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Cambios drásticos en plena "luna de miel"

Javier Milei es el nuevo presidente de la Argentina. En el segundo balotaje de la historia del país, ganó la elección por 3 millones de votos a Sergio Massa, el candidato oficialista de Unión por la Patria. La participación fue del 77 por ciento, manteniendo –contra todos los pronósticos- los...

25 de noviembre de 2023 a las 12:00 a. m.
Cambios drásticos en plena "luna de miel"

Javier Milei es el nuevo presidente de la Argentina. En el segundo balotaje de la historia del país, ganó la elección por 3 millones de votos a Sergio Massa, el candidato oficialista de Unión por la Patria. La participación fue del 77 por ciento, manteniendo –contra todos los pronósticos- los niveles promedio de 40 años de democracia. En porcentajes, Milei se impuso por 55,7 a 44,3 por ciento. Un vuelco total del resultado de la primera ronda electoral en octubre y probando la tendencia de las Paso. 

¿El voto en blanco? Un magro 1,5 por ciento del padrón: un efecto esperable que no existió. De los 1,1 millones de votos en blanco de la primera vuelta, solo quedaron 411.000. No hubo voto indeciso ni neutral ni prescindente. Aunque fuese por la negativa (votar en contra de o al menos malo), hubo un voto efectivo, certero, claro y totalmente democrático. Así, y de manera imprevista, Milei es el presidente electo con más votos de la historia Argentina, y confirma la tendencia en América Latina donde los oficialismos solo ganaron ocho de 33 elecciones entre 2015-2023. También da fe del viejo y vigente mantra que cuando sube el índice de pobreza bajan las chances de reelección.

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Las interpretaciones se hacen en el tiempo, pero una razón clave del triunfo se encuentra en que la propuesta libertaria gano en 21 de 24 provincias del país, más el voto extranjero. Milei, en Pergamino ganó por 62,4 a 37,6 por ciento. Mientras Massa sumó 1.990 votos entre octubre y noviembre, Milei sumó 15.800. Y así, con montos igualmente abrumadores, se presentó el recuentoen todo el país. Aun en la provincia de Buenos Aires, ganada por Massa, la diferencia fue mínima tomando en cuenta el volumen de votos del padrón nacional. 

¿A que nos referimos entonces? A que no hay ninguna ambigüedad de la dirección de cambio drástico y brusco que propone La Libertad Avanza, que avala el PRO, y que apoyan sectores específicos de otros partidos políticos. La gente votó con convicción a tal nivel que el miedo quedó en el plano de las estrategias electorales y no en la urna. La gente votó de tal forma que no hay otro resultado que alterar el rumbo actual. ¿Adónde? Allí estará la complejísima tarea de gobernar. Una obviedad que a veces tarda en materializarse: una cosa es liderar una campaña política, otra, muy diferente, es gobernar.

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Para gobernar hace falta técnica, conocimiento y gente. La Libertad Avanza tiene solo dos diputados nacionales -el actual presidente electo y su vice- ningún gobernador o experiencia en gestión del Ejecutivo. Solo para la primera línea gubernamental se necesitan entre 100-300 personas afines. Aunque en campaña la motosierra parezca simpática, en la realidad, o por lo menos en la transición al Estado mínimo hobbsiano, hace falta muñeca y maña política para hacer caminar al Estado. Por eso es imperativo pensar el rumbo del próximo gobierno de Milei como un posible laberinto que busque una salida rápida y fácil a los problemas que tenemos pero chocándose con paredes circulares. Si partimos de las premisas de campaña, desde ya podemos anotar que La Libertad Avanza planifica un shock económico, un shock social y un shock cultural. Cada uno de estos cambios drásticos, sin planificación y capacidad de gestión desde el Estado, posiblemente alimenten los problemas. Por ejemplo: si hay que bajar la inflación mediante el recorte del déficit fiscal y las dinámicas cambiarias, incendiar o dinamitar el Banco Central no sería una política eficiente. Y si así lo fuera, cerrar el Banco Central depende de leyes en un Congreso donde Milei no tiene ni siquiera un tercio de las bancas, mucho menos el quórum de 129 diputados.

A todo esto, la primera lección: menguar expectativas. En su discurso pregubernamental festejando la victoria, Milei hablo de ser potencia en 35 años. Las expectativas de la gente son mejorar sus ingresos, vivir sin inflación y acceder a bienes y productos de manera asequible, ya, no en tres décadas. Si Milei no impone una normalización entre lo deseado y lo posible, el espiral de odio hacia la política, o la casta a la que Milei ahora es parte, puede desbocarse en conflictividad política y social. Entonces, para lograr manejar expectativas e implementar medidas técnicas adecuadas Milei no puede prescindir del Estado, al revés, lo necesita más que nunca.

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Entramos en un período que garantiza tres cosas: cambios drásticos, errores en la gestión y altísimas expectativas en lo económico. Al menos dos de estas tres condiciones no pueden suceder al mismo tiempo si Milei quiere "terminar con la decadencia". 

Hay un margen muy pequeño para que los cambios esperables lleguen a sentirse en la realidad de cada uno de sus electores.

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Prometer cambios drásticos a 35 años no funcionará. Tampoco enarbolar discursos polarizantes en materia de Justicia, de seguridad, migración o derechos sociales. Ya vimos como Trump, Bolsonaro, Kast y Duque fallaron, ¿por qué funcionaria en la Argentina?

Debemos ser cautos ante la posibilidad de desintegración de la convivencia democrática. Milei fue electo democráticamente. Respetar la voluntad popular requiere de un control exhaustivo y a la altura de la nueva oposición que se configure en las próximas semanas. Ante ese escenario: prudencia, mesura y el pacto básico de poner el interés común por sobre todo. Estamos en la antesala a los cambios drásticos que pidieron 14 millones de personas. Milei es, hoy, el primer responsable para administrarlos con responsabilidad.

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Milei no va a tener "luna de miel", parece. La crisis económica es implacable, por una parte, y si el 55 por ciento de los argentinos está eufórico, el otro 45 está asustado y enojado. Y el presidente tiene que tranquilizar a todos, lo cual es una tarea algo compleja en un país cansado y con una cultura democrática poco cultivada.

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