba a pronunciar después de las elecciones presidenciales sobre si la muerte de Nisman fue un asesinato, un suicidio o una muerte inducida. Fein perdió el control de la causa. Tras un enfrentamiento abierto con la querellante Arroyo Salgado, la jueza de instrucción Fabiana Palmaghini resolvió en diciembre hacerse cargo de la investigación, algo que ya se le había pedido varias veces y a lo que se había negado.
Tras esa muerte, Cristina descabezó la Side, creó la AFI y convirtió en un archi enemigo de la Argentina al espía Antonio Jaime Stiusso, quien había sido funcional al Gobierno durante la mayoría de los años kirchneristas. Que luego de un largo viaje a Estados Unidos, según afirman sus abogados, vendrá a declarar en la causa. Siendo un espía con tantos vericuetos ¿se sacará algo en limpio de su declaración?
La denuncia de Nisman quedó en la nada porque el juez Daniel Rafecas cerró la causa sin siquiera abrirla a investigación al considerar que fue una alarmante y temeraria acusación contra la jefa de Estado. La Sala I de la Cámara Federal ratificó ese fallo. Un fiscal frustró luego nuevas apelaciones pero se activó un dominó interminable de jueces y fiscales colocados y removidos. Beneficios de estar en el poder
Ahora con otro Gobierno y otro clima, la querella de la causa Nisman, hicieron saber que se van a pedir nuevas pruebas. El 27 de diciembre de 2015, la querella planteó 40 nuevas medidas en un escrito. La jueza Viviana Palmaghini ya había pedido otras 49 medidas al asumir la causa.
No podemos aseverar que se llegue a descubrir la verdad en este caso. Pero hay una luz de esperanza con este nuevo Gobierno porque los gestos que hace, dejan más tranquilos a la Justicia para actuar.















