Anuncios que desnudan la realidad de la que no se habla
La presidenta de la Nación hizo anuncios que benefician a distintos sectores, siendo el más importante la aparición de un plan de 120 cuotas para refinanciar deudas con la Afip. Eso nos beneficia a todos, aunque por las condiciones que se ofrecen dista de contribuir a la equidad impositiva y de algún modo incita al no cumplimiento en tiempo y forma.
Ella lo llamó plan para refinanciar deudas con la temible Afip en 120 cuotas, a pagar en 10 años, con interés de 1,9 por ciento anual (cuando la inflación es del 30, por lo menos). Es una forma de beneficiar a los empresarios y comerciantes endeudados o evasores, sin dudas, pero también de lograr una mayor recaudación en un año clave. No olvidemos que la deuda sin cobrar es de 60.500 millones de pesos repartidos entre 1,2 millones de contribuyentes. Si los morosos no se adhieren a esta moratoria, advirtió que en el futuro las tasas van a ser más caras que financiarse en los bancos. Lo que sería lógico, porque con las condiciones que se ofrecen, el Estado pierde ampliamente, por lo que perdemos todos.
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Mirando el año electoral, en el cual la presidenta pretende acrecentar su imagen, puso una condición para los empresarios: mantener la cantidad de personal en sus plantas. No quiere despidos en pleno proceso eleccionario.
No fue la única medida que anunció, también de ampliación de beneficios directos: préstamos, subsidios, descuentos y cuotas para todos y todas. Todas noticias que, sin dudas, apuntan a sostener el consumo interno, y al mismo tiempo, sabe la presidenta, que estas noticias son bien recibidas por el hombre y la mujer de a pie. No obstante, detrás de los anuncios se esconde la parte que nunca se dice de la realidad: que las cosas no andan tan bien como se quiere hacer aparecer, que la economía está atada con alambre y no por cuestiones exógenas como alguna crisis internacional o mercado que se haya caído.
Si todo marchase sin inconvenientes, es decir, si la gente no sufriera zozobras, incertidumbre, inestabilidad, no serían necesarios los acuerdos con cadenas comerciales para que la gente no retraiga el consumo. Quien quiere o necesita comprar una heladera, en normales circunstancias va y la compra. Sin embargo, el común de la sociedad debe ajustarse y abstenerse para llegar a fin de mes, lo que redunda en la paralización de ciertos rubros que luego se reactivan con estas promociones que lanza el Gobierno previo acordar con las empresas, sabrá alguien a cambio de qué.
Por otra parte, como ya lo hemos dicho en otras oportunidades, la imposibilidad de ahorrar en una moneda fuerte (o el casi nulo margen de ahorro) que permite a la postre el progreso que implica construir o comprar una vivienda o cambiar el auto, lleva a que el ciudadano se vuelque a pequeñas inversiones que le brindan satisfacciones inmediatas como vacaciones, televisores, computadoras, celulares. De otro modo, la plata guardada en casa o en el banco pierde, a manos de la inflación, a razón de un 2 por ciento mensual. Por eso, la mejor alternativa al ahorro que no alcanza para nada gravitante, es poner ese dinero en objetos o placeres.
La cadena nacional del jueves fue también aprovechada políticamente por Cristina para respaldar la candidatura del presidente de Aerolíneas Argentinas, Mariano Recalde, a jefe del distrito porteño, donde las encuestas no son precisamente positivas para el Frente para la Victoria. También le dio una mano al secretario de Seguridad, Sergio Berni, para lanzarse a la Gobernación bonaerense.
Evidentemente la jefa del Estado demostró en esta cadena que, además de digitar las candidaturas del espacio, tiene intenciones de continuar en el poder. Si bien no tiene reelección, bien podría ser candidata a diputada nacional por Buenos Aires o a parlamentaria de la Unasur. Evidentemente es muy probable que Cristina sea parte activa de este proceso electoral y no se descarta que si hay Paso en el Frente, ella vaya en las dos o tres boletas que se presenten, para resultar la más votada. Además de seguir en el juego, quedaría protegida judicialmente por los fueros. Son juegos de la política ya conocidos.
Contrario de lo que muchos pensaban, no se refirió al fallo de la Cámara Federal que desestimó la denuncia del fallecido fiscal Alberto Nisman en su contra por encubrimiento a Irán en el atentado a la Amia. Porque habrá pensado que, en definitiva, era un tema del que es preferible no hablar y dejar que la gente procese la noticia que es a su favor.
Ahora llegamos a un punto interesante, le hizo anunciar un plan de subsidios a la compra de garrafas a su ministro de Economía, Axel Kicillof, a quien van a medir en las encuestas dentro de poco, para ver si pueden darle alguna candidatura de expectativa.
La garrafa ya no tendrá precios rebajados en determinados locales sino que a quienes se anoten se les depositará en una cuenta bancaria la diferencia entre los 20 pesos y el precio de mercado. Rebuscado el sistema, veremos si funciona en los hechos. En principio, y si ese listado es confeccionado criteriosamente, serviría para excluir del beneficio a los vivos que nunca faltan que, como puede verse en los puntos de venta de Pergamino, aprovechan la garrafa social para sus casaquintas cuando bien podrían pagar el precio de mercado. Y lo peor es que no abundan así que la que se llevan al chalet falta de un hogar carenciado.
Pero el ministro de Economía no arrancó bien en lo que hace a favorecer una posible candidatura; hizo un triste papel ese mismo día en declaraciones radiales, en medio de los positivos anuncios que haría la presidenta, porque explicó que no tenía el número, las cifras de la pobreza, porque le parecía estigmatizante. Un funcionario de su rango no puede desconocer esta cifra y no puede dar una excusa tan pueril para ocultar la verdad. Esto se conecta a la desaparición de las estadísticas oficiales de pobreza, registrada desde fines de 2013.
Encima el ministro se defendió diciendo que hay 500 mediciones sobre la pobreza, aclaró que hay un índice que, por los problemas de hacer homogénea la serie y hacerla nacional, lleva más tiempo. Por lo tanto, anunció que cuando esté, se va a publicar. Lo que todos sabemos que no es cierto. Más aún, no podemos asegurar que la pobreza y la indigencia haya crecido o decrecido, porque dado que es un dato que tanto ocultan, lleva a pensar que lo que tapan es importante. Como también es cierto que si esas cifras no las maneja el ministro de Economía, queda la duda sobre la base de qué se confeccionan y articulan los programas asistenciales.
Estigmatizar la pobreza no es conocer la cantidad de personas que no llegan a la canasta familiar, es tener esa cifra presente y trabajar para que disminuya día a día. Y si el propio ministro dice que no la conoce, en buenas manos estamos.














