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Cuando el árbol del ego tapa el bosque del narcotráfico

11 de septiembre de 2016 a las 12:00 a. m.

El episodio de las últimas horas, que sacudió la opinión pública, se produjo en torno a los 10 barriles de efedrina hallados en los depósitos fiscales del Aeropuerto de Ezeiza, que desde el 2011 nadie había retirado. Son de 250 kilos de la sustancia clave para la elaboración química de drogas de diseño en estos tiempos, una fortuna si se traduce a billetes contantes y sonantes: aproximadamente un millón de dólares. Y de un drama si se mide por las vidas que se pierden por su uso .

Todos sabemos que desde épocas inmemoriales nuestras aduanas son un colador, plagadas de nichos de corrupción, y que en la gestión kirchnerista, aunque tantas veces negado, el paso de la efedrina no para el área de salud sino como precusor químico, se transformó en una de las alas del narcotráfico en la Argentina y su exportación a otros países. Lo hemos planteado en muchas ocasiones, para que la droga penetre en una sociedad, primero penetró en el poder político, sine qua non.

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Haber puesto esta situación en la Justicia era sin dudas una acción que le hubiese valido al gobierno de Mauricio Macri una nota altamente positiva. ¿Qué pasó entonces que en todos los medios de comunicación se está ventilando la interna de Cambiemos en lugar del éxito del operativo? 

Pasó que la pelea entre la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, y el separado jefe de la Aduana Gómez Centurión se instaló en medio del escenario, ensuciando la acción concreta de comenzar a poner en caja la corrupción que rodea la efedrina en la Argentina.

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El éxito se hubiera podido exhibir con Bullrich, con sus colaboradores Eugenio Burzaco y Gerardo Milman, con el suspendido titular de Aduanas, Gómez Centurión, y con los titulares de la Policía Metropolitana y de la Policía Aeroportuaria. Todos en la misma foto, mostrando gestión, decisión y resultados.

En cambio lo que trascendió fue la feroz interna, los egos de un tamaño desmesurado y una avidez por la tapa de los diarios que prevalece por encima de las circunstancias. Y es así como se pone en riesgo el discurso de trabajo en equipo y la promesa de aplicar las herramientas de la Justicia para quienes hayan impulsado el tráfico de efedrina en la Argentina.

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Desde la Justicia dijeron que el dato revelador lo había aportado Gómez Centurión. Lo mismo escribió el Gobierno porteño en un comunicado oficial para elogiar el accionar de los policías metropolitanos. Parece que la ministra Bullrich se sintió molesta y desató una seguidilla informativa de comunicados y gestiones reservadas para dejar en claro que la primicia sobre barriles con efedrina le pertenecía a ella. Y al fin la disputa por el protagonismo mediático se comió la información importante que era el hallazgo y su judicialización. Más aun, Bullrich salió a remarcar que el dato había sido aportado a la Aduana en mayo por la Policía de Seguridad Aeroportuaria, una fuerza que depende de su área. Pero la Justicia recién se enteró el jueves a la mañana por un anónimo que aportó Juan José Gómez Centurión, el titular de la Aduana desplazado de su cargo por dos denuncias de corrupción y fue al fin el que judicializó el asunto.

Este es un caso claro de cuántas buenas nuevas –y cuantas acciones necesarias- se pueden arruinar por una interna donde el protagonismo se pone por sobre los datos duros y puros. Al fin, lo que tendría que haber sido un motivo de celebración para el Gobierno terminó en una pelea pública que lo tapa todo.

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La lucha intestina no comenzó con este caso, ya que antes Bullrich había sido la encargada de llevarle al presidente la denuncia por presunta corrupción contra Gómez Centurión. De inmediato, lo suspendieron y llevaron su caso a la Justicia. El militar retirado y excarapintada fue defendido a continuación por Elisa Carrió, que no es un dato menor para definir quién es quién en esta disputa en el marco de Cambiemos. Al haberse descubierto los barriles con efedrina, la interna estalló con todo.

Hubo acusaciones cruzadas entre la ministra y el suspendido jefe de la Aduana, todo con alto perfil mediático, tapas de los diarios, programas de radio y televisión que revisaron el tema con informes y declaraciones. Al fin, la efedrina, el contrabando y el narcotráfico y sus responsables, que eran lo importante, quedaron sepultados por la guerra de egos y los camarilleros internos.

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En la Casa Rosada todos intentaban bajarle el precio a esta pelea e insinuaban que “los dos ganaron”, refiriéndose a Bullrich y a Gómez Centurión, lo que no dicen en voz alta es que quien “perdió” fue el oficialismo con estas actitudes tan desafortunadas.

Lo que debe comprender Mauricio Macri es que no siempre contará con la suerte de estos meses, donde de la diáspora del pueblo peronista le evita una oposición férrea como la que presumiblemente le podrían hacer desde la vereda de enfrente. Cristina, desde el kirchnerismo, tiene pilas de expedientes judiciales abiertos y está jaqueada por Comodoro Py. Y el Frente Renovador aun no termina de hacer pie, aunque Sergio Massa encabeza las encuestas como posible postulante a senador en las legislativas 2017. Y esto explica que el presidente, por ahora, no esté pagando un costo político más alto por los errores de la administración y las peleas en el seno del propio Gabinete.

El respaldo de los votantes al macrismo y el desconcierto de sus opositores le otorgan todavía un margen considerable al presidente en esta etapa que no debería dilapidar, y así lo tienen que ver sus funcionarios, que hacen su juego personal sin medir el perjuicio para la gestión a la que pertenecen.  Porque la política es muy dinámica y el año que viene que es electoral puede mostrar sorpresas en el rearmado de los cuadros opositores y el oficialismo se habrá gastado una parte importante del crédito inicial, en este caso, en una pelea carente de sentido.

Aunque no es afecto a seguir el ritmo mediático de la gestión ni a los dimes y diretes en general, el presidente va a tener que terminar por tomar en serio las internas en el Gabinete, tanto en el área de economía donde dos por tres se cruzan los funcionarios públicamente y en el área de seguridad donde esta pelea fue el colmo del desacierto. Quizá en el camino Macri termine por prescindir de algunos funcionarios si no se suman al trabajo en equipo y es probable que esta es la etapa que venga.

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