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Alimentación saludable, algo más que un rótulo

La Ley de Promoción de la Alimentación Saludable, más conocida como Ley de Etiquetado Frontal, recientemente aprobada representa un importante avance en materia legislativa y coloca a Argentina en una posición que acompaña el camino que hace un tiempo comenzaron a transitar países que han ido a la vanguardia. Más...

13 de noviembre de 2021 a las 12:00 a. m.
Alimentación saludable, algo más que un rótulo

La Ley de Promoción de la Alimentación Saludable, más conocida como Ley de Etiquetado Frontal, recientemente aprobada representa un importante avance en materia legislativa y coloca a Argentina en una posición que acompaña el camino que hace un tiempo comenzaron a transitar países que han ido a la vanguardia. Más allá de los debates que se generaron, se trata de una norma que al implementarse aportará beneficios a la sociedad en su conjunto, y especialmente a las familias más vulnerables que según la segunda encuesta nacional de nutrición y salud son las que más problemas de salud desarrollan a causa de dificultades nutricionales.

Múltiples fueron las controversias y altisonantes las declaraciones que tiñeron el debate parlamentario, hasta que por fin la iniciativa logró la aprobación. Será tiempo ahora de avanzar en los aspectos reglamentarios que son los que finalmente trasladarán el texto de la norma a la práctica real y a los hábitos de consumo de la vida cotidiana. Con la aplicación de la ley, que va mucho más allá de la cuestión iconográfica de identificar a los alimentos por el exceso de determinadas sustancias que resultan nocivas para la salud, seguramente caerán mitos que hay en torno a este tema atravesado por diversos y complejos intereses.

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Los principales especialistas en nutrición e instituciones de prestigio como Unicef que trabajan históricamente en cuestiones vinculadas a la nutrición entienden que se trata de una ley necesaria para prevenir la malnutrición que acarrea severas consecuencias en la salud, fundamentalmente de niños y adolescentes.

 Sin embargo, todo hace suponer que no alcanzará con el texto de la norma y su reglamentación. Será necesario garantizar su cumplimiento, asegurar que lo que señala el etiquetado frontal de los alimentos sea información veraz; y que a nivel social se avance en un verdadero proceso de educación alimentaria. Porque la advertencia de los riesgos en sí misma no pareciera tener implicancia directa en el cambio de hábitos.

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Lo valioso de la ley es que hace eje en el valor de la información como elemento vital para la toma de decisiones, algo que a largo plazo puede tener implicancias en el modo en que una comunidad se alimenta y se nutre. 

Según la Organización Panamericana de la Salud, en los últimos años aumentó el consumo de alimentos y bebidas envasados no saludables, elaborados con una cantidad excesiva de azúcares, grasas y sodio, denominados ultraprocesados. Estos productos son el gran motor de una epidemia silenciosa: la malnutrición por exceso, que comprende el sobrepeso, la obesidad, y las enfermedades crónicas no transmisibles relacionadas con la alimentación, como la hipertensión arterial o la diabetes. Actualmente, Argentina tiene la tasa más alta de exceso de peso en menores de cinco años de América Latina. 

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Si a ello se le suma que, según Unicef, las brechas sociales de la obsesidad se incrementan según empeoran las condiciones socioeconómicas, abordar el tema de manera integral, resulta una cuestión urgente que parece no terminar con la sanción de la norma, sino más bien comenzar con ella.  

Contar con el rotulado frontal que posibilite identificar claramente los componentes que pueden resultar prejudiciales para la salud, en el tiempo seguramente tendrá impacto en la elección en términos nutricionales.

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En relación al argumento que esgrime que el rotulado frontal no tendrá incidencia en el cambio de la conducta alimentaria, lo cierto es que los especialistas señalan es que existe evidencia de que el sistema gráfico de octógonos negros es el más efectivo, rápido y directo para informar y orientar en la compra de alimentos más saludables y en desmotivar el consumo de productos con exceso de grasa, azúcares y sodio, también llamados nutrientes críticos. En este sentido, el rotulado frontal aparece como una medida costo-efectiva.

Ahora bien, el etiquetado frontal de alimentos es uno de los puntos principales de la Ley de Alimentación Saludable, pero no es el único.  Poner logos en los productos y demonizarlos con una ley de etiquetado frontal no va a resolver el bajo consumo de frutas y verduras.

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Trabajar con la industria alimentaria y acompañar los procesos de adaptación que deberán hacerse para adecuar la producción de alimentos al marco legal vigente será una enorme tarea del Estado. 

En materia de costos se sabe que inicialmente implicará modificar las etiquetas, sin embargo, hay evidencia que indica que cuando se modifican los hábitos de consumo, las propias empresas tienden a fabricar productos más saludables, lo que evitaría el costo que implica la modificación de un nuevo etiquetado. Mejorar los entornos alimentarios es parte de una tarea colectiva que abarca múltiples y diversificados aspectos. Y en este sentido, la sanción de la ley es un paso sustantivo que inicia un largo camino en la protección de derechos, pero también es una senda que exige fortalecer la educación social para que la mejora en la alimentación y en la salud pública sean algo más que la buena expresión de un deseo.

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