Como todo, la inmigración también debe tener un orden
El primero que se animó a expresarse, aun a costa de resultar políticamente incorrecto para muchos, fue el senador Miguel Pichetto, cuando habló de endurecimiento respecto de la inmigración. Lo hizo sabiendo que en el peronismo muchos sectores lo crucificarían, como sucedió. Sin embargo, el tema se fue imponiendo e incorporó la adhesión del presidente y con él de un nutrido grupo de independientes que empezaron a expresarse en las redes en apoyo a revisar nuestra política migratoria.
Es que no solo hay una crisis migratoria mundial que se refleja en Europa por la guerra en Oriente Medio, sino que en América Latina hay una gran movida de gran número de migrantes que huyen de países empobrecidos y violentos. La Argentina está recibiendo extranjeros todo el tiempo, tanto porque sigue siendo visto como un país rico y de oportunidades en la región como porque es un país altamente flexible para su ingreso y su instalación. A esto hay que sumar las posibilidades de salud y educación gratuitas.
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Lo primero que se debatió fue el de las exigencias de reciprocidad de Argentina con otros países en materia de salud, de educación u otras variables de intercambio de prestaciones, ajustadas a conductas utilizadas, por ejemplo, en naciones vecinas. A los argentinos en cualquier país vecino nos cobran todo y nosotros no le cobramos a nadie, dicho rápidamente.
Pero lo más complicado de la doctrina Pichetto fue advertir sobre las desventajas de la falta de control en materia inmigratoria y, aún, en situaciones especiales de expulsión de extranjeros para casos de la Justicia penal. En realidad, son más que desventajas; lo nuestro ya es ir a contramarcha del mundo y del sentido común. No puede ser Argentina un país receptivo de quienes evaden la Justicia en sus países de origen ni tampoco sostener en nuestro sistema penitenciario a quienes, aun llegando limpios, han delinquido en nuestro territorio. Por lo demás, bienvenidos sean los hombres y mujeres de paz y bien que quieran habitar a este suelo y servir a esta Patria.
Tenemos que dejar de ser tontos. El problema es que siempre funcionamos como ajuste social de Bolivia y ajuste delictivo de Perú. Perú resolvió su problema de seguridad y transfirió todo el esquema narcotraficante a las principales villas de la Argentina, que están tomadas por peruanos. Así hablaba Pichetto, de una manera amplificada y generalizada pero con visos de verdad.
El flujo inmigratorio a nuestro país ha crecido exponencialmente en los últimos cuatro años, compuesto principalmente por venezolanos. Ellos se suman al flujo que viene siendo constante, de paraguayos, bolivianos, peruanos, además de los brasileros y chilenos que llegan temporalmente a nuestro país buscando educación superior. Tema este último que hemos tratado en otras oportunidades y sobre el cual pende algún sistema de reciprocidad para con esos países a los que les devolvemos ciudadanos formados.
Pero ahora el tema está en la picota por otra arista, la de la delincuencia que viene entremezclada en esos flujos. En oportunidad de los hechos de violencia en la Plaza de los Dos Congresos, durante el tratamiento del presupuesto 2019, sos personas de nacionalidad venezolana, una de Paraguay y otra de Turquía, resultaron detenidas.
Al fin el Gobierno reclamó a la Dirección de Migraciones, previa tramitación abreviada de las causas, la expulsión de los procesados.
Como se verá, el tema de la inmigración, tiene varias vertientes que atender, pero de manera urgente. Desde la posguerra que no se suscitaba una oleada inmigratoria de este porte. Y si bien las características de la presente con los siglos XIX y XX son bien distintas, hay mucho de lo que entonces se hizo que bien podría reeditarse.
Es una problemática impensada 10 años atrás, nadie la vio venir y nadie la buscó. Por eso nos agarra en ascuas. Está sucediendo y hay que sacar adelante la situación lo mejor que se pueda. Para ello es elemental establecer un orden, que hace tiempo no existe al respecto, sencillamente porque no se consideraba a la inmigración una situación de conflicto.
Sería bueno crear un organismo que, una vez aprobado el ingreso de un inmigrante, lo ataje. Un poner freno para ver qué hacer con cada persona. Establecer su perfil, con sus calificaciones, habilidades, estudios; homologar títulos universitarios y compatibilizar este ingreso con las necesidades que hay en el país. Porque están llegando médicos, ingenieros, arquitectos, electricistas. Pero una vez que les sellan el ingreso, quedan a la buena de Dios, se ubican donde pueden y hacen lo que venga. En consecuencia, no van más allá de la General Paz. Mientras que si hubiera un organismo estatal al que debieran obligatoriamente someterse para que los tutelara, les homologara sus títulos y tomara nota de sus habilidades, podría organizarse una situación donde todos ganen, destinando a estos inmigrantes a lugares donde hace falta esta mano de obra específica. Es mejor para ellos que tomar cualquier trabajo y en condiciones precarias y es mejor para el país, que además de cubrir vacantes que los argentinos no quieren o no pueden, gana un ciudadano más que aporta al sostenimiento del sistema.
No es nada nuevo lo que decimos; se hizo cuando llegaron vascos, gallegos, alemanes, italianos. En aquel momento se les destinaron tierras despobladas que hoy son colonias productivas. Hoy son venezolanos, bolivianos, peruanos y hasta senegaleses y no tenemos tierras para asignarles pero sí una amplia gama de sectores productivos del país que necesitan mano de obra calificada y no tanto, que muchos argentinos desprecian por no querer desarraigarse.
La mayoría en este país somos hijos de inmigrantes y nadie reniega de eso; recibir a gente que viene desde las peores condiciones a trabajar y después vive agradecida a esta tierra que los cobija está en nuestra esencia. Pero debemos organizarnos, para que este cometido se cumpla para ellos y para que no se sigan superpoblando los conglomerados urbanos, haciendo colapsar el sistema sanitario, mientras que en Formosa, Chaco, Neuquén, faltan médicos, por ejemplo.
Y expulsar a los delinquen es elemental, pero más lo es establecer controles más exhaustivos en las oficinas de Migraciones para que directamente no entren quienes ya cuentan con antecedentes. Debemos aprender a recibir a los que como nuestros abuelos vinieron a trabajar y diferenciarlos de las bandas delictivas que se cruzan la frontera para hacer de las suyas. Tampoco es positivo recibir extranjeros que no tienen antecedentes pero no quieren venir a trabajar sino a buscar vivir a costa del Estado, porque tenemos un número de pobres propios que duelen lo suficiente como para ampliar el número en base a quienes vienen de otros países a vivir a nuestras villas. Por eso, este tutelado previo en que el Estado acompañe, asista y direccione la radicación sería positivo. Y un seguimiento posterior, de modo que quien no acate lo que el Estado argentino le ofrece, sea invitado a irse.
No vamos a caer en la trampa, muy fácil en épocas de crisis, de echarles la culpa a los extranjeros de nuestros males, de lo que estamos hablando es de organizar la inmigración como sucede en cualquier país del mundo.
















