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Cuando el enemigo de la democracia no es solo el autoritarismo

Con un escenario social y económico difícil de fondo, surgen muchos interrogantes en relación al sinuoso camino recorrido en cuatro décadas de ejercicio democrático y las dificultades para resolver problemas estructurales como la pobreza y la inestabilidad macroeconómica. En ese contexto, cabe preguntarse también por la confianza que las nuevas...

30 de septiembre de 2023 a las 12:00 a. m.
Cuando el enemigo de la democracia no es solo el autoritarismo

Con un escenario social y económico difícil de fondo, surgen muchos interrogantes en relación al sinuoso camino recorrido en cuatro décadas de ejercicio democrático y las dificultades para resolver problemas estructurales como la pobreza y la inestabilidad macroeconómica. En ese contexto, cabe preguntarse también por la confianza que las nuevas generaciones depositan en un sistema que demora en dar respuestas concretas a sus necesidades más básicas.

Es cierto: cada distrito electoral tiene sus particularidades. Por eso las generalizaciones no son buenas a la hora de analizar las razones que inclinan las preferencias electorales de la ciudadanía. Sin embargo, los resultados de las elecciones primarias en todo el país dejaron más de una sorpresa, siendo la emergente figura del diputado libertario, Javier Milei, la más notoria de ellas. ¿Cómo se explica la adhesión a un candidato que puede decir todo tipo de propuestas algunas rozando los disparates? ¿Cómo se compone el voto que lo apoya? "Desencanto", "bronca", "frustraciones", son algunas de las palabras que más se usaron para tratar de dar respuestas a la primera pregunta. Mientras que para responder a la segunda, la mayoría de los analistas coincide en señalar que el voto de los jóvenes fue determinante en aquellas Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias del 13 de agosto pasado, aunque aclaran que la cosecha del economista abarcó distintos grupos sociales y segmentos etarios, lo que le permitió posicionarse, en esa instancia, como el candidato presidencial más votado en la mayoría de los distritos electorales del país.

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Pero atención, el desencanto de buena parte de los jóvenes con la dirigencia tradicional no es un fenómeno exclusivo de la Argentina. El último sondeo realizado en 35 países por el Barómetro de la Sociedad Abierta, elaborado por la Fundación Open Society, una organización de la sociedad civil que es financiada por el multimillonario George Soros, reveló que el 42% de los menores de 36 años en todo el mundo están perdiendo la confianza en el sistema democrático. La encuesta se llevó a cabo entre mayo y julio pasado, con una muestra que incluyó a casi 40 mil personas de distintas naciones con gobiernos democráticos. "La amenaza más grave que enfrenta (la democracia) no es el atractivo rival del autoritarismo, sino más bien la cuestión de si los líderes democráticos pueden cumplir con sus electorados. La gente quiere creer en sociedades abiertas en las que los controles del poder, las instituciones pluralistas e independientes, la protección de las minorías y los derechos individuales permitan a todos participar. Pero la evidencia de que ese modelo mejora sus vidas es demasiado irregular". Así lo advierte la conclusión de la encuesta que, por otra parte, explica que las nuevas generaciones cuestionan al sistema democrático su incapacidad para garantizar, al menos, la misma seguridad económica que proporcionó a sus padres. Bien podría el lector poner en duda la relación que existe entre la situación que viven los jóvenes en otros países con la de sus pares de nuestra sociedad. Sin embargo, basta con preguntar a los chicos y las chicas que trabajan aquí como repartidores a través de aplicaciones y plataformas digitales qué opinan de las ocupaciones e ingresos que tenían sus padres o abuelos, o de las posibilidades que actualmente tienen ellos, en tanto trabajadores, de acceso al techo propio.   

Al fin y al cabo, la fe en la democracia depende también en buena medida de los beneficios materiales que puede obtener el ciudadano común del sistema. No es casual que en la mencionada encuesta elaborada por la Fundación Open Society, el 70 por ciento de las personas mayores de 56 años, sostienen que no hay sistema mejor que la democracia.

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 Este año celebraremos 40 años de democracia ininterrumpida. En todo ese tiempo se lograron conquistas que brindaron a la ciudadanía suficientes anticuerpos para rechazar la violencia política y consolidar el sistema democrático. De ese modo, la sociedad aprendió superar tensiones y comprobó la importancia que tiene respetar el principio de mayoría, garantizar la transparencia en los procesos electorales y la sucesión pacífica del poder. Eso explica, en gran medida, la continuidad democrática. Pero, al mismo tiempo, casi la mitad de la población vive en situación de pobreza, y casi seis de cada diez niñas, niños y adolescentes viven en hogares donde sobran penurias. Y esto último es lo que debe cambiar, para devolver a los más jóvenes la fe en la democracia.

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