Anarquizado y naturalizado
La imagen de la Plaza de Mayo de esta semana sintetiza la fragilidad en que está sumergida la sociedad argentina. Miles de los muchísimos excluidos y desocupados del país, encabezados por Eduardo Belliboni, del Polo Obrero y de Unidad Piquetera, alteraron la circulación durante todo el día e iniciaron un...

La imagen de la Plaza de Mayo de esta semana sintetiza la fragilidad en que está sumergida la sociedad argentina. Miles de los muchísimos excluidos y desocupados del país, encabezados por Eduardo Belliboni, del Polo Obrero y de Unidad Piquetera, alteraron la circulación durante todo el día e iniciaron un acampe frente a la Casa Rosada en una protesta contra el ministro de Economía Sergio Massa. Le reclaman que no siga "preocupado por los productores rurales" y que tome "medidas para los trabajadores".
En las veredas que circundan la plaza instalaron gazebos con mesas donde improvisaron una feria artesanal de los productos de los trabajadores de la economía popular. Y a falta de baños químicos, pusieron unas pequeñas carpas a modo de sanitario, con papel higiénico a la vista y un cartelito que anunciaba que el uso del servicio costaba 50 pesos.
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Muy cerca de ese mercadito a cielo abierto, aún está la fuente histórica donde el 17 de octubre de 1945 los obreros fundacionales el peronismo refrescaron sus pies después de la caminata en reclamo contra la detención de Juan Domingo Perón; 77 años de diferencia y dos países totalmente distintos.
Ese día afloró un drama social para el que el peronismo brindó una respuesta de su tiempo, basada en el derecho de los trabajadores a una vida digna y una educación de calidad. "Cada argentino debe producir, al menos, lo que consume" fue una de las 20 Verdades Peronistas.
Hoy, la quiebra social devino en una pobreza estructural de la que solo se podrá salir con una economía saneada y un sistema productivo que no parece entrar en la imaginación de la dirigencia. Contrariamente a lo que sostiene Belliboni (aunque es difícil que lo crea), el problema no es el campo sino la falta desesperante de dólares. Y la preocupación por conseguirlos hace que Massa intente tender algún puente de diálogo con la única actividad económica que es capaz de producirlos. Y los dólares no son para pagarle al FMI sino para poder importar insumos indispensables para la industria, el comercio, el campo y todos los servicios.
Otra contradicción en la jornada piquetera: un automovilista fue detenido porque quiso abrirse paso en un piquete. Poco después, el policía fue sancionado por esa detención.
El gran interrogante, en medio de tanta desorientación: ¿alguien es capaz de desarrollar una mirada global sin clasismo de ninguna especie? Porque el ataque al campo y el desprecio a los piqueteros contienen el veneno sectario.
El drenaje de dólares del Banco Central es imparable y la inflación es el síntoma del desconcierto. Es imposible resolver esta crisis en pocos meses, pero es seguro también que sin un blanqueo de las causas profundas e históricas del deterioro económico, social e institucional todo seguirá cuesta abajo. El actual gobierno, en sus 32 meses de gestión, nunca mostró un plan económico.
El punto de partida de cualquier programa de gobierno es una descripción del cuadro de situación social, y, sobre esa base, la definición de objetivos, plazos y un mapa de ruta.
La incongruencia política "naturaliza" todo, como un paro injustificable como el que realizó el miércoles la Ctera de Roberto Baradel. Paralizar la escuela pública (en realidad, intentar hacerlo) para defender a un dirigente del gremio docente que incendió la Casa de Gobierno de Chubut y para el que el fiscal pide cinco años de cárcel no solamente es apología del delito, sino que se trata de una sublevación contra el Poder Judicial. Pero la "congruencia" de este tipo actos emerge cuando el oficialismo nacional nutre su discurso con ataques a los jueces que, a su parecer, deberían subordinarse al liderazgo político. Un concepto diferente de la democracia.
El desorden incluye a la política exterior. En las últimas 48 horas el Gobierno de Venezuela agravió a la Argentina acusando al país de "robar el avión venezolano" retenido en Ezeiza, cuya documentación aún está radicada en Irán, sospechado de acciones vinculadas al terrorismo y detenido por orden de un juez federal. Tanto Nicolás Maduro como Diosdado Cabello hicieron del reclamo una causa nacional y responsabilizaron a Alberto Fernández, a quien calificaron de estar "al servicio del imperio". Claro, ambos creen también que los jueces deben responder al Poder Ejecutivo. En medio del silencio atronador del Gobierno, el subsecretario para América Latina y el Caribe, Gustavo Martínez Pandiani, calificó de "democráticos" a los regímenes de Venezuela, Cuba y Nicaragua y abogó por su incorporación a la Celac.
Evidentemente, el dólar no es el único problema nacional.













