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De alianza electoral a gobernante, un paso que atraviesa Cambiemos

29 de mayo de 2018 a las 12:00 a. m.

La crisis financiera trajo, sin dudas, la necesidad de reacondicionamientos políticos. Mauricio Macri, al tiempo que debió acudir al FMI se vio compelido a fortalecer rápidamente la base de la coalición de Gobierno.

Porque tanto la UCR como la Coalición Cívica saben que quien gobierna es el PRO, que llegaron adonde están por la tracción del macrismo, pero entienden que tanto la presencia territorial en el primer caso, como la figura de Carrió en el segundo, también incidieron en los triunfos de 2015 y 2017. Por eso reclaman su espacio en los ámbitos de decisión, desde hace tiempo, pero llegado a este momento crítico de la gestión el PRO ya no puede seguir tirando de la cuerda a sus socios. En la Argentina, donde hay ejemplo para todo, el fantasma de una ruptura de una alianza en el poder ya la vivimos, entre Fernando de la Rúa y Carlos “Chacho” Alvarez, y terminó la administración en desastre.

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Y si bien apenas sucedida la crisis, la UCR y Elisa Carrió salieron a reivindicar Cambiemos y respaldar al Gobierno, no fue un gesto tan gratuito como parece. El radicalismo plantea dos cuestiones, sobre la base de la experiencia de estos años de coalición: si Macri es reelecto, debe haber un programa de gobierno de Cambiemos, no del PRO con acompañamiento de sus socios como ocurre ahora. Y en segundo lugar, la UCR, por peso específico, debe ocupar cargos clave en el próximo mandato.

También es cierto que hubo tiempismo para este ultimátum; la crisis para los radicales fue vista como la oportunidad de lograr mayor participación en el Gobierno, aunque la verdad es que aprovechar el mal momento del macrismo para colar más lugares en el Gabinete es, al menos, una actitud pijotera en todo caso. Porque no es el momento de presionar –menos públicamente- cuando lo que se intenta es apagar un incendio.

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El conflicto empezó antes de la crisis, justo es decirlo, pero se aceleró claramente cuando vieron la preocupación que atravesaba el Gobierno. El punto de inflexión, uno de los tantos, es la fórmula presidencial. El titular del Comité Nacional del radicalismo, el gobernador mendocino Alfredo Cornejo, dijo que repetir una fórmula presidencial en 2019 con Macri y una compañera de fórmula también del Pro como Gabriela Michetti “no muestra la certidumbre necesaria para consolidar Cambiemos”. Es probable que tenga razón y que una fórmula conjunta daría más sustento a la alianza.

Una vez por mes, en la sede del comité de Alsina al 1700 o en otro lugar, se reúne la verdadera cúpula radical. Allí el núcleo de dirigentes que analiza la situación del país y de Cambiemos lo integran Cornejo, Gerardo Morales, Mario Negri, José Cano, Gustavo Valdez, Ricardo Colombi, Enrique “Coti” Nosiglia y Ernesto Sanz. Es en este marco donde se pone blanco sobre negro sobre la participación radical en el Gobierno, tanto que dicen que la coalición solo funcionó en el plano parlamentario y van por más espacio en las decisiones ejecutivas.

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Igual es claro que el análisis político del radicalismo es necesario en la mesa del Gobierno; sus conocimientos territoriales y de la política en sí misma son mucho más amplios y complementarios a los del PRO, donde hay CEO y profesionales, además de una gran dosis de pragmatismo de la que el radicalismo –salvo honrosas excepciones- carece. Realmente hubiese sido un acierto que la cosa hubiese sido más compartida desde el principio, con cada sector aportando lo suyo, los representantes de una nueva política y aquellos a los que les abunda el pavimento recorrido. No fue así y, con el diario del lunes, vemos (hasta el propio Macri) que fue un error. Pero la actitud del radicalismo de ventilar este recelo ahora también lo es. De hecho, ha servido para fogonear y envalentonar a una oposición peronista en el Congreso que estaba disipada.

Los radicales anticiparon muchos problemas que no fueron atendidos y en la Casa Rosada creyeron que las elecciones legislativas eran un cheque en blanco y no apenas un crédito para no volver al pasado. También con acierto, los socios consideran que en el Gobierno hace falta otro tipo de comunicación y un relato (no inventado como el kirchnerismo explican). El relato, en el caso de Cambiemos, hubiera sido dejar en claro dónde estaba parado el país y hacia dónde iba, preparar a la gente para una etapa de ajuste y delinear quienes son aliados y quienes enemigos.

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La idea de dialogar más y en serio tiene como objetivo que en un segundo mandato se llegue a la consolidación de la coalición Cambiemos, detrás de un programa de gobierno común.

En la provincia de Buenos Aires la fórmula original ya era compartida con el radicalismo y para 2010 van a consolidar la figura del vicegobernador Daniel Salvador como compañero de María Eugenia Vidal, intentando, además que no crezca el sector rebelde de Ricardo Alfonsín, un crítico de la cúpula de la UCR.

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En la Capital Federal, todos creen que finalmente la UCR porteña se integrará a Cambiemos para el 2019, y que la llave será posibilitar que el reciente afiliado radical, Martín Lousteau, puede competir en las Paso para jefe de gobierno porteño frente a Rodríguez Larreta. Una posibilidad que se le negó al dirigente en las últimas elecciones y que generó fuerte enojo en el radicalismo, siendo el único distrito del país donde no se autorizó a hacer la alianza. Incomprensible.

Las alianzas de Gobierno no son sencillas, lo vemos en Europa como se arman y desarman coaliciones, bajo la figura del primer ministro. Pero en la Argentina el régimen presidencialista tan acentuado, más al estilo Estados Unidos (donde este tipo de uniones transitorias no existen) se hace claramente más complejo. Cambiemos se constituyó como coalición política para ganar las elecciones de 2015. Hoy el desafío que se le presenta es transitar desde esta coalición electoral a coalición de gobierno. Porque la realidad es que desde su constitución existe en el interior de la alianza una suerte de tensión acerca de la identidad y los alcances de este acuerdo político.

El tiempo que viene dirá si este acuerdo electoral encuentra su paso definitivo a alianza gobernante.

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