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Cuando uno no quiere...

01 de enero de 2022 a las 12:00 a. m.

Cuando uno no quiere, dos no pueden, reza el saber popular. La magnitud de los problemas reales que la Argentina tiene por resolver requiere de diálogos y consensos entre todos los sectores dirigentes, no solo de aquellos que ocupan cargos en la estructura del Estado o del Poder Legislativo. Sin embargo, la crispación, la beligerancia discursiva, la falta de voluntad para el encuentro y la unión dominan la escena política y, al mismo tiempo, dejan en evidencia la falsedad de las convocatorias a dialogar para dar forma a soluciones que mejoren efectivamente la situación de los argentinos. 

El presidente de la Nación afirmó, el pasado 14 de noviembre por la noche luego de conocerse los resultados de las elecciones legislativas, que el país necesita que las grandes mayorías generen consenso y ese día se comprometió "a la mayor brevedad" comunicarse con "los representantes de la voluntad popular para acordar una agenda tan compartida como sea posible". Un mensaje de ocasión para disimular el resultado electoral adverso que 40 días después no tuvo ninguna acción en la práctica. Otra promesa incumplida. 

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Tras la derrota en las urnas, ese 14 de noviembre el presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, expresó que "desde mañana" el presidente Fernández convocará "al diálogo, a los acuerdos, a empresarios y trabajadores, a oficialismo y oposición" con el foco en reafirmar la recuperación de la economía a la salida de la pandemia. Todo con la premisa de dar "un escenario de previsibilidad y futuro para los argentinos".

Palabras vacías, los dirigentes no tienen ningún interés de trabajar juntos por el país. Cada uno se encierra en su espacio y evita gestos de grandeza y humildad para sentarse en una mesa a dialogar para encontrar coincidencias más allá de las diferencias. No parece importarles a esos políticos narcisistas la situación de la pobreza en la que vive la mitad de los argentinos. Si no los conmueven esas historias atravesadas por la crisis socioeconómica que comienzan el día sin saber si podrán alimentarse en forma adecuada, ¿qué lo hará?

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La clase política, entonces, se presenta como desalmada, enfrascada en sus peleas de amplios y cómodos salones mientras los cordones de marginalidad de las grandes ciudades no paran de crecer. No es solamente desde el lado del Gobierno sino que la oposición también debe revisar sus comportamientos. Por caso, los presidentes de los partidos que integran Juntos por el Cambio se reunieron el pasado lunes 27 en la nueva Mesa Nacional del espacio. Lo más saliente de cara a la sociedad es que acordaron no crear nuevos impuestos (esto no quiere decir que no aumenten los existentes); es decir, aquellos con cargos legislativos no votarán proyectos de este tenor y los gobernadores no aplicarán estas iniciativas. Luego se repartieron loas por las victorias electorales de de septiembre y noviembre y renovaron el compromiso para continuar consolidando el espacio con el objetivo de lograr un gobierno de esa coalición en 2023. Nadie dijo nada de la disposición al diálogo ante una posible convocatoria del presidente, que por cierto tiene su palabra muy devaluada. 

Entonces, ¿es posible que los unos y los otros puedan trabajar juntos en beneficio de todos los argentinos? Difícil con semejante nivel de confrontación y una grieta que solo sabe ensancharse. 

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Otro ejemplo de esa falta de vocación dialoguista se dio la semana pasada cuando el p Fernández convocó a los gobernadores peronistas para debatir sobre las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y también evaluar el impacto que la caída del Presupuesto 2022 en el Congreso tendrá a la hora de repartir los recursos coparticipables. El almuerzo solo con los amigos. Del otro lado, una reunión más pequeña junto a los mandatarios provinciales de los partidos opositores y al jefe del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Agua y aceite. 

Se afirma que el FMI pretende que un acuerdo para reprogramar vencimientos logre un amplio respaldo legislativo tanto de oficialistas como opositores. ¿Será posible en un escenario de tanta polarización? Parece que este requisito será más difícil de cumplir que cualquier ajuste económico que exija el organismo.

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