Carlos Menem, la serie y aquel día en Pergamino que el riojano nunca olvidó
El lanzamiento de la serie sobre la vida de Carlos Menem trajo consigo un torbellino de recuerdos para la política argentina de fines de los \'80 y los \'90. Pero para Pergamino, hubo un detalle que no pasó inadvertido: en el primer capítulo aparece un pasaje de campaña que muchos...

El lanzamiento de la serie sobre la vida de Carlos Menem trajo consigo un torbellino de recuerdos para la política argentina de fines de los '80 y los '90. Pero para Pergamino, hubo un detalle que no pasó inadvertido: en el primer capítulo aparece un pasaje de campaña que muchos pergaminenses recuerdan con nitidez. Porque sí, Carlos Saúl Menem pasó por esta ciudad en aquella campaña cuando pugnaba por ganar la interna del PJ. Y aunque no fue recibido como un futuro presidente, su visita dejó una huella que la ficción acaba de traer de vuelta.
Era fines de 1988 y Menem, entonces gobernador de La Rioja, recorría el país como precandidato presidencial en la interna del Partido Justicialista. Enfrentaba nada menos que al gobernador bonaerense Antonio Cafiero, amplio favorito por estructura, imagen y pertenencia. En un país sin redes sociales ni televisión de 24 horas, Menem buscaba instalarse en cada rincón del mapa con su carisma, sus patillas y un discurso que todavía no tenía rastro del neoliberalismo que luego abrazaría.
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En ese contexto llegó a Pergamino. Pero aquí lo esperaba una puerta cerrada.
El intendente -Alcides Sequeiro- había asumido un año antes, en 1987, y respondía directamente al cafierismo. Fiel a su línea interna, se negó a recibir a Menem, ignorando que era un gobernador en ejercicio y, además, un compañero del mismo partido. Fue una decisión política, sí, pero que luego pesaría más de lo imaginado.
Menem, que venía de ser recibido en Rojas por un intendente radical, encontró en Pergamino el desaire. Y no se lo guardó. Aquella tarde, en un acto callejero improvisado en la esquina de San Nicolás y Pueyrredón, abrió su discurso con una frase punzante: “Vengo de una ciudad gobernada por un radical, donde me abrieron las puertas. Llego a Pergamino, gobernada por un compañero, y encuentro las puertas con candado”.
La anécdota pasó a ser parte del folklore político local. Aquel día, mientras el intendente Sequeiro optaba por la distancia, otros referentes como el exintendente Carlos Gaspard y el entonces párroco de La Merced, Gastón Romanello, sí abrieron sus puertas para recibir al riojano.
El tiempo pasó, Menem ganó esa interna contra todos los pronósticos, y luego arrasó en las elecciones de 1989. Gobernó hasta 1999, con poder y una memoria filosa. En Pergamino, Sequeiro también estuvo doce años al frente del Ejecutivo, desde 1987 hasta 1999. Casi en paralelo, ambos tejieron sus mandatos entre roces y silencios.
Los que conocen los pasillos del poder aseguran que Menem nunca olvidó aquel gesto de Sequeiro. Y que en la década menemista, ese desplante temprano tuvo sus costos para Pergamino, aunque siempre en voz baja. Sequeiro, ya lejos de la política, reconocería años después que aquella decisión tuvo consecuencias.
Hoy, con la serie de Menem en boca de todos, el recuerdo revive. No es sólo una anécdota: es un mojón de nuestra historia política local. Uno que nos recuerda que los gestos, aún los más pequeños, pueden marcar décadas.










