Automedicación: Cuando el remedio suele ser peor que la enfermedad
Efectos secundarios, reacciones adversas e intoxicaciones son algunas de las consecuencias del consumo de medicamentos sin supervisión médica. Se trata de una práctica que se incrementó durante la pandemia y que amenaza con convertirse en un serio problema para la salud pública.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) viene alertando sobre el uso indebido e innecesario de algunos fármacos, especialmente, los antibióticos. El organismo internacional advierte que este asunto se ha convertido en un problema para los sistemas de salud pública de muchos países.
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En Argentina en la lista de fármacos más utilizados figuran paracetamol, naproxeno e ibuprofeno. Se estima que la mitad de la población mayor de 18 años consume este tipo de analgésicos y, lo que es aún más grave, en muchos casos el consumo es diario.
En momentos de la segunda ola de la pandemia, por ejemplo, se registró una situación muy particular donde una droga que todavía se encontraba en una fase de estudios para evaluar su eficacia en el tratamiento del Covid 19 fue muy demandada por el público.
En esa oportunidad, en las farmacias se había agotado el fármaco en pocas semanas. Un sondeo realizado por el Instituto Argentino de Atención Farmacéutica reveló que en nuestro país la mitad de los adultos hace un mal uso de los medicamentos, lo que causa la muerte de más de 700 personas y alrededor de 100.000 internaciones hospitalarias al año en el país.
Un sondeo similar de la Universidad Argentina de la Empresa encontró que casi la mitad de los que consumieron remedios en el último año lo hicieron sin la adecuada supervisión de un profesional de la salud.
Según los especialistas, un 13 por ciento de las enfermedades de riñón que conducen a diálisis o trasplantes se debe al uso crónico de analgésicos que se consumen en el marco de una automedicación irresponsable. La ley nacional 26.567 establece la prohibición de la comercialización de medicamentos de venta libre fuera de las farmacias. Es importante recordarlo.
Por su parte, las entidades que representan a profesionales de farmacia explican que, si bien los medicamentos de venta libre no requieren receta médica, por eso mismo es necesaria la consulta con el profesional farmacéutico ya que, contrariamente a lo que muchos creen, los medicamentos de venta libre no son inocuos, sino que, como cualquier otro medicamento, tienen efectos adversos, algunos de gravedad, además de provocar interacción con otros fármacos que la persona pudiera estar tomando.
Es necesario reflexionar sobre este problema con el fin de cambiar esa cultura de la automedicación y reemplazarla por un consumo responsable de fármacos. Es importante que se genere conciencia sobre los riesgos que conlleva el uso de medicamentos sin supervisión de un profesional.
Es cierto también que existe un bombardeo publicitario que promueve, directa o indirectamente, el consumo de medicamentos que, si bien son de venta libre, no están exentos de riesgos si la ingesta se vuelve cotidiana y no cuenta con el seguimiento médico. No existe, como se dijo, el medicamento inocuo. Todos tienen un grado de toxicidad y esto es especialmente sensible cuando la salud de quien los consume se encuentra en una situación de fragilidad.
Las personas deben ser conscientes de los riesgos a lo que se exponen cuando persiste en estos malos hábitos, cuyas consecuencias más graves son la farmacodependencia, el enmascaramiento de una enfermedad, las posibles reacciones alérgicas, los daños en los órganos y la muerte.
Se debe recordar, en todo momento, que el medicamento es un producto de riesgo y por esa razón, aquí y en todo el mundo, las leyes establecen que debe ser sometido a una rigurosa vigilancia sanitaria.
Un párrafo aparte merece el caso de los antibióticos, cuyo consumo sin control médico puede derivar en una mayor resistencia a los antibióticos y dificultar el tratamiento de infecciones, prolongando las internaciones hospitalarias, incrementando los costos médicos y aumentando el riesgo de mortalidad.
Hay abundante evidencia científica que el uso excesivo de estos medicamentos hace que los microorganismos desarrollen mecanismos de resistencia y dejen de ser eliminados por estos antibióticos. Por último, se debe remarcar que el uso responsable de un fármaco siempre va acompañado de su correspondiente prescripción médica y supervisión profesional.














