Barras bravas: dirigencia del fútbol y políticos alimentan su permanencia
La cuestión de los barrabravas y los presidentes de los clubes de fútbol en la Argentina es de vieja data. Nadie puede ignorar, a esta altura, que estos sectores violentos que alientan al deporte, han sido protegidos por los propios dirigentes. Son estos personajes los que siempre tienen entradas para las reventas, los que ocupan los lugares en los aviones o colectivos cuando viaja el equipo o la selección nacional, incluso a otros países. Y esos son beneficios que sólo pueden obtener de la dirigencia.
También son quienes manejan el negocio del cuidado de autos en cercanías de las canchas y, en algunos casos, se ha descubierto que han participado con porcentajes en la compraventa de jugadores.
Las mas leidas de Opinión
Inteligencia Artificial: el reto que enfrenta la humanidad
Frigoríficos exportadores temen una catástrofe con los precios de la carne

Biorevolución o Muerte

El virus de la violencia y la impunidad
Paradoja de la política: quieren los votos para solucionar y luego no se animan (por temor a perder los votos)
Son grupos de choque que ayudan a la dirigencia del fútbol a eternizarse en los clubes, y por eso los mantienen aun cuando se le van de las manos, con las consecuencias que todos conocemos. Incluso, porque dentro de las barras bravas, hay subgrupos rebeldes que se forman porque no se quedan con la mayor parte del botín y que de tanto en tanto se sublevan, intentando hacerse de la jefatura de la hinchada.
Asimismo la relación entre sectores de la política y los barrabravas es desde hace muchos años, un vínculo que beneficia a ambos; cuando hay internas, Paso, elecciones generales, o bien marchas y paros, muchos políticos usan los barras como sus fuerzas de choque.
Cada tanto aparece un caso que delata esta relación con la política. Un preso en la cárcel de Ezeiza, protegido para que no lo maten, denunció ante la Justicia que la hinchada oficial del Club River Plate tiene protección de la ministra de Seguridad, María Cecilia Rodríguez, a través de un hermano de la funcionaria. Habló además de la relación de la barra con Sergio Berni, secretario de Seguridad; con su segundo, Darío Ruiz, y la cúpula de la Comisaría 51ª, de Núñez, que libera la zona para sus negocios.
El detenido es Ariel Calvisi, conocido como el Pato y tatuado con el escudo del club de la banda roja.
Obviamente en el Ministerio de Seguridad rechazaron las acusaciones de Calvisi. Dijeron que Berni fue a la cancha una sola vez y bajo la lluvia, para supervisar un operativo de seguridad en un Boca-River (como si eso anulara los posibles vínculos); afirmaron que Ruiz está a cargo de controlar la violencia en el fútbol y no otorga libertades a barras presos, y afirman que el preso miente para mejorar su situación legal y negociar mejores condiciones.
Pero la jueza Fabiana Palmaghini (la misma que tiene la causa por la muerte del fiscal de la causa Amia Alberto Nisman) le creyó al preso y se declaró incompetente para seguir investigando el caso, que seguía con el fiscal José María Campagnoli, y lo pasó a la Justicia Federal, dado el cargo que ocupan los funcionarios nacionales mencionados por el hincha.
El detenido está con prisión preventiva por integrar una asociación ilícita, por robo agravado por el uso de armas, daños y lesiones graves y leves reiteradas y amenazas, por una pelea en la confitería del club. Calvisi prestó declaración indagatoria, aunque sin juramento, con el asesoramiento de Alejandro Bisbal y Diego Alvarez Bognar.
Calvisi integra la Banda del Oeste, una facción disidente de la barra oficial, conocida como los Borrachos del Tablón, con la que se enfrentaron a los golpes y cuchilladas el 25 de noviembre pasado en la confitería del propio club.
La pelea fue por los negocios que la entidad deportiva deja hacer a los barras, como sucede en casi todos los clubes de fútbol.
Uno de los negocios que generó la pelea es que los barrabravas estaban entregando carnets para entrar a la cancha, antes de los partidos, en Ciudad Universitaria, a cambio de 30 ó 50 pesos. Recordemos que como parte de la seguridad preventiva sólo los socios pueden ingresar a los cotejos de visitante. Fueron presos porque estaban en el club con armas, unos 300 carnets y celulares. Pero, según el detenido, el barra Matías Goñi se habría comunicado con Diego Rodríguez, hermano de la ministra de Seguridad de la Nación, María Cecilia Rodríguez, y a las pocas horas fueron liberados e inmediatamente se encontraron nuevamente en el club.
El preso abundó en más detalles: los nexos con el Ministerio de Seguridad no se reducen al nombrado Rodríguez sino que tiene relación muy estrecha con Darío Ruiz, que es quien maneja el tema de seguridad en el fútbol en la secretaría a cargo de Berni. Contó que Matías Goñi acaparó poder en la barra gracias a su relación con el Gobierno.
Goñi que maneja un BMW y que tienen dos sociedades bautizadas Del Tablón SRL y Los Borrachos del Tablón SRL es un conocido barra de River Plate. Calvisi relató que en una ocasión Berni en persona permitió que ingresara la hinchada y dejaba afuera a los que Goñi elegía. De acuerdo a la declaración del preso el contacto directo que tiene Goñi con el Ministerio de Seguridad es Darío Ruiz, quien responde a Berni, pero Diego Rodríguez, hermano de la ministra, es junto con Berni el lazo más fuerte que tiene la barra brava.
Fueron tan contundentes sus palabras que la jueza Palmaghini decidió pasar la causa a la Justicia federal para que se investiguen estas relaciones impropias entre Ministerio de Seguridad y la barra brava de River Plate.
Calvisi también describió la protección que les da la Comisaría 51ª a través de un sargento que trabaja en el club.
Funcionarios nacionales ocupados en proteger a quienes concurren al fútbol de los violentos, así como policías que deben prevenir hechos luctuosos, aparecen señalados en este caso, por su relación con los peores sectores de los barrabravas.
El de River es el caso del momento pero ningún club escapa a esta realidad. Ni siquiera en Pergamino. Pero tal vez el más emblemático sea el de Quilmes, ya que el vínculo en este caso siempre fue explícito: Aníbal Fernández es el presidente desde 2011 (está en su segundo mandato) del Club Atlético Quilmes. Y allí en el sur del Conurbano, las cosas no difieren demasiado de Núñez. El hijo de uno de las facciones de la barra brava fue encontrado muerto el 5 de noviembre pasado dentro de una camioneta tras haber sido ejecutado de tres disparos, en el marco de un episodio de violencia de los dos bandos que se disputan el poder de la tribuna. Diego Becerra, hijo de Osvaldo Dedo Becerra, fue asesinado por otros dos individuos que iban en una moto. Dedo Becerra es un histórico puntero kirchnerista integrante de la Uocra y líder de la facción Los Alamos muy cercano al actual presidente del club y jefe de Gabinete.
Otro escándalo en este club ocurrió en 2010, cuando el portal Canchallena denunció que el barra Jorge Trejo viajó a Sudáfrica con Hinchadas Unidas Argentinas y estuvo en el cierre de campaña de Aníbal Fernández, que al poco tiempo ganaría las elecciones en el club. En ese tiempo y hasta no hace mucho, Trejo se desempeñó como director de Higiene Urbana de la Municipalidad de Quilmes, distrito que gestiona el intendente kirchnerista Francisco Barba Gutiérrez.
Este tema nos trae a la memoria que, hace pocas semanas, el kirchnerismo duro se negó a aprobar en el Parlamento un proyecto del sciolismo sobre tipificación del delito de barrabrava, argumentando que no hay que estigmatizar a los hinchas de fútbol. Como si no conocieran la diferencia entre un hincha, que pone su corazón en cada partido del equipo y estos violentos que viven de negocios con el club.
Veremos si en este caso denunciado se investiga para llegar a algunas conclusiones o como tantas veces sucede, todo queda en agua de borrajas.
















