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Crece la tensión y sobrevuelan las dudas

17 de junio de 2015 a las 12:00 a. m.

Si hay algo nocivo para la democracia es la duda. Ya sea sobre sus instituciones, sus representantes, o como en este caso, el modo de acceso a los espacios de poder, es decir, el sistema electoral.

Más allá de la inesperada y poco frecuente situación de triple empate en Santa Fe, subyace en todo este cuadro la obsolencia del modo de votar y escrutar que prevalece en todo el país. No se condice con el presente tecnológico y la inmediatez de las telecomunicaciones que tanto el sufragio como el recuento y la posterior información del resultado se hagan literalmente a mano. Mientras se lanzan desde el Estado tarjetas magnéticas que permiten viajar, pagar peajes y hasta comprar bienes, por otro lado nos quieren hacer creer que todavía es inevitable votar con un papel en un sobre que luego es contado a mano. Es tan inverosímil que como sociedad solo nos queda creer que lo que se esconde en la no implementación del voto electrónico es la conveniencia de los políticos. 

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El escrutinio de las Paso ya había sembrado de dudas el proceso electoral en Santa Fe; y precisamente, con ese antecedente, llama la atención que algo similar vuelva a ocurrir en los comicios generales.

Ahora tendremos que esperar aproximadamente 10 días para conocer los resultados de Santa Fe, durante los que se hará el recuento voto a voto, con diferentes fiscalizaciones. Como si eso, a esa altura, fuese garantía de algo; cualquiera sea el escrutinio final, será objetado. Y no sólo por el perdedor, sino por la sociedad, por la sola desconfianza que genera el sistema.

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En tanto, en esta situación de triple empate en Santa Fe, solo los socialistas festejan un triunfo que el PRO y el peronismo niegan, falta contar votos, las diferencias son centésimas.

Lo que el socialismo no quiere reconocer y ya se dan por ganadores, es que el triunfo está al alcance de cualquiera de los tres. El triunfo en la puja por la Gobernación sigue estando al alcance de cualquiera de los candidatos. Hoy comenzará el escrutinio definitivo y podría estar terminado, con suerte, en una semana, es decir más de 10 días después de que el santafesino emitió su voto.

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Finalizado el recuento provisorio, con el 95,45 por ciento de las mesas escrutadas, se ratificó que la diferencia entre el socialista Miguel Lifschitz; el candidato del PRO, Miguel del Sel, y el kirchnerista Omar Perotti es ínfima. Según ese registro, Lifschitz consiguió el 30,69 por ciento de los votos y Del Sel, el 30,58. Los separan apenas 2.128 sufragios. Perotti, por su parte, alcanzó 29,25 puntos, a unos 2.600 votos del primero. 

El escrutinio definitivo empezará hoy y estará a cargo del Tribunal Electoral de la provincia, que preside el titular de la Corte Suprema, Roberto Falistocco.

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Los votos de esas 347 mesas no se contaron porque, en el transcurso del recuento de la noche del domingo, la Justicia Electoral detectó alguna falla o irregularidad en los telegramas enviados por los presidentes de mesa y decidió apartarlos: estaban completados de manera incorrecta en cuanto al uso de espacios (error humano) o bien estaban ilegibles por la calidad de la tinta y la impresión de los fax (error técnico inadmisible).

Esos telegramas se revisarán junto con los del resto de las mesas a partir de las 8:00. En fin, todo se pone bajo la lupa de la sospecha ahora.

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Como los socialistas insisten en que ya son los ganadores, tanto el PRO como el PJ exigen que se controle voto a voto con conteo manual todas las urnas, porque ya no se sienten seguros de nada. Pero el socialista afirmó que con el escrutinio definitivo bastará.

Pero tanto Del Sel como Perotti coinciden en un reclamo: plantearon la necesidad de que no queden dudas de la cantidad de votos que recibió cada candidato. El más tajante fue el hombre de Mauricio Macri, que acusó al gobierno del socialista Antonio Bonfatti, que tuvo a su cargo el recuento de anteanoche, de haber actuado con negligencia. Están evitando la palabra “fraude” pero en unos días seguramente saldrá a relucir, porque en definitiva los comicios y su transparencia son siempre responsabilidad de los oficialismos, aunque haya veedores de todos los partidos que participan. 

El PRO además insiste que de acuerdo a sus fiscales ellos estaría 0,7 arriba de Lifschitz.

Pero las sospechas también están centradas en que se paró abruptamente el recuento, que se registró entre la 1:00 y las 5:00 del lunes. Cuando se frenó la carga de datos, con el 93 por ciento de las mesas escrutadas, había 188 telegramas desestimados. Cuando volvieron a cargar el porcentaje escrutado era 95 y los telegramas no computados eran 304. Nadie se explica cómo se incorporaron tantos telegramas de golpe mientras estuvo parada la carga de datos.

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Por otra parte el apoderado del PRO dice que no coinciden las actas de votación que firmaron los fiscales con lo que aparece volcado al sistema.

Lifschitz, por su parte, volvió a adjudicarse el triunfo y hasta arriesgó que el análisis de las 347 mesas que quedaron afuera le permitirá estirar la ventaja sobre Del Sel. Lo que no es matemáticamente cierto porque en centésimas de diferencia 100.000 votos pueden cambiar cualquier resultado, hasta Perotti podría verse beneficiado.

La preocupación que le quedará al santafesino y a todo el país es si sabremos en definitiva quién fue el más votado, porque para una democracia lo peor que puede suceder es que se ponga en riesgo la transparencia electoral, su herramienta madre, la que da la legitimidad a quienes triunfan. Y eso, no sabemos si llegará a suceder en Santa Fe.

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