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Conspiraciones políticas, corrupción penitenciaria y narcotráfico, ingredientes de un coctel llamado fuga

29 de diciembre de 2015 a las 12:00 a. m.

Apoco de asumir la Gobernación de Buenos Aires, María Eugenia Vidal se enfrenta a un enorme desafío: los hermanos Cristian y Martín Lanatta y Víctor Schillaci, condenados a prisión perpetua por el triple crimen de General Rodríguez, vinculado con el tráfico de efedrina, se escaparon de la Unidad Penal N° 30, de General Alvear, generando enorme alerta en todo el país, con birretes que exceden el marco de inseguridad y tocan de lleno en lo político.

La actuación de la mandataria fue rápida, es de reconocer; removió a los jefes de la cárcel y a la cúpula del Servicio Penitenciario Bonaerense y ofreció una recompensa de 2.000.000 de pesos por información sobre el paradero de los delincuentes.

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No hace falta decir que nadie se fuga de un penal de máxima seguridad si no tiene complicidad en el Servicio Penitenciario y, en este caso en particular, además están de por medio el dinero y el tráfico de influencias propio de las bandas narco. Dicho esto que es innegable, hay todo tipo de sospechas sobre el rol de relaciones de la política con este trío. Oficialistas y opositores se acusan de tener que ver con la fuga, por motivos que no hace falta adivinar, sólo mirar las redes sociales y los medios de comunicación para saber qué dicen unos de los otros. En la Casa Rosada, además de poner el ojo en el entramado operativo de la fuga, advierten un mensaje mafioso para amedrentar su trabajo de lucha contra el narcotráfico. Cerca de Vidal acusan de complicidad a los funcionarios del Servicio Penitenciario, lo cual es inneglable, más allá de conspiraciones. 

El triple homicidio de Sebastián Forza, Damián Ferrón y Leopoldo Bina, ocurrido en agosto de 2008, tuvo en sí mismo una pata política toda vez que se comprobó que tanto los asesinados como muchas de sus relaciones (droguerías mayormente) habían aportado a la campaña presidencial de Cristina Kirchner en 2007. Y más recientemente, el caso se metió en la última campaña bonaerense cuando Martín Lanatta vinculó al candidato a gobernador kirchnerista, Aníbal Fernández, con el tráfico de efedrina y de ser la mente detrás de los crímenes. Sin embargo, cuando se realizó el juicio oral, no mencionó esta circunstancia, la que recién ventiló periodísticamente durante la última campaña. Luego ratificó la versión ante el juez. La nota la consiguió el programa del periodista Jorge Lanata (con una sola t) y el entonces jefe de Gabinete en un primer momento no sospechó del macrismo sino de la propia interna peronista. Ya que mientras disputaba con Julián Domínguez en la interna por ser gobernador, funcionarios de Daniel Scioli le abrieron las puertas (autorizándolo) a Canal 13 y a Lanata para que haga la nota.

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Ahora hay otras sospechas, no sólo el gobierno provincial y la Casa Rosada temen oscuras intenciones políticas detrás de la fuga. Una de ellas es que esta fuga habría sido más bien un secuestro para evitar que Lanatta y compañía sigan hablando; en esta línea, se incluye la posibilidad de que aparezcan muertos. 

La diputada y presidenta del GEN, Margarita Stolbizer, escribió en su cuenta de Facebook: “La fuga de los hermanos Lanatta es escandalosa. Muestra fragilidad y complicidad. Pero por sobre todo envía un mensaje mafioso al nuevo gobierno”. También se expresaron dirigentes del Frente Renovador, como Walter Martello, quien dijo que hay que investigar “las posibles incitaciones políticas a esta fuga y las conexiones y resabios de los operadores de la pasada etapa sciolista con el Servicio Penitenciario”.

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El kirchnerismo, por su parte, también alimentó las teorías conspirativas. Anoche, Aníbal Fernández no descartó que la fuga esté relacionada con la denuncia periodística que -juzgó él- determinó su derrota electoral. “Que cada uno saque sus propias conclusiones. No voy a cambiar mi manera de vivir porque se hayan fugado estos personajes. Ando solo”, dijo. La exlegisladora porteña de Nuevo Encuentro, Gabriela Cerruti, fue más explícita. Escribió en Facebook: “Ahora sabemos cuál era el precio real que habían acordado los Lanatta por hacer su denuncia falsa contra Aníbal Fernández en el programa de Lanata”, escribió, sugiriendo que esta “salida” de prisión tiene que ver con un cobro de favores.

Todos señalan a todos y, lo peor, es que todos los argumentos son posibles en esta trama tan oscura. 

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Según se pudo reconstruir de fuentes de la Policía y de la Gobernación (versiones orales porque vergonzosamente, las cámaras de seguridad no cumplieron su función: algunas no andaban, otras transmitían sólo in situ y a un único monitor, otras no grababan y otras mostraban la imagen en diferido), los tres detenidos se escaparon cerca de las 2:30, tras reducir con un arma de juguete y maniatar a dos guardias. Luego llegaron al puesto 1, redujeron a otro guardia y lo tomaron como rehén. Con él fueron en un auto de un empleado hasta el barrio Villa Belgrano, donde se apearon. Dejaron al agente dentro del vehículo y le cambiaron su arma por la de juguete. 

La historia es más increíble que una historia de ciencia ficción. Si fuera tan fácil escapar de una cárcel de máxima seguridad, no habría presos “pesados” en la Argentina y menos del narcotráfico. No olvidemos que el jefe del cártel más cruel de estos años, el “Chapo” Guzmán, se escapó en medio de una obra de infraestructura carcelaria imposible de disimular. Es que es tanto el dinero que maneja la droga que termina haciendo posible lo inimaginable.

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Ahora hay 600 efectivos de la provincia y las fuerzas nacionales trabajando en la búsqueda, pero no se descarta que puedan haber volado a algún país extranjero, no estaría demás dar aviso a Interpol.

Vidal sospecha claramente  de la complicidad de agentes del Servicio Penitenciario para favorecer la fuga y habrá que ver quiénes los esperaban afuera para ayudarlos luego. En las últimas semanas, funcionarios del nuevo gobierno hicieron una serie de inspecciones en cárceles en las que descubrieron severas anomalías y posibles casos de corrupción. Fue después de estas inspecciones que la mandataria decidió enviar a la Legislatura una proyecto de declaración de emergencia penitenciaria, para que se apruebe esta semana, junto con otras normas que considera cruciales, como las emergencias en seguridad y en infraestructura, el presupuesto y la ley impositiva. Hoy la cuestión penitenciaria se antepone a otras urgencias.

Dentro de lo trágico que está ocurriendo, lo más positivo que se puede pensar del hecho es que se trate de un mensaje mafioso; eso significaría que este nuevo gobierno realmente está moviendo hilos sensibles del narcotráfico y que sus líderes se sienten tocados, amenazados por la gestión de Vidal. Sería un signo de que se va por el camino correcto en esta lucha tan difícil.

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