Análisis de las Paso: "El voto a favor de Milei es absolutamente emocional"
Por Pedro Courtial* Para la Redacción de LA OPINION Un resultado electoral es un acontecimiento social a partir del cual pueden ensayarse interpretaciones que siempre serán parciales e incompletas y formular proyecciones de escenarios futuros siempre aleatorias. Las marcas del tiempo que nos toca vivir son la incertidumbre casi permanente,...

Por Pedro Courtial*
Para la Redacción de LA OPINION
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Un resultado electoral es un acontecimiento social a partir del cual pueden ensayarse interpretaciones que siempre serán parciales e incompletas y formular proyecciones de escenarios futuros siempre aleatorias. Las marcas del tiempo que nos toca vivir son la incertidumbre casi permanente, el imperio de lo inmediato, la disolución de lo sólido, la velocidad del cambio, entre otras, todo lo cual torna frágil y harto complejo cada intento de alcanzar las causas verdaderas de los sucesos en lo social. No obstante puede afirmarse, sin dudas, que se ha instalado en la Argentina un clima extendido de insatisfacción con lo institucional, con lo gubernamental y con la dirigencia en general provocado por realidades incuestionables y dolorosas: creciente pobreza, inflación altísima, pérdida adquisitiva de los ingresos, endeudamiento público y privado, deterioro de la educación, inseguridad frente al delito y un largo etcétera negativo que el grueso de la población lo atribuye exclusivamente a la ineptitud y la falta de ejemplaridad de sus dirigentes. Una serie de pasiones tristes como la bronca, el resentimiento por sentirse frustrados, la pérdida de confianza en casi todo y en casi todos, el desánimo y el convencimiento que no existe un futuro mejor ha ganado la mente de buena parte de la población que habita suelo argentino.
Este cuadro psico-social no es privativo de Argentina, se registra en muchos países de Occidente. Operan para la emergencia de esta situación fuerzas poderosas que están modelando a los sujetos y a las sociedades, entre ellas, el extremo individualismo potenciado y fomentado por las tecnologías de la comunicación e información, especialmente redes sociales, la extrema segmentación del cuerpo social, la primacía del capital financiero, la hiperconcentración de la riqueza y la desigualdad a la vista de los cientos de millones de perdedores del sistema, la desaparición del sentido de lo comunitario, la destrucción de toda autoridad y disciplina, la impotencia para controlar el rumbo de los acontecimientos y la caída de todos los relatos o narrativas alternativos a este presente que permitían ilusionarse por un mundo mejor. A ese contexto debe sumarse la irrupción de la pandemia, un fenómeno global total cuyas consecuencias sanitarias, psíquicas, políticas, sociales, etcétera, en la vida privada y colectiva de los individuos y familias todavía no se ha terminado de procesar pero que políticamente ha provocado la derrota de casi todos los gobiernos que tuvieron que gestionarla.
El 13 de agosto 11 millones de personas en condiciones de votar no concurrieron a las urnas y si a este número le sumamos el voto en blanco el resultado es que el ganador de las primarias, Javier Milei, solo obtuvo el apoyo del 21 por ciento del electorado, Juntos por el Cambio el 20 y Unión por la Patria el 19 por ciento. Claramente estamos ante un problema de escasa representatividad de cada espacio y un final abierto para octubre. El oficialismo, si logra mantener un mínimo control y no se produce una estampida cambiaria y bancaria que desate un proceso inflacionario, todavía tiene chances, frente a una coalición de Juntos al borde de la implosión por el coqueteo de Macri con Milei y viceversa, y ante los sobrados fundamentos para considerar la apuesta del líder del anarco-liberalismo un salto al abismo.
En el clima de época que algunos denominan "la ingobernabilidad permanente" se inscribe la fragmentación del poder político emergente de las elecciones que nos permite avizorar grandes dificultades para quienes tengan que gobernar desde diciembre para lograr consensos mínimos. El voto a favor de Milei es absolutamente emocional, no obstante y paradojalmente, su discurso es el más ideologizado. Está claro que Milei fue votado como el instrumento que encontró una parte importante de la sociedad argentina para expresar su enojo e insatisfacción, y se equivocarían mucho los dirigentes de los otros espacios si no tomaran en cuenta ese mensaje. Ahora, Milei, a diferencia de Menem (con el cual tiene varios rasgos parecidos, como por ejemplo, su mesianismo, su extravagancia y la sintonía con el deseo de reivindicación de millones de seres, pero también diferencias abismales, como por ejemplo, carecer de toda experiencia de gobierno y de una estructura política que lo respalde como la que acompañó al riojano), no engaña respecto de lo que haría si fuera gobierno; Menem llegó con la promesa del salariazo y la revolución productiva, Milei, en cambio, les dice a todos que viene a sepultar lo que queda del Estado de bienestar, terminar con lo que queda del patrimonio público, a entregar la soberanía monetaria definitivamente a través de la dolarización, avanzar con la apertura indiscriminada de la economía con su secuela de desindustrialización y desempleo, aniquilar el Mercosur, a terminar con las relaciones comerciales con Brasil y con China (interesante saber la opinión de nuestros productores sojeros y aceiteros), privatizar el Conicet, ajustar un 15 por ciento del PBI el gasto público (el FMI pide un ajuste del 4 por ciento ), entre otras propuestas absolutamente delirantes, y por supuesto, ya experimentadas en Argentina y que terminaron en un fracaso estrepitoso en 2001.
Pero se da esta peculiar realidad: quienes lo votaron piensan que peor que lo que están hoy, no van a estar y que mejor probar con alguien que todavía no gobernó a continuar con lo conocido. No tienen oídos para entender razones que demuestran palmariamente que las recetas de Milei ya fracasaron, que empíricamente está demostrado que provocarán más pobreza, desigualdad y atraso, porque es un voto puramente emocional, nacido de un sentimiento de hartazgo y desilusión.
Con tranquilidad, y sin reaccionar con actitudes agresivas, hay que dar el debate para demostrar que si se implementan los proyectos de Milei-Macri se estará mucho peor y que vale luchar por recuperar una idea que nos da identidad: la Argentina como un país soberano que a pesar de todos los problemas actuales volverá a ser una tierra donde los proyectos individuales puedan concretarse en el marco de la comunidad. Las sociedades no pueden quedar sometidas a las leyes del mercado; la mercantilización absoluta de la vida es el camino directo a la deshumanización y la ley de la selva. Detrás de Milei y sus propuestas acechan los fondos buitres y el capital financiero que vienen por Argentina y sus riquezas.
*Abogado, drigente peronista, exsenador provincial.













