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Argentina y Brasil: la urgente necesidad de una agenda que trascienda la coyuntura

07 de marzo de 2020 a las 12:00 a. m.

Se habla todo el tiempo de la titánica tarea que Argentina ha emprendido para lograr una negociación exitosa de la deuda con el Fondo Monetario Internacional y el debate se carga de especulaciones e ideologías y con ello se desatienden otras cuestiones tan necesarias como estratégicas. Una de ellas es poder delinear una agenda con otros socios comerciales del país como Brasil, un país con el que reina una tensión que aunque intenta destrabarse con intentos parlamentarios, atraviesa por un momento complejo. En 2020 Argentina enfrenta el desafío de construir un temario de propuestas realizables que superando la rispidez de la coyuntura consiga relanzar esta relación que atraviesa su momento más crítico.

Hay especialistas en política internacional que aseguran que es imperativo fijar nuevas anclas que aporten solidez y mayores horizontes a una relación que no puede quedar librada a vaivenes de coincidencias o disidencias ideológicas y mucho menos de contingencias económicas adversas.

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Existe un conjunto de cuestiones económicas y geopolíticas que deben consensuarse para el bien de ambas naciones. Y para ello hace falta voluntad política que para plasmarse en hechos ciertos también debe promoverse y sostenerse desde ambas partes. Para ello hay que emprender gestos capaces de sostenerse y salvar ambigüedades que no hacen más que tensar una relación tan estratégica como indispensable. La ausencia del presidente Alberto Fernández en la asunción del presidente uruguayo no resultó ajena a Brasil, por cuanto allí se especulaba con la posibilidad de que se produjera un encuentro con el mandatario brasileño que abriera las puertas de un vínculo bilateral más armonioso. Es difícil pensarlo tras las calificaciones que uno y otro presidente han hecho de su par y de las diferencias en el lineamiento político que han tomado otras naciones. Pero resulta imperioso hacerlo.

Uno de los aspectos que resultan sustantivos es posicionar a estas dos importantes naciones del Cono Sur en temas que marcarán el futuro y frente a los cuales no se puede perder autonomía respecto de las grandes potencias que han marcado su poderío en el primer tercio del siglo XXI.

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Los poderes de países emergentes como Argentina y Brasil no deben resignar sus históricas aspiraciones en el campo de la ciencia y la tecnología como parte de un modelo de desarrollo más inclusivo; tampoco relegar su rol protagónico en la generación de energía y en el manejo de los recursos naturales. Argentina y Brasil están convocadas a recuperar su rol de potencia en líneas estratégicas de la política y de la economía. Para conformar un nuevo orden internacional que evite que ambos se conviertan en simples receptores de normas y regímenes que afectan sus intereses estratégicos.

Resulta pertinente que Argentina y Brasil salven las enemistades y comiencen a trabajar en una serie de iniciativas específicas orientadas a detentar la posibilidad de una política común en cuanto a cuestiones centrales, muchas de las cuales pasan desapercibidas detrás de las urgencias y los intereses contrapuestos de políticas que parecen haberse sumido en un cúmulo de desencuentros. Vínculos comerciales, y agendas compartidas resultan imprescindible en un mundo que todo el tiempo se muestra vulnerable a la expresión de los mercados.

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No puede abandonarse la soberanía sobre la discusión de cuestiones inherentes a la energía y los hidrocarburos, para lo cual es fundamental generar alianzas que aúnen fuerzas y confieran una identidad común a pretensiones compartidas. Y convocar a ser parte de esa agenda a sectores estatales y privados de ambos países para promover inversiones y generar desarrollos que son los que marcarán el futuro y darán sustentabilidad en el mediano y largo plazo; además de conferir fortalezas para enfrentar cualquier tipo de coyuntura compleja.

La generación de conocimiento debe ocupar un lugar prioritario en cualquier tema que se proponga bilateralmente para restablecer una relación que parece resentida.

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Por estas horas se habla de distanciamientos y acercamientos como en capítulos de una novela. Hace falta liderazgo y determinación política para extender la mirada y abrir un horizonte de posibilidad en una relación de la que no puede prescindirse. Para ello se requiere de acción, de menos especulación. Porque lo que hay que regenerar es la confianza mutua, algo que resulta tan paradógico como imprescindible si se piensa en los posicionamientos antagónicos de ambos gobiernos en cuestiones centrales.

En el concierto internacional del análisis son compartidas las voces que se pronuncian en favor del estrechamiento de lazos sólidos entre Argentina y Brasil. Lograrlos conferiría a ambos países- independientemente de sus gobiernos de turno- la fortaleza para ampliar su capacidad negociadora frente a otras potencias y a la configuración global de un mundo cada vez más volátil y complejo.

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La coyuntura exige que se mire a Brasil desde otra óptica, que se salden diferencias y se encuentren los caminos para explorar propuestas que ratifiquen que argentinos y brasileños son parte de un destino común.

 

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