Cuando la inmunidad es utilizada con impunidad

Un patrullero en las calles es para los ciudadanos señal de protección, de prevención y represión del delito.
Tal importante tarea es brindada por vecinos que asumen -vocacionalmente estimamos- la responsabilidad del cuidado de todos. Y para ello son dotados de parafernalia como armas, elementos de protección y otros atributos que hacen a su identificación como veladores del cumplimiento de la ley. Entre ellos, un móvil fácilmente reconocible por los vecinos. Como parte de su trabajo, también los policías gozan de ciertas inmunidades, como por ejemplo, aparcar los autos de la fuerza en cualquier espacio, incluso los prohibidos para cualquier civil. Claro que siempre a los fines de desempeñar la tarea que les compete: prevenir y reprender el delito o auxiliar en la vía pública.
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Distinta es la situación que plantean las imágenes que aquí presentamos: el martes 12, a las 10:15, dos móviles -una camioneta y un coche- fueron dejados en doble fila frente a nuestras oficinas. La primera impresión periodística era que podía estar ocurriendo un hecho delictivo que pudiera haber requerido la inmediata participación policial. Por ello personal de nuestra Redacción se apostó en el lugar para recabar información. Ingrata fue la sorpresa cuando se constató que sendos responsables de los vehículos (cada uno en forma independiente, en lamentable coincidencia de espacio y tiempo) estaban realizando tramitaciones personales (en un negocio de venta de celulares y en una entidad crediticia) y habían convertido la inmunidad de su investidura en total impunidad.
Valerse de un uniforme y de un móvil policial para infringir una norma que nos abarca a todos por igual merece, además de la debida sanción pecuniaria, una condena social. Más tratándose de quienes velan por el cumplimiento de la ley. Ni hablemos de la falta al deber moral de predicar con el ejemplo.







