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"Cambalache", versión Siglo XXI

La Argentina está entrando en una lógica económica que no se recordaba desde los años \'80: vemos cómo en el nuevo escenario post Paso se consolida un nivel de inflación que ya impone un ritmo de indexación mensual de más del 10 por ciento en muchos rubros, algo que además...

13 de octubre de 2023 a las 12:00 a. m.
"Cambalache", versión Siglo XXI

La Argentina está entrando en una lógica económica que no se recordaba desde los años '80: vemos cómo en el nuevo escenario post Paso se consolida un nivel de inflación que ya impone un ritmo de indexación mensual de más del 10 por ciento en muchos rubros, algo que además de empeorar la situación ya de por sí muy delicada, profundiza los desequilibrios con aquellos precios que siguen regulados (energía, combustibles, medicina) y con los ingresos de quienes no están en condiciones de seguir la andanada de aumentos. 

Hasta hace no mucho solíamos recibir cada tres o cuatro meses esos mails de bancos, empresas de cable, Internet o celulares que nos cuentan que tienen "novedades sobre los precios de nuestros productos". Ahora, las malas noticias ya están en nuestras casillas a más tardar el 25 de cada mes. En medio de este panorama, el dólar entre los 900 y 1.000 pesos (si promediamos el blue, el cripto y el contado con liqui, que son aquellos que realmente se pueden conseguir). 

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No es la opinión del Gobierno, desde luego, que solo puede subir la apuesta con las únicas dos cartas de siempre: la del miedo y la persecución que, todo el mundo lo sabe, son como un cuatro de copas y un ancho falso. ¿O acaso no es un secreto a voces que son los propios funcionarios los que vienen aprovechando el Sistema de Importaciones (Sira) para enriquecerse? ¿Tiene sentido preguntarse cómo pudo haber pensado el ministro y candidato Massa que su plan post Paso de imprimir y repartir alegremente billetes de colores y sentarse a esperar los votos podía tener otro resultado que no fuera éste? No, no tiene, pero el plan es ése y así se ejecutó. 

El otro "pequeño" problema con el diseño del Plan Primavera con Platita de Massa fue que el ministro y candidato seguramente no contaba con que la pata bonaerense del PJ se iba a aparecer con semejantes peludos (o carpinchos) de regalo. La olla que se destapó accidentalmente con el gestor de tarjetas de débito Julio "Chocolate" Rigau ya olía mal pero no tan mal. Nada que con un poco de control de daños por aquí y por allá no se pudiera sacar de los titulares de los diarios y el cable en un plazo razonable. Pero entonces apareció el Yate Gate y entonces sí: estamos otra vez ante el acabóse, la debacle total y un humor social desesperante. Los detalles del escándalo, sus posibles derivaciones, si se trató de una o varias operaciones cruzadas, a cargo de quién o quiénes o por qué motivos son, a esta altura de la situación, seguramente irrelevantes.  

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También es lógico que semejante barbaridad haya conmocionado a las más altas jerarquías del kirchnerismo y al niño dilecto Axel, pero este caso que debería afectar sensiblemente la suerte electoral del gobernador de Buenos Aires, antes de eso contribuye a empeorar esa sensación de descontrol y de sálvese quien pueda que impera en la calle. 

Todo lo cual no hace más que alegrar a Javier Milei, quien no parece para nada preocupado por ciertas opiniones encontradas acerca de cómo podría afectarlo tanta centralidad en la agenda pública y el carácter de algunas de sus apariciones más recientes. Milei sigue aferrado a la máxima troska de que cuanto peor, mejor, y así prosigue alegremente con su performance. Su caballito de batalla es meterle leña al fuego de la híper con sucesivas declaraciones explícitas en este sentido, lo cual parecería demostrar que, en ciertas situaciones, el caos puede ser un proyecto electoralmente atractivo. 

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Una campaña con tantas anomalías hace que el desafío de presentar un proyecto de gobierno posible y razonable se convierta en el claro objetivo de Patricia Bullrich.  

Los cuatro días que restan en los mercados hasta las elecciones del 22 no serán fáciles. Hay una política oficial para combatir al dólar en todos los frentes: el oficial, blue, MEP y contado con liqui. Como ya se gastaron el arma más eficaz -los dólares en las reservas-, ahora recurren a resoluciones de una tenebrosa CNV (Comisión Nacional de -o sin- Valores) presidida por Sebastián Negri, un abogado allegado a Cristina Kirchner. En vez de buscar un desarrollo del mercado de capitales, Negri lo jibariza con su única meta que es el control del dólar en la Bolsa. 

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Con la firma de Negri, una reciente resolución prácticamente impuso un feriado cambiario en la Bolsa con la obligación de solicitar con cinco días de anticipación, las compras o ventas de dólar MEP o contado con liqui por encima de determinado monto. Otra más para la colección de resoluciones que viene trabando el único mercado legal existente para la operatoria cambiaria. La CNV se está transformando en una inquisición para los no kirchneristas. 

Todo se repite en Argentina. Nuestro país es un loop eterno. En 1821, bajo la presidencia de Bernardino Rivadavia, se fundó la "Bolsa Mercantil de Buenos Aires" pero llegó Juan Manuel de Rosas, y se cerró la operatoria, pero allí nació el mercado "blue". Las transacciones se siguieron haciendo de manera clandestina. Los operadores eran integrantes de la "Sociedad Camoatí" que en guaraní significa enjambre de avispas que construyen un panal, para luego deshacerlo y construirlo otro lugar. 

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Las medidas que viene tomando el gobierno estuvieron fomentando con todas las prohibiciones o restricciones, el ennegrecimiento de la economía. Ello va desde el empleo informal, el dólar y las ventas. Con la alta inflación, el pago cash es premiado con descuentos importantes. 

El Gobierno limita tanto las operaciones cambiarias legales que hizo crecer la industria de las cuevas en todo el país. En todo barrio, en toda ciudad, hay una persona que se encarga en algún departamento o vivienda, de la compra y venta de dólares. Estimaciones de mayoristas del "blue" señalan que hoy se mueven 15 millones de dólares diarios. Hace 10 años eran solo 4 millones. Hay delivery y otras comodidades ofrecidas a los clientes. Una postal del kirchnerismo cambiario fue la detención ayer de una persona con 700 mil dólares en su poder y la Policía contando los billetes en la vía pública, sin necesidad, solo para que se vea. 

El Gobierno lleva a incumplir la ley. Y el cumplimiento de la ley, en lugar de ser una virtud, pasa a ser una debilidad. El que no afana y el que vende dólares al cambio oficial es un gil. El "Cambalache" cambiario K es así. 

La corrida cambiaria en la que está inmersa la Argentina por enésima vez es la más previsible de la historia. Incertidumbre política por las elecciones, un déficit fiscal en alza y emisión monetaria generan que la sorpresa no sea que el dólar llegó a 1.000 sino que no lo haya hecho antes. 

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Lo lamentable de este fin del cuarto kirchnerismo es que el ajuste fiscal, en lugar de hacerse recortando subsidios a los que tienen altos ingresos o gasto ineficiente, se hará con licuación de salarios, perjudicando a los de menores ingresos. Al final, sigue dando lo mismo el que labura noche y día como un buey que el que vive de los otros. Siglo XXI, y el "Cambalache" no cesa.

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