Cambia el Gobierno pero la saga del Indec continúa
El Gobierno cambió pero la saga del Indec sigue. Parece el área donde por una razón u otra, derrapan tanto el kirchnerismo como el macrismo, aunque por distintas razones, que vamos a analizar. Porque si bien es un área técnica y fría, en la realidad es un componente muy sensible, más en épocas en las que la inflación golpea a la sociedad, convirtiéndose en la principal preocupación de los argentinos. Además, y he aquí un gran motivo por el cual el gobierno K se metió de lleno en el organismo, de los índices del Indec dependen los coeficientes de actualización de los bonos de deuda pública en manos de particulares, así como de otros documentos indexables.
A poco de asumir, Mauricio Macri llama para cubrir el cargo de directora técnica del Instituto Nacional de Estadística y Censos a Graciela Bevacqua, y esta semana fue echada sorpresivamente por no estar dispuesta a apurar la publicación de un nuevo Indice de Precios al Consumidor (IPC), tal como pretende el ala política del Gobierno. Se trata de la misma funcionaria que había echado el kirchnerismo, cuando Guillermo Moreno intervino de facto el Indec.
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El director Jorge Todesca explicó que la funcionaria no compartía el sentido de urgencia de contar con estadísticas oficiales. Afirmó que ella, sin consulta previa, fijó un plazo de casi un año para elaborar un programa de estadística, cuando en el final del kirchnerismo ya el FMI venía monitoreando el Indec y ya había muchos avances en este sentido. Acusan a Bevacqua de vivir en una suerte de nube, sin bajar los pies a la tierra, sin comprender que es muy importante tener estadísticas confiables como uno de los requisitos para atraer inversiones.
Ahora, si bien la urgencia del macrismo es terminar con la historia negra de la falta de índices oficiales creíbles en nuestro país, con esta decisión es justamente la credibilidad de los datos lo que se pone en juego. Porque si el motivo del apartamiento de Bevacqua es realmente que como técnica dice no poder emitir un informe antes de los ocho meses, será dudosa para la gente la fiabilidad de un IPC obtenido en un tiempo ampliamente menor.
Así, el primer problema entre funcionarios del Gabinete macrista se dio en el Indec y la historia, aunque por razones bien distintas, se repite: en enero de 2007 Bevacqua fue la primera desplazada del Indec intervenido por Guillermo Moreno y ahora terminó siendo la primera echada del Indec de Macri.
El Gobierno reemplazó a la funcionaria por Fernando Cerro, que hace años reviste en el organismo. Eso no sería todo, según contaron fuentes del Instituto. Las nuevas autoridades estarían pidiendo la renuncia a varios directores que Bevacqua había devuelto al Indec. Entre ellos, Cynthia Pok, la socióloga a cargo de la Encuesta Permanente de Hogares, dirección en la que se calculan los datos de empleo, pobreza e indigencia, y otros especialistas. Bevacqua había asegurado semanas atrás que tardarían ocho meses en armar un nuevo dato de inflación.
El Gobierno quiere datos en dos meses y, en realidad, es un plazo en el que seguramente, con toda la estructura que tiene el Indec, no es una locura pero, como decimos más arriba, habrá que ver con qué credibilidad llega a las calles, habiendo trascendido que el equipo técnico saliente lo estimaba posible recién en ocho meses.
El macrismo está urgido de presentar números oficiales por dos motivos. Por un lado, viene soportando críticas tras las publicaciones de los elevados datos de inflación de la Ciudad de Buenos Aires y de San Luis enclaves por ellos referidos como fidedignos-, que sorprendieron a analistas y al mismo oficialismo. Y la inflación de Congreso, que volvió a publicarse luego de meses de discontinuarse, se mostró en 3,6 por ciento mensual para enero, lo que augura casi un 40 por ciento anual. Es evidente que las expectativas están cifradas en un número más alentador por parte del Indec.
El otro motivo radica en la necesidad de exhibir cifras oficiales al exterior, condición sine qua non para que el país sea considerado por los inversores. No olvidemos que el macrismo asume cuando no había estadísticas desde fines de 2014 por decisión del kirchnerismo y ese fue uno de los motivos por el que cesó el flujo de capitales hacia la Argentina, excepto por los anunciados por el Gobierno de entonces en el marco de acuerdos puntuales con unos pocos países, cuyo real beneficio para la Argentina aun está en duda.
Por estas razones, aunque la técnica quisiera tiempo para acomodar hasta el mínimo detalle, la política -luego de la devaluación y el aumento de precios- tiene otros tiempos. Habrá que ver si la resultante de esta movida de Macri no es, a la postre, más perjudicial que la espera sugerida por Bevacqua, ya que tanta diferencia de criterio entre lo técnico y lo político atenta contra la credibilidad de lo que finalmente emane del Indec, sobre todo si la bendita cifra sale a la luz en un breve lapso.
En ATE justamente defendieron a Bevacqua por considerar que lo pretendido por ella responde justamente a la fiabilidad y calidad del trabajo. Dicen que la funcionaria buscaba acercarse a los estándares internacionales de medición, lo que hace sobrevolar la idea de que lo urgente de la política socavó lo importante de la ciencia.
Bevacqua no fue una incorporación más al Indec sino un símbolo de que el organismo iba a volver a ser confiable, tras tantos años de falseamiento. El Gobierno debió acordar con Bevacqua estos asuntos, porque ese apuro por hacer el gesto, terminó opacando el objetivo y envolviendo al Indec nuevamente en polémica y escándalo. Y hoy el oficialismo está pagando un costo político del que han sacado partido todos los medios de comunicación, por este nombramiento sin charla previa con la funcionaria. La sensación de improvisación en el Indec se vuelve a instalar en la sociedad y el macrismo deberá revertir rápidamente esta cuestión.
Dijimos al comienzo que las crisis en el Indec en el kirchnerismo y ahora tienen raíces distintas. En épocas de Néstor Kirchner, la deuda de los bonistas atados al CER (que se fija por la inflación) era enorme. Para cuidar los fondos argentinos que había que de-sembolsar se ideó esta suerte de fraude, por el cual se daba a conocer una suba de precios menor a la real, para indexar menos los bonos. A partir de allí el Instituto nunca más se pudo estabilizar y se convirtió en un ente caído en el descrédito público nacional e internacional, con sus consecuencias.
Por eso era importante que el macrismo tuviera un Indec prolijo y con índices serios, en pobreza (ocultados por el anterior gobierno), de inflación y otros indicadores.
Pero el escándalo aguó la posibilidad de momento y es de esperar que rápidamente se dé credibilidad al Indec para dentro y fuera del país.














